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Parashat Vaigash

Esta semana tenemos una situación que es hermosamente teatral.

Iosef está frente a sus hermanos, se va trás bambalinas, luego sale, llora y les confiesa: “Yo soy Iosef” (Bereshit 45:3); al segundo les dice más: “Iosef, vuestro hermano, el que habéis vendido a Egipto” (Bereshit 45:4). Ahí no más, los hermanos medio que se quedan un poquito duros (podemos entender por qué, imagínate tener que enfrentar a quien vendiste y quisiste limpiar). Parece que Iosef venía trabajando estos temas en terapia y les dice: “No os entristezcáis ni se encienda vuestro furor contra vosotros mismos” (Bereshit 45:5). Básicamente les dijo que lo pasado, pisado, que todo más que bien, que está bien piola, que D´s lo puso acá y todo marcha de mil.

Como destaca el Rab Sacks Z¨L, es muy diferente a lo que les dice hace unas semanas: “Pues robar he sido robado de la tierra de los hebreos y tampoco aquí nada he hecho para que me hayan puesto en la mazamorra” (Bereshit 40:15).

Básicamente plantea que ahora que le va genial y que está todo buenísimo, lo que le sucede es parte de un plan divino pero en la cárcel, se hizo el sota. Pero no se trata de ser tan duros con nuestro amigo, si no de poder ver juntos lo qué pasó: hacer un entendimiento de su historia para entendernos mejor.
No podemos modificar el pasado pero sí el futuro. A veces no podemos comprender lo que nos está pasando en el presente hasta que miramos hacia atrás y vemos cómo resultó todo. Es decir que no somos cautivos del pasado, hay cosas que nos pueden ocurrir, quizá no tan drásticas como las que le sucedieron a losef, que pueden cambiar por completo nuestra forma de mirar hacia atrás y recordar. Si actuamos y resignificamos, podemos redimir el pasado.

No podemos cambiar el pasado pero lo podemos reinterpretar para mirar diferente nuestro hoy. Esta es una de las bases del judaísmo a través de toda su historia; los profetas reinterpretan la narrativa bíblica de acuerdo a su época. Casi que no hubo generación en la que los judíos no reinterpretaran los textos a la luz de la experiencia del tiempo presente.

Somos un pueblo que cuenta historias y después las repite, cada vez con un énfasis sutilmente diferente para establecer la conexión entre el entonces y el ahora. El presente modela nuestra comprensión del pasado para que podamos vivir de manera positiva en nuestras vidas.
Cómo escribamos el próximo capítulo de nuestra vida afecta a todos los anteriores y por la acción del futuro, podemos redimir muchas de las penas del pasado.

¡Shabat Shalom!
Wally Liebhaber

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