Haftara Devarim

Este shabat, el que antecede a Tishá beAv, se llama Shabat Jazón, por la haftará que leemos, tomada del libro de Ieshaiahu: “Jazón Ieshaiahu ben Amotz”, la visión de Isaías hijo de Amotz. No es una visión alegre. El profeta describe una sociedad en ruinas, no por enemigos externos, sino por fallas internas: corrupción, injusticia, rituales vacíos. Jerusalén, dice, se ha desviado de su camino y necesita despertar.

El vínculo con Tishá beAv es claro. No solo lloramos la destrucción del Bet Hamikdash, sino también todo lo que simboliza: la desconexión entre las personas, la falta de sensibilidad, la pérdida de propósito. La haftará funciona como un espejo: no solo nos cuenta qué salió mal hace miles de años, sino que nos invita a preguntarnos qué debemos reparar hoy.

Y aunque el tono es duro, hay algo profundamente esperanzador. Isaías no cancela al pueblo. Al contrario: lo interpela con fuerza porque cree en su capacidad de cambiar. Nos dice: “Aprendan a hacer el bien, busquen la justicia, defiendan al oprimido”. En otras palabras, hay camino, hay posibilidad de reconstrucción.

Shabat Jazón es, entonces, una invitación a mirar profundo: a la historia, a nuestra comunidad, a nosotros mismos. Que este Shabat, en el umbral de Tishá beAv, sea una oportunidad para transformar la visión en acción, y el duelo en compromiso.

Shabat shalom!

Haftara Matot Masei

Iermiahu es recordado como el profeta del “día del juicio final”. Tuvo la valentía de anunciar la destrucción del Beit HaMikdash, el centro espiritual del pueblo de Israel, en manos de los Babilonios. Por eso se lo llama Navi HaJurban, el profeta de la destrucción. Su compromiso con la verdad y con Di-s le costó caro: su propio pueblo lo encarceló y golpeó, pero él nunca los abandonó.

Lo increíble es que, en medio de tanta oscuridad, dejó dieciséis profecías de consuelo y redención, diciéndonos que incluso en los momentos más difíciles, la esperanza sigue viva.

Nació en Anatot, cerca de Ierushalaim, un Tishá BeAv, el día más triste de nuestro calendario, anticipando su misión. Venía de una familia de kohanim, y su padre también era profeta.

Vivió tiempos de crisis: las diez tribus del norte ya habían sido exiliadas, mientras en Ierushalaim muchos caían en idolatría y falsos profetas se presentaban como enviados del Kadosh Baruj Hu. El reino de Iehudá estaba atrapado entre Egipto y Babel.

Iermiahu se enfrentó a esta difícil realidad, a ideas que estaban lejos de la identidad del pueblo hebreo, y a los falsos profetas, intentando que la gente reconociera sus errores al hacer teshuvá para evitar la destrucción. Aunque parecía imposible, nos enseñó que incluso en la oscuridad debemos mantener nuestra conexión con lo sagrado, confiando en que siempre puede haber un nuevo comienzo.

Pero su historia me deja una pregunta: si sabía que su misión no tendría éxito, ¿por qué Di-s lo mandó? Hoy, que podemos ver la imagen completa, entendemos que los resultados de nuestras acciones no siempre se ven al instante. Lo que nuestras palabras y acciones siembran hoy puede florecer mañana, como lo hace Israel desde hace más de 77 años.

Cuando se destruyó el Beit HaMikdash, muchos dudaron de su fe y de su futuro.

Pero Iermiahu ya había profetizado todo, mostrándonos que había un propósito más grande. Sus palabras ayudaron a que, con el tiempo, Am Israel regresara a Eretz Israel y construyera la sociedad que hoy seguimos forjando en nuestra tierra sagrada.

Hoy su mensaje sigue más vivo que nunca: cada paso, cada valor y cada acción con integridad construyen futuro. Nosotros también podemos plantar para el mañana , para los qué vendran despues de nosotros y así ser parte de algo más grande, fortaleciendo nuestra comunidad, nuestra identidad y nuestro compromiso con Israel y con el mundo que queremos construir.

Shabat Shalom
Sem. Mati Bomse

Parasha Matot Masei

Llegar a la meta es también dar comienzo a un nuevo ciclo. Esto es lo que ocurre cuando llega Rosh Jodesh —nuevo mes—, volvemos a contar desde uno. Es una nueva chance para volver a empezar. Esta semana cerramos el cuarto libro de la Torá, Bamidbar -Números- y lo hacemos con la lectura de dos parashiot unidas, Matot y Masei (Tribus y Viajes).

El relato es fascinante. No solo repasa el recorrido por el desierto, sino que establece los compromisos y las decisiones que deberán asumir las tribus de Israel al entrar a la Tierra Prometida. Como cada año, este cierre se acerca a Tishá BeAv, el día más triste de nuestro calendario, que coincide esta vez con Rosh Jodesh Av. Un mes cargado de memoria, duelo, preguntas abiertas y también de esperanza.

Todo gira en torno al compromiso con la palabra, como símbolo de fidelidad. En la parashá Matot leemos: “…Cuando un hombre haga un voto al Eterno o haga un juramento… no profanará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca…”  Bamidbar -Números- 30:3.

Al final de cuentas, la sola palabra debe ser garantía de todo cuanto decimos. Es sagrada. Es un compromiso moral. Como pueblo, hicimos votos. Prometimos cuidar la vida, proteger a los nuestros y no callar ante la injusticia. No podemos permitir que esas promesas se evaporen, cual vapor de agua, reescribiéndose o negándose.

Nuestra palabra, como nuestra historia, no puede ser profanada ni olvidada. Debe recordarse y ser honrada.

Es el mismo pacto que hicieron las tribus de Reuvén, Gad y la mitad de Menashé. Ellos pidieron establecerse fuera de la Tierra Prometida y Moshe aceptó, pero bajo una condición muy clara, si sus hermanos estaban en peligro, irían a luchar junto a ellos. “…Nosotros construiremos corrales para nuestro ganado y ciudades para nuestros niños…” ”…Luego iremos listos al combate delante de los hijos de Israel hasta que los hayamos llevado a su lugar…”  (Bamidbar -Números- 32:16-17).

En Masei se enumera el itinerario completo del pueblo desde que salieron de Egipto. Cada parada tiene un nombre, una historia. “…Estas son las jornadas de los hijos de Israel…” (Bamidbar  -Números- 33:1).

Porque cada paso, deja una huella indeleble y si no recordamos nuestro origen, corremos el riesgo de repetir los mismos errores. Al cierre de esta parashá, las hijas de Tzlofjad, son las que reclaman tierra en nombre de su padre. “…Que no se borre el nombre de nuestro padre por no tener hijo…” (Bamidbar -Números- 27:4) Ellas piden un lugar. No por rebeldía, sino por justicia.

Varias son las enseñanzas que nos dejan estas parashiot y hoy tienen más vigencia que nunca.

En un mundo dominado por la tecnología y la información instantánea, nos estamos olvidando de hablar con buena intención, de escuchar con atención, de usar la palabra como puente y no como arma.

Este Shabat, recordemos al mundo que somos un pueblo que no se calla, que tiene memoria, que defiende a sus hermanos sin importar dónde estén ni quiénes sean. Por eso, no importa en qué lugar del mundo te encuentres. Este Shabat y este Rosh Jodesh, que sea el comienzo de un nuevo ciclo, uno en el que renueves tus fuerzas, tus palabras, tu compromiso con la vida. Y que esa paz que tanto anhelamos, la que solo Él puede dar, empiece en tu voz, en tus actos, en tu corazón.

Shabat Shalom uMevoraj.
Susy Lapilover

Bring Them Home Now
Am Israel Jai

Haftara Pinjas

El joven Irmeiahu es llamado por una suave voz, desde las profundidades del misterio.

¨ Mira te he nombrado hoy sobre las naciones y sobre los reinos para derrumbar, destruir y demoler, para construir y para sembrar ¨ Irmeiahu 1: 10.

Irmeiahu es convocado a ser portador de la palabra de d´os, la suave voz de Hashem le anuncia ¨Te conocí antes que te formarás en el vientre. Y antes de que emergieres del vientre materno, te santifique y te designé profeta de las naciones¨ Irmeiahu 1:5.

¿Es quizá , que a cada uno de nosotros Hashem nos designa y convoca?
¿Acaso Hashem nos conoce y nos comunica la misión asignada?
¿Es posible pensar que cada ser y que cada pueblo tiene su misión particular dentro de un orden total y eterno?

¿Somos capaces de silenciarnos del parloteo en el que nos perdemos, para escuchar esa suave voz que grita desde las profundidades del ser?

Irmeiahu escuchó y necesito mucho valor para comprometerse con aquel suave susurro atronador.

Era joven, sentía angustia ante tanta revelación, temía y dudaba, le faltaba confianza en sí mismo.

La suave voz le anuncio…¨no tengas miedo de lo contrario, te quebraré ante ellos¨ Irmeiahu1: 17.

¨mira te hecho una ciudad fortificada¨ Irmeiahu 1: 18.

¨Ellos lucharán contra ti pero no te vencerán, pues YO estoy contigo.¨ Irmeiáhu 1 : 18

El mensaje fue entonces claro y contundente, Irmeiahu debía salir a ser quien era y decir las palabras que Hashem pondría en su boca, era el Profeta de ese tiempo.

El Profeta recorría las calles de Ierushalaim recordando al pueblo sobre aquellos otros tiempos, en que vivieron unidos a los principios de la Torá como un novio a su novia amada y les advertía sobre las dolorosas consecuencias y las amarguras que vendrían , si Israel no retornaba a ese tiempo de unión con d´os, como cuando nada tenían y todo estaba por hacerse.

Irmeiahu caminaba por las calles de Jerusalem, sostenido por la fuerza de Hashem y con las palabras que A Kadosh Baruj Hu puso en sus labios, con la esperanza de lograr un cambio y no se cumpliera dramática profecía de la que alguna vez visionó ¨ la destrucción vendrá del norte, vendrán e instalaran sus tronos en la entrada de las puertas de Jerusalem¨ Irmeiahu 1:15, sin embargo el pueblo no creyó y hasta se opusieron a sus palabras, ¨pero d´os esta junto al profeta lo fortifica y lo salva una y otra vez ayudándolo su misión¨. Irmeiahu 1: 19

El profeta alzaba su voz para que el pueblo se despierte y vuelva al camino de Torá y Mitzvot , y para eso anunciaba su otra visión,´´… de una rama de almendro que brota prontamente¨ Irmeiahu 1: 11 símbolo de la pronta respuesta de Hashem en bien, si el pueblo retomaba el sendero de los valores y la fe de Israel.

A pesar de los esfuerzos del profeta, en él año 586 (antes de la era común) Ierushalaim y el Beit a Mikdash fueron destruidos.

Irmeiahu fue testigo de mucha muerte y de una dolorosa destrucción total.

Su alma se llenó de amargura, como las letras que formaban parte de su nombre MAR (en hebreo amargo).

Todo estaba perdido, Ierushalaim se convirtió en ruinas y en un refugio de chacales. A veces también sucede esto en nuestras vidas y en nuestras almas.

Sin embargo, en medio de la destrucción, Irmeiahu sonrió y se regocijó sabiendo de aquella otra revelación que se le comunica al visionar la rama de Almendro ¨ Hashem me dijo, yo soy diligente en cumplir Mi palabra¨ Irmeahu 1: 12.

El profeta comprendió el mensaje y vivió en esperanza en medio de la tragedia al visionar la futura corrección, un Tikun individual y colectivo, de un pueblo que nuevamente estará en unidad mutua y con  d´os. Entonces una vez más Ierushalaim y El Templo serán construidos.

En nuestras vidas personales y como comunidad en más de una oportunidad pasamos por destrucciones. Hoy como ayer necesitamos identificar y aceptar esos momentos de aniquilación con responsabilidad y autoindagación. Somos parte de lo que nos acontece.

Ierushalaim tuvo que renacer de entre sus cenizas y ser otra, rectificada y nueva.

En nuestros procesos personales y colectivos es probable que también necesitemos renacer y refundarnos.

Para tan exigente tarea hemos necesitado y necesitaremos fuerzas extraordinarias y como el profeta, entregarnos a la confianza en algo más grande.

Quizá como individuos y como pueblo hoy necesitemos intentar escuchar esa voz suave que susurra dentro nuestro , en que se nos anuncia como a Irmeiahu, que tenemos una misión, que estaremos guiados y amparados por a Kadosh Bruj Hú para cumplirla.

La suave voz de Dios le dijo al profeta ´´Mira te he nombrado hoy sobre las naciones y sobre los reinos para arrancar, derrumbar, destruir y demoler, para construir y para plantar¨ Irmeiahu 1 : 10

Quiera Hashem que en cada miembro de nuestro pueblo se revele esa suave voz que llama a la misión y le da sentido a nuestras vidas, por difícil que a veces se sienta.

Que sepamos ver como Irmeiahu, en tiempos de angosturas (ben ha metzarim) la esperanza de volver a construir y plantar, para que nazcan nuevos brotes presurosos, como los del almendro y al mismo tiempo, que tanto en nuestras historias personales como en las colectivas estemos conducidos y llevados por el brazo fuerte de a Kadosh Baruj Hu.

Shabat Shalom Umeboraj
Daliah Ruth Faingold
Tamuz 5786

Parasha Pinjas

La parashá de esta semana, Pinjás, comienza con un episodio que no deja de incomodar: Pinjás, nieto del sacerdote Aharón, actúa con violencia y mata a un hombre israelita junto a una mujer midianita en medio del campamento. Sorprendentemente, Dios no solo no lo reprende, sino que le otorga un pacto de paz y lo recompensa con el sacerdocio eterno.

¿Cómo podemos entender que una acción tan drástica sea respondida con un “pacto de paz”? ¿No es eso una contradicción? La tradición judía no pasa por alto esta tensión. Algunos sabios interpretan que, en ese contexto específico, la acción de Pinjás detuvo una espiral de transgresión y caos que amenazaba al pueblo. Otros, en cambio, advierten sobre los peligros del fanatismo, incluso cuando se lo justifica en nombre de Dios.

Quizás el mensaje más profundo que nos deja la Torá es que la verdadera intención detrás de una acción importa tanto como la acción misma. Pinjás no actuó por odio, sino por un deseo sincero de proteger la santidad del pueblo. Pero al mismo tiempo, el pacto que recibe es de shalom, paz, como una señal de que el ideal último no es la violencia, sino la reconciliación y la armonía.

La parashá también incluye otros momentos significativos, como la historia de las hijas de Tzelofjad, quienes reclaman su derecho a heredar la tierra con respeto, firmeza y sin recurrir a la confrontación. Su valentía representa otra forma de liderazgo: el que transforma las normas con justicia y dignidad.

Entre el celo y la justicia, entre la pasión y la paz, Pinjás nos desafía a reflexionar sobre cómo actuamos frente a lo que consideramos injusto. ¿Lo hacemos desde la destrucción o desde la construcción? ¿Desde el enojo o desde el compromiso por un mundo más justo y sagrado?

Shabat Shalom!

Haftara Balak

Esta semana, en la parashá Balak, leemos la haftará del profeta Miqueas. Para ponerlo en contexto,  vivió en el siglo VIII antes de la era común y fue testigo de la caída del Reino del Norte de Israel a manos del Imperio Asirio.

Fue en esos tiempos cuando el pueblo había cruzado todos los límites.

La corrupción de los jueces, la idolatría y las ofrendas sin sentido habían desviado el rumbo.

El profeta habla en nombre de D’s y les recuerda que, gracias al Kadosh BarujHu, en la época de Moshé, Aarón y Miriam, se produjo la salida de Egipto. También rememora los cuarenta años de travesía por el desierto y la intención de Balak de maldecir al pueblo, frustrada por las bendiciones de Bilam.

“…Escuchen lo que dice el Eterno: ¡Levántate, disputa con los montes, y que oigan tu voz los callados!…” (Miqueas 6:1)

Este versículo expresa que el reclamo de D’s no se dirige a jueces humanos, sino a las montañas, testigos eternos del pacto entre Él e Israel. No se trata de una simple queja, sino de un profundo llamado a la conciencia.

La protección divina no es un cheque en blanco. El profeta denuncia la hipocresía de una religiosidad vacía de contenido.

“…Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno, y lo que el Señor demanda de ti: hacer justicia, amar la misericordia y andar con recato con tu D’s….” (Miqueas 6:8)

Este versículo no solo condensa la esencia de la moral, sino que hoy resuena con una urgencia renovada. En un mundo atravesado por el odio, la desinformación y el sufrimiento de tantos inocentes, la palabra profética irrumpe con claridad: actuar con justicia, no con indiferencia; con misericordia, no con cálculo; con humildad, no con soberbia.

Aunque esta haftará fue escrita hace siglos, es un espejo de lo que vivimos hoy. Nos invita a mirarnos como individuos y como pueblo.

¿Recordamos de dónde venimos? y si ¿Vivimos conforme a lo que creemos? ¿Somos capaces de transformar las bendiciones recibidas en actos concretos de reparación, solidaridad y dignidad?

Que este Shabat nos inspire a tomar las palabras del profeta Miqueas como una guía viva: que la justicia no sea un lema, sino una acción; que la misericordia no sea debilidad, sino fuerza interior; y que la humildad no sea resignación, sino el coraje de caminar con D’s, reconociendo nuestros límites y también nuestras responsabilidades.

Susy Lapilover

Shabat Shalom.
Bring Them Home Now
Am Israel Jai