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Parashat Truma

¿Dónde habita D-s?

Luego de la majestuosa entrega de la Tora, del impacto de esta acción sobre todo el pueblo, comienza esta parashá con una orden concreta: construir el tabernáculo. Ese espacio sagrado donde va a ocurrir el encuentro cotidiano entre D-s e Israel.

Comienza a describirse en esta porción, minuciosamente cómo estará dispuesto, sus medidas, sus materiales, quienes serán sus encargados, cómo y con qué deberán vestirse quienes ingresen en él. Nada está  librado al azar. También queda claro que todo lo necesario para esa construcción deberá  provenir del mismo pueblo; de un gesto que tenga una Kavana, una intención profunda proveniente del corazón de la gente. Esta especificación inicial, nos muestra que nada sagrado puede construirse si no surge de un sentimiento verdadero, desinteresado y profundo que venga del corazón.

Y a partir de esta primera condición es que comenzará a planificarse y construirse una casa para D-s. Siempre me resulta extraño pensar que D-s necesita una casa. Un lugar donde morar. D-s habita en todo y en todos, entonces ¿por qué tanta dedicación en esta construcción?

Tal vez una de las respuestas a esta pregunta está dentro del mismo versículo de la orden:

Ve’asulimikdashveshajantibetojam“
Y me harán un santuario, y Yo habitaré en medio de ellos”(25.8)

Comienza con una acción. La Tora fue entregada pero la construcción de un espacio sagrado implica un trabajo humano, depende de una tarea minuciosa, consciente, con origen en el corazón.

Nuestros sabios van más profundo en este versículo. Enfatizan en la importancia de las acciones,  llaman “el gran trabajo” a la tarea necesaria para la construcción de algo valioso. Pero descubren que no se trata de un lugar físico, valiéndose del final del versículo. Si se estuviera refiriendo a un espacio delimitado diría que la Shejina, la divina presencia, descansaría Be tojo, en su interior.  En cambio, dice Betojam, entre ustedes.

D-s manifiesta su presencia en las acciones de los seres humanos que lo aman.

La presencia divina, no se limita a un espacio determinado, se irradia a través de nuestros actos, de la intención que le pongamos a nuestro trabajo interior y exterior.

¿Dónde vamos a sentir la presencia divina? Allí, donde nuestras acciones reflejen la misericordia y la justicia de D-s.

Es en nuestros actos cotidianos, de respeto, cuidado, mitzvot, solidaridad, valores donde creamos el espacio sagrado donde lo divino se manifiesta.

El Mishkan, era móvil en el desierto y así lo fue durante quinientos años hasta la construcción del primer templo. Otra muestra de que no es un lugar determinado el que otorga santidad, sino el vínculo, todo lo que cada uno haga, otorgue, para transformar ese lugar en santo, siguiendo ciertas reglas e involucrando al corazón en cada momento.

De nosotros depende transformar nuestros espacios en kedoshim, sagrados, a través de nuestras acciones y entonces generar esa estructura donde la presencia de D-s, la Shejina, se posa e irradia al mundo. 

¡Shabat Shalom!
Grace Cobe

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Iamim Noraim
2022-5783

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