Con mucha alegría, recibimos a estudiantes del Colegio Salesiano León XIII en un espacio de diálogo interreligioso y aprendizaje compartido.
Continue readingParasha Naso
PARASHA NaSó – נשא
BaMidbar (Números) 4:21-7:89
La parashá Nasó sucede el día de la inauguración del Mishkan (Tabernáculo). La energía de esta semana contiene y ofrece todo lo que describe esta Parashá. Entre ellos, encontramos una de las plegarias más antiguas del mundo que aún se enuncia en la actualidad: la bendición sacerdotal (BIRKAT HAKOHANIM), la oración y bendición que recitan los padres a sus hijos.
Esta parashá aparenta ser desarrollar temas inconexos. Primero, aparece un relato de las familias levíticas de Gershon y Merari y su responsabilidad en el transporte de las partes del Tabernáculo cada vez que emprendían la travesía. Luego, dos breves leyes sobre la remoción de personas impuras del campamento y sobre su restitución. Después, aparece el extraño procedimiento de la sotá, la mujer cuestionada y sospechada por su esposo de haber cometido adulterio, situación en la que a un marido le “ingresa” un espíritu de “celos”.
Luego viene la ley del nazir, la persona que voluntariamente, y generalmente por un tiempo determinado, asumía sobre sí restricciones especiales de santidad, como renunciar al vino y derivados de la uva, a cortarse el pelo y evitar la impurificación causada por el contacto con cadáveres.
La sección más extensa de esta Parashá –que dicho sea de paso, es la sección semanal más extensa de la Torá– describe la inauguración del Tabernáculo, y las ofrendas voluntarias que los líderes de cada tribu trajeron en el momento de su dedicación. Cada príncipe de las tribus presentó ofrendas idénticas. En forma inexplicablemente reiterada, se narra el detalle de los obsequios traídos por cada uno para ser dedicados al Tabernáculo (Mishkan): una larga serie de doce párrafos repetidos no menos de doce veces ya que todos los príncipes aportaron ofrendas idénticas.
¿Por qué la Torá destina tanto tiempo a describir un evento que podría haberse desarrollado más brevemente, nombrando los príncipes y después contándonos genéricamente que cada uno aportó una bandeja de plata, un recipiente de plata, y así sucesivamente? Pero la pregunta que supera a las demás es: ¿dónde está la lógica en detallar esta serie de hechos aparentemente desconectados entre sí? ¿Será que la sumatoria de las partes hace al total? ¿Será que es lo particular de cada uno lo que hace a la unidad?¿Será que la unidad no radica en que seamos todos iguales, sino en que seamos todos distintos?
La unidad sin duda es la sumatoria de la partes… y sobre eso trabajamos.
Los límites y las separaciones las genera cada uno, y la UNIDAD también.
DISFRUTEMOS, que TODOS Juguemos en este JUEGO DE LA VIDA. Cambiar la simple idea de percibir el mundo desde un lugar individual y egoísta.
Si hay algo en nuestra vida que nos trae sufrimiento, o no nos está permitiendo avanzar, es porque NO ESTAMOS PERMITIENDO QUE TODOS JUEGUEN, y porque queremos ser EL ÚNICO que gana.
El placer, el aprendizaje, el crecimiento, están simplemente en participar, en JUGAR… TODOS JUNTOS.
Shabat Shalom Umeboraj.
Silvia Dvoskin
Haftara Naso
La haftará de Parashat Nasó (Jueces 13: 2-25) suele quedar marcada por la figura de Shimshón, pero hay un detalle mucho más humano en la historia que a veces pasa desapercibido.
El ángel le anuncia a la mamá de Shimshón que va a tener un hijo especial. Y, sin embargo, ella no entiende todo. Tiene dudas. Va, vuelve, pregunta otra vez qué tiene que hacer. Y eso es interesante. Porque muchas veces pensamos que la fe significa tener todo claro. Pero la haftará muestra lo contrario.
Hay personas creyentes que igual viven con preguntas. Personas espirituales que no entienden siempre lo que les pasa. Y la historia no presenta eso como un defecto. Al contrario: la historia empieza ahí.
La madre de Shimshón no tenía todas las respuestas, pero igual siguió adelante. Y quizá ahí hay una enseñanza muy profunda: no hace falta entender todo para empezar algo importante.
Muchas de las cosas más grandes de la vida funcionan así. Un hijo, una pareja, una comunidad, un proyecto. Nunca sabemos exactamente cómo va a terminar todo. Si uno esperara certezas absolutas, probablemente no haría nada.
Tal vez la verdadera emuná no sea vivir sin preguntas, sino tener el coraje de seguir caminando incluso con algunas dudas.
Sem. Martín Smith
Visita al Museo de la Shoá junto al Club Atlético River Plate
Nuestro Seminarista Matías Bomse participó, en representación de Amijai, de una visita al Museo de la Shoá, en el marco de un espacio de diálogo interreligioso impulsado por el Club Atlético River Plate.
Continue readingShabat junto a BBYO Argentina
Nuestro Seminarista Matías Bomse participó del Kabalat Shabat realizado junto a BBYO Argentina en Haatzmá.
Continue readingParasha Shavuot II
Shavuot: La festividad de la entrega de la Torá
Una mochila que en lugar de pesar, equilibra
Shavuot es uno de mis momentos favoritos del año; es la festividad donde literalmente “cargo nafta” espiritual para seguir adelante.
Al reflexionar sobre esta época, siempre me detengo en el concepto de que una persona debe asemejarse a un desierto (midbar) para recibir la Torá, una enseñanza central en el pensamiento rabínico, donde nuestros Sabios utilizan este simbolismo para transmitir que la adquisición de la sabiduría divina requiere de humildad, la anulación del ego y el estado de hefker, es decir, aquello que no tiene dueño privado y está disponible para todos. El Talmud realiza una hermosa exégesis de los viajes del pueblo de Israel jugando con las palabras hebreas midbar (desierto) y mataná (regalo). La lección es clara: si una persona se hace a sí misma como este desierto, que es hefker, la Torá le es entregada como un regalo.
En mi día a día como educador, ya sea cuando preparo mis clases, planifico cómo hacer una idea más accesible, o cuando acompaño el crecimiento de mis estudiantes a lo largo de los años, veo este principio en acción profunda. El desierto no pertenece a ninguna tribu ni a ninguna nación; ser como un desierto significa reconocer que el conocimiento de la Torá no es propiedad privada y uno debe estar dispuesto a compartirlo con los demás. Por eso la Torá fue dada públicamente, en un lugar abierto, para que todo el que desee aceptarla pueda acercarse y hacerlo.
Sin embargo, esto plantea una paradoja que aborda el Rab Dessler: respecto al ser humano limitado, con una comprensión mental finita, ¿cómo es posible que la persona adquiera la Torá eterna e ilimitada?. A nosotros nos corresponde reconocer que la posibilidad de recibir la Torá aquí abajo es solamente como un regalo, un verdadero milagro proveniente del Kadosh Baruj Hú. Y, al mismo tiempo, aprendemos que la Torá fue entregada justamente dentro de la limitación del ser humano para ayudar a la persona a derrotar y superar esas mismas limitaciones. Para lograr esto necesitamos humildad (anavá), pero no debemos confundirla con la falta de autoestima. El humilde no es una persona carente de respeto propio, por el contrario, reconoce su propia dignidad y entiende que su vida sobre la faz de la tierra es una vida de misión. Quien es verdaderamente humilde se presenta a esta misión listo y preparado con toda la fuerza de su presteza, diciendo “Hineni” (Heme aquí), poniendo todas sus fuerzas al servicio de su tarea. Este humilde está muy lejos de ser una persona vacía o sin carácter; conoce su valor, pero está entregado por completo a su misión.
En este camino de asumir nuestro rol y pararnos frente a los demás, a veces nos enfrentamos a lo que hoy llamamos el “Síndrome del impostor”. Es esa brecha entre los pensamientos que uno tiene sobre sí mismo y el respeto excesivo que a veces nos profesa el entorno, haciéndonos sentir como si fuéramos falsos o llevados “en andas” de una simpatía que no merecemos.
Para lidiar con esto, quiero cerrar con un consejo hermoso del Rab Kook, transmitido por el Rab Jaim Sabato. La recomendación es la siguiente: a donde quiera que vayas, ve con una mochila en la espalda. Cuando te den un halago exagerado, no lo metas directamente en el corazón, pero tampoco lo rechaces; simplemente mételo en la mochila. A veces la vida te deparará insultos, que probablemente también serán exagerados, pero tendrás menos control sobre ellos y entrarán directo a tu corazón. Justo en ese momento, es la hora de abrir tu mochila, sacar el halago que guardaste allí, y meterlo en el corazón para equilibrar.
La Torá busca un equilibrio en nosotros, la receta justa que necesitas para sintonizar con tu espiritualidad judía la vas a ir buscando y aprendiendo. Es parte de este camino que hacemos juntos en comunidad. Es parte de tu misión en el mundo.
¡Jag Shavuot Sameaj!
Rab Meir Szames
La Ieshive
Haftara Shavuot II
Jabacuc 2- 20 , 3 -1, 3- 19
Jabacuc vivió en momentos de decadencia espiritual y moral de Bnei Israel y vio en el horizonte la creciente y brutal amenaza de Babilonia.
El alma del profeta clamó ¡Ha Kadosh Baruj Hú, ten misericordia para tu pueblo!
En su pesar preguntó ¨¿…por qué el tiempo que yo tenía asignado para mi descanso, será un tiempo de desgracia pues vendrá un pueblo con sus tropas?¨ (Jabacuc 3.16 ). El profeta, en crisis, como nosotros hoy, se preguntó ¿Hasta cuándo, tanto sufrimiento?
Angustiado por el aparente silencio de Ha Kadosh Baruj Hú, Jabacuc luchó en su interior, y vigilante de sí, anheló percibir sólo la bondad, a pesar de las tragedias.
Evocó en su alma la luz con que Ha Kadosh Baruj Hú iluminó el Sinaí y entregó sus mandamientos a Bnei Israel.
En su desesperación, le recordó al Ha Kadosh Baruj Hú que Israel fue el único pueblo que acepto su Tora mientras que todos los otros pueblos la rechazaron.
Jabacuc luchó consigo mismo, al no entender los caminos de Ha Kadosh Baruj Hú y aún así se mantuvo unido y en tenso diálogo, suplicando por la protección de Bnei Israel.
El proceso espiritual que vivenció fue completo.
Desde el grito de clamor a la escucha.
De la confusión a la visión.
Del miedo a la confianza, para trascender su oscuridad y finalmente con arrepentimiento y humildad pronunció “porque la higuera no florecerá, y la vid no dará uvas y los olivares declinarán su producción…” Jabacuc 3, 17 “Pero yo me alegraré en Ha Kadosh Baruj Hú … ” Habacuc 3 18…¨Ha Kadosh Baruj Hú es el amo de mi fuerza. Hace que mis piernas sean ligeras como las del ciervo y me guíe sobre mis alturas¨ Habacuc 3,19.
El profeta sintió certeza de la presencia de Ha Kadosh Baruj Hú, aún en su ocultamiento y entendíó que El siempre estará junto a Israel. Es así que transformó su plegaria en una melodía que lo reconfortó y sanó.
Quiera D os tengamos hoy y siempre la emuná que nos permita en el exilio, sentir la presencia de Ha Kadosh Baruj Hu junto a nosotros y eso, con seguridad, nos sostendrá en la incertidumbre de los nuevos desiertos que nos toque atravesar hasta llegar a nuestra tierra prometida.
Shabat Shalom Umeboraj
Jag Shavuot Sameaj
Daliah Ruth Bat Shlomo Bat Jana
¡Así fue la Cena Sabática en Amijai!
Comenzamos un nuevo ciclo de cenas sabáticas con esta hermosa noche en comunidad llena de música, tfilá, tradición y muy rica comida.
Continue readingParasha Bamidbar
Liderazgo a través de la Contracción
Iniciamos la lectura del cuarto libro de la Torá traducido al castellano como Números que comienza once meses después de la revelación en el Sinaí (Éxodo 19:1), y un mes después de la finalización del Mishkan. Lo que sigue es una serie de acontecimientos apasionantes que marcan y explican una ¿inesperada? travesía de cuarenta años por el desierto que culmina en las estepas del Moab, al este del río Jordán, justo antes de la muerte de Moshe. De ahí que el nombre hebreo del libro, Bamidbar, literalmente, En el Desierto, le de contexto y sentido a la magnitud del relato.
El título Números, que deriva de las antiguas traducciones griegas y latinas de la Torá, enfatiza un único aspecto del libro: el censo repetido dos veces al Pueblo de Israel (capítulos 1 y 26) y dos veces de los Levitas (capítulos 3-4). De hecho, tres de estos censos aparecen en nuestra parashá y constituyen la mayor parte de los preparativos previos a la partida de las cercanías del monte Sinaí. Además, la parashá describe la disposición de las tribus alrededor del Tabernáculo que no es un dato menor en relación al aspecto comunitario.
Un midrash inusual que me parece oportuno, consideró profundizar en el tema del liderazgo que aseguraría el éxito en la travesía por el desierto. Di-s había puesto al frente de los Israelitas no a uno, sino a tres líderes cuyas virtudes combinadas servirían para satisfacer todas sus necesidades básicas. Di-s colmó a Israel de maná gracias a Moshe, los protegió del calor del sol con nubes gracias a Aarón y les proporcionó un pozo de agua gracias a Miriam. Una lectura atenta de varios textos bíblicos sugiere que no nos enviaron al Desierto sin provisiones (Bamidbar Rabba 1:2)…
El midrash ofrece una visión del liderazgo en la que el poder se comparte. Su autor se muestra muy reacio a otorgarle a Moshe autoridad exclusiva, a pesar del hecho innegable de que, por lo general, Di-s se comunicaba solo con Moshe antes y después del Sinaí. Sin embargo, el midrash afirma que Aarón y Miriam gozaban del mismo favor ante los ojos de Di-s. No todas las bendiciones divinas fluyeron a través de la persona de Moshe… Un gobernante con poder absoluto a menudo carece de la sabiduría necesaria para gobernar y siempre corre el riesgo de abusar de él…
Los cabalistas del Zafed, en siglo XVI, imaginaron que antes de que Di-s pudiera crear el cosmos debía retraerse o contraerse. Si EL y el espacio eran idénticos, no habría vacío alguno en el que pudiera crearse el cosmos. De ahí la necesidad de la contracción divina para dar origen al vacío que llenaría el universo. De esta proposición teológica, me animo a tres conclusiones:
En primer lugar, intelectualmente, los líderes deben adquirir el hábito de la concentración para liberarse del bombardeo de distracciones. Sin el silencio que se logra mediante la introspección, la voz interior jamás se hace audible. La sabiduría para discernir y la energía para crear fluyen del pensamiento solitario. Como Moshe, cada uno de nosotros debe encontrar y generar, su espacio interior donde escucharse y escuchar los ecos de la eternidad.
En segundo lugar, a nivel de gestión, un estilo de liderazgo sin la confianza para negociar y delegar resulta asfixiante e ineficiente. El mismo Moshe carecía de ella al principio. Cuando su suegro, Itro, lo vio intentando resolver todas las disputas por su cuenta, se lo señaló. Tendemos a preservar nuestra autoridad negando, a menudo, a otros la oportunidad de participar, crecer y empoderarse. Negociar implica dar cabida a otras posturas, ser flexibles. Esta conducta amplía el horizonte de un líder y de quienes dependen de él.
Finalmente, desde una perspectiva psicológica, el Tzintzun trata de la reducción del Yo. El poder no debe darnos la ilusión de ser omnipotentes o infalibles. En el gran esquema del universo nuestra importancia es modesta y efímera. Esa comprensión fue la que hizo de Moshe el más humilde de los líderes (Números 12:3).
El Sefer Números o Bamídbar trata no solo de la transformación personal y comunitaria, del pasaje de La Esclavitud al ejercicio de la Libertad en Plenitud, sino, también, sobre la profunda naturaleza del liderazgo.
Y la razón por la que Moshe finalmente prevalece contra todo pronóstico es porque personifica el poder espiritual del Tzintzun.
El Liderazgo a través de la Contracción…
Shabat Shalom Umevoraj
Sandra Leb Epstein
Haftara Bamidbar
Más que la suma de las partes
Comentario a Hoshea (Oseas) 2, 1-22
Una vez más nos reencontramos para comenzar la lectura de Números, el cuarto Libro de la Torá. El nombre en hebreo es Bamidbar y significa “en el desierto”, título que resulta más que apropiado para el libro que narra gran parte de los cuarenta años que los israelitas pasaron en el desierto.
Para la lectura de la haftará de esta semana leemos el capítulo segundo del libro de Oseas, profeta que vivió en la época posterior a la muerte del Rey Salomón y la separación de los reinos de Judá y de Israel, entre los años 750 y 730 AEC. Profetizó tanto en los reinos del norte como del sur, en un tiempo en el que el Pueblo sufre el alejamiento de sus principios éticos y religiosos.
A primera vista, parece existir una relación inversa entre la parashá y la haftará. Mientras que la parashá describe un censo de los hijos de Israel, la haftara comienza con la declaración: “Sin embargo, el número de los hijos de Israel será como la arena del mar que no puede ser medida ni contada…” (Oseas 2,1)
Esto podría ser una expresión de una situación cambiante. Por una parte, el Libro de Números describe un Pueblo nómade durante su travesía, y era necesario contarlos, siendo el censo una preparación para la conquista de la tierra.
La profecía de Oseas, en cambio, describe el estado de ese mismo Pueblo tras el asentamiento en la tierra, cuando ya no había necesidad (ni quizás posibilidad) de contarlos. La paradoja es que los Sabios en el Talmud aprendieron de este versículo que está prohibido contar judíos incluso para una mitzvá, por ejemplo para saber si hay diez mayores de edad de bar mitzva para el minian.
Pero, ¿por qué no podemos contarnos o al menos enumerarnos? ¿Acaso Oseas no advirtió que no somos, ni lo fuimos en su época ni en ningún otro momento de la historia judía, tan numerosos como la arena del mar?
Rabí Meir Simja Hacohen de Dvinsk (1843-1926) en su libro “Méshej Jojmá”, explica que cuando los hijos de Israel están unidos unos con otros, ellos se asemejan a la arena del mar: aunque está compuesta por diminutas partículas minerales, son elementos diferentes, únicos en su belleza y complejidad; pero cuando se unen pueden formar una roca compacta.
Por eso, parafraseando al profeta: los hijos de Israel serán como la arena del mar, sólo cuando son contados en conjunto. Así, aunque sean pequeños como granos de arena, cuando están unidos pueden incluso enfrentar la fuerza del mar.
Y justamente, separar a los individuos para contarlos es lo que está prohibido, tal como exhorta el profeta Oseas al decir que la descendencia de Israel “no será medida ni contada”.
La reticencia a contar personas, incluso cuando hay buenas razones para hacerlo, quizás se deba a la idea de que es demasiado fácil convertir a los seres humanos en estadísticas. En la historia reciente, los nazis intentaron deshumanizar a los judíos convirtiéndolos en números. Como señala Najmanides, una de las características del censo en la Parashá Bamidbar es que cada persona es contada por su nombre, y reconocida como un individuo con valor intrínseco.
Nuestra mayor fortaleza es cuando nos sabemos parte de un todo: somos más que la suma de las partes. Pero, así como un rollo de la Torá se invalida por la falta de una sola letra, así también deberíamos sentirnos cuando un solo judío se desvincula de nuestras instituciones, o cuando una familia se aleja del minian o deja de participar de las actividades comunitarias. Cada ausencia debería preocuparnos, porque nos transforma en una familia incompleta.
Si realmente “Kol Israel Arevim Ze LaZe” (“Todo Israel es garante el uno del otro”), esta máxima implica un nivel de responsabilidad colectiva, solidaridad e interconexión entre todos los judíos, que hoy debería ser uno de nuestros pilares en nuestras instituciones, sea cual fuere.
El remedio ante el desinterés es reconocer que uno no tiene valor sin un Otro.
Por eso, la prohibición de contar directamente a los israelitas es también un alerta ante la indiferencia, que nos advierte que no debemos olvidar los rostros, los nombres y las historias que se atesoran detrás de cada persona.
Sí, no se debe contar a los judíos, ¡pero cada judío cuenta!
¡Shabat Shalom umeboraj!
Seba Cabrera Koch




