Haftara Mishpatim

Esta haftará corresponde a la Parashá Mishpatím, que significa
“Ordenanzas” o “Leyes”. No se trata de normas abstractas, sino de
mandatos que regulan la vida cotidiana y las relaciones humanas, como la justicia social, la responsabilidad, la dignidad y el cuidado del otro. Desde ese punto se entiende la fuerza del mensaje profético que acompaña a esta lectura.

Jeremías fue un profeta que vivió uno de los momentos más oscuros de la historia de Israel, en los últimos años del reino de Yehudá, poco antes de la destrucción de Jerusalén y del Primer Templo. No fue un profeta cómodo ni querido. Alzó su voz cuando la mayoría prefería callar, cuando la fe y los valores habían perdido peso en la vida cotidiana. Su mensaje no apuntaba a la falta de ritual, sino a algo más profundo, la incoherencia entre lo que se decía creer y la forma en que se vivía.

En la haftará, el pueblo había sellado un pacto sagrado, liberar a los esclavos hebreos, como lo ordena la Torá; luego de seis años de trabajo, en el séptimo debían ser liberados. Lo hicieron, pero luego retrocedieron.
Cuando la presión del rey disminuyó, volvieron a someterlos.

El profeta es contundente, un pacto con D’s no se cumple solo cuando
conviene. No se puede hablar de libertad mientras se oprime al otro.

No se puede invocar el Nombre divino y traicionar la justicia.
La haftará nos deja preguntas que atraviesan el tiempo y nos alcanzan hoy, ¿Somos coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos?
¿Defendemos la justicia solo cuando no nos incomoda?
¿Liberamos al otro, o solo cambiamos las formas de la opresión?

El mensaje final, de Jeremías, devuelve esperanza. Así como el pacto con el día y la noche es inquebrantable, también lo es el compromiso de D’s con su pueblo. Pero esa promesa no anula la responsabilidad humana. D’s no abandona, pero tampoco reemplaza nuestra conciencia.

Hoy, desde Israel, estas palabras resuenan con una fuerza especial. Como la voz de un pueblo que vive entre la amenaza y la esperanza, esta haftará nos llama a no perder la humanidad en nombre de la defensa, a no confundir firmeza con dureza, ni fe con indiferencia. Nos recuerda que la verdadera fortaleza de un pueblo no está solo en su poder, sino en su ética; que la fidelidad al pacto se expresa en cómo cuidamos la vida, en cómo tratamos al más vulnerable, incluso en los momentos más difíciles.

Que sepamos sostener la justicia no solo cuando es fácil, sino cuando es necesaria.

Que la fe no quede solo en palabras, sino que se vuelva gesto, elección y cuidado.

Que aun en tiempos de miedo, cansancio y dureza, no apaguemos la chispa de humanidad que habita en nosotros.

Que este Shabat sea un espacio de descanso para el alma, un tiempo para volver al centro, para recordar que la libertad empieza dentro y que la justicia florece cuando el corazón permanece sensible.

Que el Kadosh Barjú nos conceda la fuerza de elegir el bien, la sabiduría de no endurecernos y la luz para caminar con dignidad, incluso en los días difíciles.

Shabat Shalom
Am Israel Jai
Susy Lapilover

Parasha Mishpatim

“Sinai, en lenguaje humano”.
Por Seba Cabrera Koch.
Éxodo 21:1-24:18

La Revelación de la Torá es un evento considerado como unívoco en la historia espiritual de la humanidad. El Pueblo de Israel “vio las voces”, en un Encuentro que evidenció un acontecimiento espiritual casi indescriptible en palabras.

Concluido ese evento, el Pueblo debe retomar su dimensión terrena, orientar su vida diaria y bajar la Torá desde las alturas del Sinaí a la arena de los hechos, donde seria promulgada la legislación que abarca los aspectos de la vida en lo nacional, en lo individual y lo colectivo, en lo civil, en lo religioso, en lo físico y en lo espiritual.

En la lectura que nos convoca esta semana, las primeras de estas leyes que fueran comandadas después de Sinaí legislan sobre la esclavitud. Quizas, aqui hay una pregunta no tan obvia. ¿Por qué Mishpatim, el primer código de leyes de la Torá, comienza de esta forma?

Porque las personas deben elegir libremente abolir la esclavitud si es que quieren ser libres. Si lo pensamos detenidamente un segundo, expone una contradicción de términos el “forzar a una persona a ser libre”. Pero ser libre significa crear un espacio dentro del cual las personas tienen derecho a elegir por sí mismas: aun si no tomaran las decisiones correctas, seria su decisión.

Rab. Jonatan Sacks Z´L nos enseña que “se necesitó la experiencia colectiva de los israelitas, su profunda, íntima, personal, agotadora, amarga experiencia de la esclavitud –una memoria que fuimos comandados a nunca olvidar– para convertirlos en un Pueblo que ya no convertiría a sus hermanos y hermanas en esclavos, un pueblo capaz de construir una sociedad libre, el logro más difícil de todos los logros dentro del ámbito humano”.

D-s puede cambiar la naturaleza, sostiene Maimónides, pero Él no puede (o mejor dicho elige no hacerlo) cambiar la naturaleza humana, precisamente porque el judaísmo está construido sobre el principio de la libertad humana.

Visto de esta manera, cada mitzvá mas que una orden o un mandamiento, es una oportunidad para ejercer esa libertad.

Solía decir el tzadik Rabí Simja Bunam de Peshisja: “La Torá viene aquí a enseñarnos que hay que poner “las leyes” (los preceptos que relacionan al hombre con su prójimo) por delante de los preceptos que relacionan al hombre con D-s, porque “la cortesía y las buenas costumbres anteceden a la Torá”.
(Vaikrá Rabá 9:3).

La posibilidad de hacer que el pedacito de mundo que nos toca sea un lugar mejor, está frente a nosotros, en cada momento, sólo hay que elegir cambiar algunos detalles, ajustar el foco.

Uno podría ir por la vida como los caballos con anteojeras, sin mirar hacia los costados, sin distraerse. Esa no es la elección, no es la visión del judaísmo.

Puede que nuestra Tradición nos pida, nos encomiende, nos obligue; pero tambien pone en categoría de mitzvá ir con los ojos abiertos, mirar alrededor, aprendiendo a caminar juntos, desarrollando nuestra espiritualidad con cada paso que damos.

En Mishpatim hay leyes para vivir mejor en sociedad. Ordenanzas para proteger a los más vulnerables. Normas para relacionarnos con el prójimo. Parámetros para evitar la desigualdad. Límites para la injusticia.

Este es el mensaje del Sinai, en lenguaje humano.
Shabat Shalom umeboraj !
Seba Cabrera Koch

Fuentes
-Coffman, Aryeh. Tora con comentario de Rashi, tomo 2 Shemot – Exodo. 2001. Editorial Jerusalén
-Exodo 21, versículo 1. Explicación y comentario. Equipo del sitio haTanaj ©2024 haTanakh
-Sacks, J. Covenant and conversation: Mishpatim. © 1981-2023 The Rabbi Sacks Legacy Trust
-Szames, M. Mishpatim 5781 ©2001–2024 SRL Marshall T. Meyer
-Vaikrá Rabá 9:3. Parperaot latorá, vol. 2, p. 103. Citado por Surazski, G. (2021). Fragmentos de cielo: perlas y
comentarios a los cinco libros de la Torá. Ediciones Seminario Rabinico. Pág. 532.

Parasha Itro

Parashat Itró nos lleva a uno de los momentos más importantes de toda la Torá: la entrega de los Diez Mandamientos. El pueblo de Israel está reunido al pie del Monte Sinaí, después de haber salido de la esclavitud de Egipto, y por primera vez escucha la voz de Dios como pueblo libre.

Pero antes de ese gran momento, aparece Itró. No es parte del pueblo de Israel, no estuvo en Egipto ni cruzó el mar. Sin embargo, es él quien observa a Moshé, ve su cansancio y se anima a decirle algo fundamental: no podés hacer todo solo. Le enseña la importancia de delegar, de confiar en otros, de construir liderazgo en equipo. La Torá nos muestra que la sabiduría puede venir de afuera y que saber escuchar también es una forma de grandeza.

Y recién después de ese consejo, llega el Sinaí. Como si la Torá nos quisiera enseñar que para recibir valores divinos, primero necesitamos aprender a organizarnos como comunidad, a cuidarnos entre nosotros y a no cargar solos con todo.

Los Diez Mandamientos no son solo leyes; son una guía para la vida cotidiana: respetar, cuidar la palabra, valorar al otro, recordar el Shabat, honrar a la familia. No hablan de grandes hazañas, sino de cómo vivir mejor cada día.

Itró nos recuerda que la Torá no se sostiene solo con fe, sino también con responsabilidad, escucha y humildad. Cuando somos capaces de escuchar consejos, compartir tareas y caminar juntos, estamos realmente preparados para recibir lo más sagrado.

Que esta parashá nos inspire a construir comunidades donde nadie esté sólo, donde cada voz importe y donde la Torá se viva con hechos simples y llenos de sentido.

Sem. Martín Smith

Haftara Itro

En la haftará de esta semana, el profeta Ishaiahu describe una experiencia que lo desarma por completo, ve al Kadosh Baruj Hú sentado en Su trono, el espacio se llena de humo, todo tiembla, y los ángeles celestiales dicen sin parar: “Kadosh, Kadosh, Kadosh Adon-ai Tzevaot…” (“Santo, santo, santo es el Eterno de los Ejércitos..”).

No es solo una frase linda o poética. Es una imagen directa del D’s de Israel, un D’s que está sobre todo, que vive presente en la historia y que lucha con y por Su pueblo. Estar frente a esa revelación es pararse ante algo que te supera por completo, que desarma certezas y te deja sin palabras.

En la parashá Itró, que leemos esta semana en el libro de Shemot, aparece la misma escena icónica, el monte Sinaí envuelto en fuego, los truenos, la montaña que tiembla y un miedo real, palpable. Por primera vez, el pueblo escucha directamente la voz de Dios y según describen los textos, hasta pueden verla.

La Torá no nace en un aula, ni en la cima tranquila de un monumento o una ciudad, ni en un clima cómodo, sino en un encuentro único que sacude. Tanto Ishaiahu como el pueblo entienden lo mismo, cuando el KBH se revela, no deja a nadie igual.

El Zohar explica que “kadosh, kadosh, kadosh” no es una repetición poética, sino distintos niveles de santidad que atraviesan el cielo, el mundo y al ser humano. La revelación no queda “allá arriba” sino que baja, toca la realidad y obliga al ser humano a repensarse, reinventarse y asociarse a la creación.

Cuando la santidad entra en contacto con lo humano, ya no se puede seguir igual. Por eso en el Sinaí el pueblo tiembla y nunca vuelve a ser el mismo, y por eso Ishaiahu se quiebra antes de poder hablar de su visión. La revelación primero desarma, pero después regala algo que no se puede comprar en ningún lado: propósito, visión y un norte.

La Torá, entonces, no es solo un texto que se estudia. Es un encuentro vivo con lo absolutamente Otro, que incomoda, sacude y nos obliga a preguntarnos qué hacemos nosotros después de escuchar esa voz. Ahí empieza todo.

Shabat Shalom
Sem Mati Bomse

Haftara Beshalaj

Poco tiempo después que el pueblo de Israel saliera de Egipto, el Faraón con seiscientos carros persigue a nuestro pueblo quien queda atrapado entre ellos y el Mar.

Dijo Adonai a Moshe:

“Tú alza tu vara y extiende tu mano hacia el mar y pártelo y que en él entren los hijos de Israel en medio del mar: por lo seco” – Éxodo 14:16 – y así fue, convirtiéndose éste en uno de los milagros mas conocidos y recordados de todo el texto bíblico.

Cuentan los sabios que cuando el pueblo se encontró entre la espada y la pared se dividió en cuatro grupos:

El primer grupo opinaba que había que pelear contra los egipcios ya que eran hombres libres y debían defenderse.

El segundo grupo opinaba que debían rendirse, ya que el ejercito egipcio era enorme.

El tercer grupo pensó que jamás podrían ganarle a los egipcios y entonces debían tirarse al mar.

El cuarto grupo decía que la única opción era rezarle a Dios para que los salve.

¿Cuál es la importancia de los planteos de cada uno de los grupos?

Los cuatro planteos representan posibles respuestas a desafíos de nuestras vidas cotidianas: Pelear, rendirse, tirarse al mar o rezar.

Si cerramos los ojos y vemos nuestros sueños, seremos conscientes que estas cuatro respuestas pueden servirnos; Pelear, porque cuando sabemos a dónde queremos ir debemos luchar para llegar hasta ahí.

Rendirse, porque hay veces que debemos renunciar a momentos para alcanzar lo que realmente es importante.

Tirarnos al mar, arriesgarnos para permitirnos ser llevados por la corriente y así descubrir nuevos caminos.

Y, por último, rezar para poder llegar hasta la meta rodeados de quienes mas queremos, con fuerza, con salud y la iluminación necesaria para ver mejor.

Podamos todos en esta semana animarnos a encontrar nuestras metas y de esa forma comenzar a cruzar nuestro propio mar.

Shabat Shalom
Brian Bruh

Parasha Beshalaj

PARASHÁ BESHALAJ
PARASHA BeSHaLaJ | ושלך

SheMoT (Exodo) 13:17-17:16
Shabat SHiRá

BeSHaLaJ la cuarta porción del segundo Libro de La Torah, de SHeMot.

Murió IoSeF, nació MoShé. Se fué. Zarza ardiente, vuelve MoSHé, se presenta ante Paróh. Siete Golpes. Tres Golpes Más. Hasta acá.

BeSHaLaJ cuarta porción de SHeMot. Nos mandan a irnos, nos echan… Salimos.

Esta semana se presenta la energía de BeSHaLaj que es realmente una porción bisagra. Diria que es la porción ALQUIMISTA por excelencia de toda la TOrah.

Podemos dedicarle nuestra tiempo a los temas mas novelescos y deslumbrantes de esta porción. pero vamos por otros sin tanta prensa…

Al comienzo de la Parashá de esta semana leemos que MoSHé estaba ocupado con una misión

especial mientras los judíos abandonaban Egipto (SHeMoT 13:19). MoSHé debía juntar y llevar con él los huesos de IoSeF por su propio pedido (BereiShit 50:20) para llevarlos Eretz KNaHan. Más de cien años antes del gran Éxodo, IoSeF hizo jurar a los Hijos de Israel que lo llevarían con ellos cuando eventualmente abandonaran MiTZRaim.

Y fue así que mientras todos los demás estaban ocupados empacando, cargando sus burros y preparándose para el Gran Viaje por el Desierto, MoSHé estaba ocupado en esta misión, cumplir la sagrada promesa hecha a IoSeF generaciones antes.

Ah!! cómo? no salieron corriendo entonces? cómo? tuvieron tiempo de llevarse los huesos de IoSeF?

Paroh, se arrepiente de haberlos dejado salir, y sale detrás de ellos, no con lo que tenia a mano… sale con sus mejores equipos! los encuentra al sexto día de haber salido y donde ellos han acampado frente al IAM SUF. Detrás las huestes de Paroh y delante el IaM SuF. Los supuestos esclavos liberados, que hacen? SE QUEJAN. Ellos SE QUEJAN.

Ah!! cómo? ¿qué clase de esclavo se queja al dejar la esclavitud?… qué tipo de esclavitud “padecía” esta gente que prefieren volver?

Un par de frases mas arriba me referí a ésta como la porción ALQUIMISTA por excelencia de toda la TOrah… me permiten?

veamos… que significa ALQUIMISTA? antigua disciplina práctica y filosófica que buscaba la transformación de la materia, la creación de la piedra filosofal (legendaria sustancia alquímica, capaz de transmutar la materia) y la búsqueda del elixir de la vida (legendaria poción buscada para curar enfermedades, rejuvenecer, y ganar la inmortalidad)

Veamos si me equivoco…

Encuentran en esta porción alguna asociación con esta definición?

MoSHé magistralmente levanta su mano y claramente TRANSMUTA LAS AGUAS convirtiendo el mar en una tierra seca y firme, levantando muros sobre el camino. Cómo lo hizo?

Hay otra situación de transformación, EL AGUA como elemento de sanación, de curación (SHeMoT 15:23-25) cuenta la llegada de los Hijos de Israel a Mará tras tres días en el Desierto de Shur sin agua: encuentran agua amarga que no se podía beber y como a partir de una pequeña rama de árbol cercano la transforman en agua potable, resolviéndo así el problema. Y trayéndo una lección de sanación.

LaTORAh ES SIN DUDAS, la piedra filosofal y el elixir que los alquimistas están buscando y no ven.

Alli esta TODO.

LaToRaH es TODAS las leyes, las fórmulas, las explicaciones, y los ejemplos.

Es TODA LA SABIDURIA para alcanzar LA INMORTALIDAD.

LaToRaH revela en esta porción todas las “pociones mágicas” para transformar, y transmutar la materia… para ser sano e inmortal.

Vos estas listo?

Te vas a seguir quejando? o vas a aprender la combinación de llaves?

Vas a mirar atrás las huestes de Paroh o adelante el IaM SuF?

Te animas a romper las aguas?

LaToRaH nos desafía, pero antes nos da todo el kit de herramientas. Y ojo, si te quejas Hashem responde … “y a mi que me gritas?” (SHeMoT 14:15)

Te presento BeSHaLaJ la cuarta porción del segundo Libro de La Torah, de SHeMot.

Te presento la porción mas ALQUIMISTA DE LA TORAH.

Si queres la sabiduría eterna, si queres transformar TE, si queres ser inmortal… quedate. es por ACá.

Shabat Shalom Umeboraj
Silvia Dvoskin

Parasha Bo

Parashá Bo es la tercera parashá del libro de Shemot. En ella se relatan las últimas tres plagas que caen sobre Egipto —langostas, oscuridad y la muerte de los primogénitos—, aquellas que finalmente permiten la salida del pueblo de Israel de la esclavitud. No es solo el cierre de una serie de castigos; es el punto de quiebre que abre el camino hacia la libertad.

Pero Parashá Bo no habla solo de Egipto. Habla de nosotros.

La palabra “Bo” significa “Ven”. No dice “andá”, dice “Ven conmigo”. D’s no envía a Moshé solo frente al Faraón, entra con él en el corazón del poder, en el lugar más oscuro. Ese detalle no es menor.

A veces creemos que para enfrentar lo difícil tenemos que estar fuertes o seguros, cuando en realidad lo primero que necesitamos es sentir que no estamos solos.

El Faraón representa ese poder que se endurece, que se niega a escuchar, incluso cuando la realidad insiste y muestra lo contrario.

La Torá nos deja una enseñanza incómoda, no siempre el cambio falla por carencia de señales, sino por una falta profunda de voluntad. Muchas veces las advertencias están, las consecuencias también, y aun así el corazón continúa cerrado.

La plaga de la oscuridad es, quizás, la más actual. No se trata solo de la ausencia de luz, sino de la incapacidad de ver al otro, de ser empático. Es una oscuridad que paraliza, que aísla, que encierra a cada uno en su propio mundo. Sin embargo, en medio de esa oscuridad, el texto nos dice que para el pueblo de Israel había luz en sus hogares. La luz no estaba en el sistema, estaba en los vínculos, en la fe, en la identidad compartida.

Antes de salir de Egipto, D’s no le pide al pueblo grandes discursos ni estrategias. Les pide algo simple y profundamente valiente, marcar sus casas, reunirse, comer juntos, recordar quiénes son y de dónde vienen.

La libertad comienza cuando uno se anima a diferenciarse, incluso en silencio.

Salir de Egipto fue rápido, pero dejarlo salir de adentro nuestro nos llevó mucho más tiempo.

Y esto también nos pasa hoy. Podemos cambiar de lugar, de etapa, de realidad y aun así seguir cargando miedos, dependencias, hábitos que nos esclavizan sin que lo notemos.

Parashá Bo nos recuerda que la libertad no es hacer lo que uno quiere, sino saber quién es y cómo se debe vivir. Que no alcanza con salir; después hay que construir. Y que la memoria no es nostalgia, es responsabilidad.

Cada generación tiene su propio Egipto. Y cada uno de nosotros, en algún punto, tiene que animarse a escuchar ese “Bo”, ese “Ven” que nos invita a dar un paso hacia adelante, aun sin tener todo claro. Porque, como entonces, la salida no empieza con certezas, sino simplemente con confianza. Es ahí cuando la libertad empieza por dentro.

Que este Shabat puedas encontrar la libertad y la luz dentro tuyo, logrando la paz que solo nos puede dar el Kadosh Barjú.

Shabat Shalom
Am Israel Jai
Susy Lapilover

Haftara Bo

La haftará de Parashat Bo nos traslada, otra vez, a Egipto. Pero no al Egipto de las plagas y del Faraón de la Torá, sino al Egipto que, siglos después, sigue creyéndose invencible. El profeta Irmiáhu anuncia su derrota, su caída, su fragilidad. Y, en paralelo, le habla al pueblo de Israel con palabras de consuelo, de promesa y de esperanza.

No es casual esta elección. Bo es la parashá del golpe final a Egipto, pero también es la parashá del nacimiento de un pueblo libre. Y la haftará viene a recordarnos que los imperios pasan, pero los valores, la identidad y la promesa de Israel permanecen.

Egipto aparece como símbolo del poder que se cree eterno. Un poder que confía en su ejército, en su prestigio, en su historia. Sin embargo, el profeta lo describe con una imagen muy humana: un gigante que tropieza, que cae, que se descubre limitado. No por falta de fuerza, sino por falta de sentido. Porque cuando el poder se separa de la justicia, tarde o temprano se desmorona.

En contraste, el mensaje hacia Israel es profundamente distinto. Dios no niega las dificultades, no promete un camino fácil, pero sí promete algo mucho más fuerte: presencia.

“No temas, siervo mío, Yaakov… porque Yo estoy contigo”. La redención no se presenta como ausencia de dolor, sino como compañía en medio de él.

Y eso es quizás lo más poderoso de esta haftará. Nos enseña que la verdadera libertad no consiste solo en salir de Egipto, sino en no volver a vivir como esclavos del miedo, de la desesperanza o de la resignación. Nos invita a confiar en que incluso cuando el mundo parece dominado por fuerzas más grandes que nosotros, nuestra historia no está determinada por los imperios, sino por nuestra capacidad de seguir caminando con fe.

En Bo aprendemos que el pueblo de Israel da su primer paso como nación cuando se anima a marcar el tiempo, a contar los meses, a apropiarse de su propio calendario. En la haftará, aprendemos que ese mismo pueblo sigue siendo sostenido por una promesa que atraviesa generaciones.

Quizás por eso este texto sigue siendo tan actual. Porque también hoy vivimos rodeados de “Egiptos” modernos: sistemas, discursos, estructuras que parecen intocables. Y la haftará viene a susurrarnos, con voz profética, que nada es más fuerte que un pueblo que sabe quién es, de dónde viene y hacia dónde quiere ir.

Bo no es solo el relato del fin de una esclavitud. Es el inicio de una identidad. Y la haftará nos recuerda que esa identidad se sostiene, incluso en los momentos más oscuros, por una luz que no se apaga: la certeza de que no caminamos solos.

Y tal vez ese sea el mensaje más profundo para nuestra vida comunitaria hoy: seguir creyendo, seguir construyendo, seguir avanzando… incluso cuando todavía no vemos el final del camino. Porque la redención, muchas veces, comienza simplemente con animarnos a dar el próximo paso.

Yael Krochman

Haftara Vaera

Si hoy alguien dijera “este río es mío, yo lo hice”, no abriríamos un debate filosófico.
Le alcanzaríamos un vaso de agua…y cambiaríamos de tema.

Eso mismo decía el faraón. Sin metáforas. Convencido.

En Egipto, el Nilo no era solo un río. Era la fuente de vida en medio del desierto. Por eso el Midrash dice que el faraón bajaba todas las mañanas al Nilo en secreto: no para rezar, sino para sostener su ilusión de divinidad. Un dios no va al baño delante de nadie. Ni muestra dependencia.

La Torá lo expone sin escándalo, pero con precisión.
Todo empieza y vuelve al Nilo: ahí se decretan muertes, ahí nace Moshé, ahí cae la primera plaga.

No es castigo al agua. Es una discusión con la idolatría.

La Haftará de Vaerá afila todavía más la imagen. Iejezkel describe al faraón como un monstruo del río, un dragón aferrado a su canal, diciendo: “El Nilo es mío, yo lo hice”.

Rab Shimshon Raphael Hirsch Z¨L explica que la idolatría egipcia no estaba en estatuas, sino en el orden natural: confundir estabilidad con eternidad, y abundancia con autoría.

Por eso Dios no discute ideas. Dios actúa sobre la realidad. Saca al faraón del río. Lo deja fuera de su ecosistema de poder.

El Zohar dice que el faraón representa al ietzer hará cuando se disfraza de certeza: esa voz interna que nos convence de que controlamos más de lo que realmente controlamos.

Y ahí entra la profundidad humana. La Torá no combate el poder, combate la arrogancia del poder. No niega la grandeza humana, pero la enmarca: el ser humano es creador, pero no Creador.

Egipto cae. No solo por esclavizar cuerpos, sino por endurecer la conciencia.

Y cuando el monstruo pierde el río, deja de ser monstruo. Queda la fragilidad. El límite. La verdad.

En ese silencio aparece Israel. No para dominar, sino para recordar. La caída de Egipto devuelve al mundo una idea revolucionaria:
la vida es recibida, no producida.

Cuando eso se olvida, el río se vuelve dios. Cuando se recuerda, el río vuelve a ser río, el ser humano vuelve a ser humano, y Dios vuelve a estar donde siempre estuvo.

Shabat Shalom
Wally Liebhaber