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Parasha Matot-Masei

¿Cuándo un viaje deja de ser un traslado y se convierte en un camino?

Las últimas dos parashiot del libro de Bamidbar nos encuentran mirando hacia adelante. El pueblo ya puede divisar la Tierra Prometida. Después de cuarenta años de desierto, el final parece cercano. Y, sin embargo, la Torá decide detenerse.

En Parashat Masei aparece una larga lista de las cuarenta y dos estaciones que recorrió el pueblo desde la salida de Egipto. A simple vista parece un listado técnico de lugares. Pero los sabios preguntan: ¿por qué volver sobre cada una de esas paradas cuando el viaje ya terminó?

Porque la vida no se comprende solamente hacia adelante. También necesita ser mirada hacia atrás.

Cada estación recuerda que el crecimiento nunca fue lineal. Hubo momentos de entusiasmo y momentos de cansancio. Lugares donde el pueblo cantó y lugares donde protestó. Sitios donde encontró agua y otros donde experimentó la sed. Espacios de emuná y espacios de duda. Y, sin embargo, todos esos lugares forman parte del mismo camino.

Muchas veces sentimos que sólo cuentan nuestros logros. Que lo importante es llegar. Pero la Torá nos enseña otra cosa: El Kadosh Baruj Hú no recuerda únicamente el destino; recuerda cada paso.

Quizás por eso la otra parashá, Matot, comienza hablando de la fuerza de la palabra, nuestras promesas y juramentos. Porque nuestros compromisos crean dirección. Lo que decimos acerca de nuestra vida termina moldeando el camino que recorremos.

Una persona que vive sin propósito simplemente se mueve. Una persona que vive fiel a sus valores transforma cada paso, incluso los más difíciles, en parte de su crecimiento.

Al terminar Bamidbar, antes de ingresar a una nueva etapa, la Torá nos invita a hacer nuestro propio Masei: detenernos un instante y recorrer el mapa de nuestra vida. ¿Cuáles fueron las estaciones que más nos enseñaron?

¿Qué desiertos hoy podemos agradecer? ¿Qué experiencias, incluso las dolorosas, nos prepararon para ser quienes somos?

Tal vez descubramos que la Shejiná estuvo presente no sólo en los grandes milagros, sino también en aquellas paradas donde, en ese momento, creíamos que nada estaba ocurriendo. Porque si algo aprendimos es que la santidad no consiste únicamente en llegar a destino, consiste en aprender a reconocer que cada estación del camino tuvo un sentido.

Shabat Shalom
Rab Sarina Vitas

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Iamim Noraim
2022-5783

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