La Haftará de esta semana está dentro del libro de “Shmuel Bet” y nos regala una de las imágenes más hermosas del Tanaj, rey David bailando con todas sus fuerzas frente al Arca. No baila como rey, sino como un ser humano sin etiquetas. Se deshace de su dignidad externa para expresar una alegría profunda y genuina frente la presencia del Kadosh Baruj Hu. En ese gesto, David nos enseña que la verdadera espiritualidad no nace de la formalidad, sino de la autenticidad.
Mijal, su esposa, lo desprecia al verlo, incapaz de entender esa entrega. Para ella un rey tiene que cuidar la compostura, para David, el encuentro con lo sagrado te pide verdad interior.Este contraste nos habla de una tensión profundamente humana y es la de vivir pendientes de la mirada ajena por lo que “deberíamos ser” o animarnos a transformarnos en quienes realmente somos frente a Dios y frente a la vida.
¿Cuántas veces dejamos de “bailar” por miedo al qué dirán? ¿Cuántas veces reprimimos lo que sentimos por sostener una imagen?
La Haftará nos dice que la conexión con lo trascendente sucede cuando nos permitimos ser auténticos, sin máscaras ni apariencias. La Emuná, la fé, como la alegría, no se actúa se vive de verdad.
Tal vez el mensaje de este Shabat posterior a Pesaj nos hable de que la verdadera libertad es animarnos a bailar con nuestra propia vida, sabiendo que cuando el corazón se abre con sinceridad, la Shejiná encuentra un lugar donde habitar.
Shabat Shalom
Sem Mati Bomse
