
En esta Haftará seguimos escuchando palabras de consuelo, pero el tono cambia un poco: ya no es solo ternura, también hay un llamado a despertar, a reaccionar, a no dejarse vencer por el miedo.
El profeta le habla a un pueblo golpeado por el tiempo y por la historia. Gente que se acostumbró a sufrir, a bajar la mirada, a vivir como si nada pudiera cambiar. Y les dice: “¿Quién eres tú para temer al ser humano, que es como la hierba?” Es una pregunta que atraviesa siglos y llega hasta hoy.
Hay momentos en la vida en los que sentimos que estamos a merced de fuerzas que no controlamos: situaciones externas, decisiones de otros, temores que se nos cuelan sin permiso. La Haftará nos invita a no quedar paralizados. A no definirnos por lo que nos pasó, sino por lo que todavía podemos construir.
Uno de los pasajes más fuertes es cuando dice: “¡Despierta, despierta, vístete de fuerza!” Es una invitación a volver a pararse con dignidad. A reencontrar lo propio. No se trata de negar lo vivido, sino de elegir no quedarse dormido dentro del dolor.
Y quizás lo más importante: este despertar no es individual. Es colectivo. Porque el consuelo, como el miedo, también se contagia. Cuando una persona recupera la esperanza, puede ayudar a que otros también levanten la cabeza.
Esta Haftará no es solo poesía antigua. Es un llamado actual. A recordarnos que no estamos destinados a ser víctimas eternas, sino protagonistas de lo que viene.
Shabat Shalom!
Sem. Martin Smith