Haftara Shemini Atzeret

Haftará Shmini Atseret
“BAILAR BAJO UN TECHO QUE GOTEA”

Sem. Brian Bruh

“Vesamajta bejagueja vehaita aj sameaj”
— “Te alegrarás en tu fiesta y serás solamente feliz.” (Devarim 16:14-15)
Que hay que hacer entonces en Sucot?
Hermoso.
Poético.
Pero cruel, ¿no?
¿Qué pasa con el que no tiene fiesta?
Con el que no tiene mesa, ni familia, ni techo.
¿Cómo se le dice a alguien así: sé feliz?

Discúlpenme pero nosotros dedicamos nuestro día a día a acompañar almas, muchísimas en momentos mega felices, y otras tantas a gente que sin duda no está pudiendo sonreír, ¿como le digo?: ¡dont worry be happy!
Y sin embargo, justo después de Iom Kipur —cuando la gente todavía se sacude culpas, lágrimas, pérdidas, la Torá viene y dice:
“Salí a la sucá, viví en una cabaña frágil, y ahí… vas a encontrar alegría.”
Sucot no niega la fragilidad. Te invita a habitarla.

El Zohar (III, 103a) llama a la sucá tzilá dehemnutá — “la sombra de la fe”.
No dice “la casa de la fe”, dice sombra.
La sombra no protege. No calienta. No construye.
Pero acompaña.
“El que entra a la sucá entra bajo la sombra de la fe, y la Presencia Divina lo envuelve como un abrazo.”
Un abrazo que no resuelve, pero contiene.

El Sfat Emet (Rav Yehuda Aryeh Leib Alter (1847–1905), también conocido como el Rebe de Gur en Sucot 5643) escribió:
“La sucá enseña que el lugar del judío no es donde hay paredes firmes, sino donde hay confianza.”
Sucot no viene a prometer que vas a tener más.
Sucot viene a recordarte que aún sin tener, no estás solo. Hay sombra para vos.

¿Y si alguien no tiene nada?
¿Puede ser feliz igual?
¿O la Torá exige algo imposible?

El Talmud (Ta’anit 20b) cuenta de Najum Ish Gam Zu, que decía:
“Gam zu letová” – “Esto también es para bien.”
Incluso cuando perdió todo.
Pero el Talmud no lo romantiza:
Najum estaba ciego, mutilado, pobre.
Y aun así, encontraba sentido.
No porque estaba feliz.
Sino porque no había perdido la fe de que su historia tenía dirección y un norte.

Sucot no te pide sonreír, cuando hay algo que duele.
Te pide creer que incluso lo que duele puede ser parte de algo bueno. Es encontrar en la perdida de un ser querido, el freno al sufrimiento y al dolor por la enfermedad.
Esa es la diferencia entre felicidad y simjá.
La felicidad depende de lo que tenés.
La simjá depende de lo que significa.

Y entonces leemos Kohelet, de los textos más tristes si no es EL texto más triste del Tanaj.

“Hevel havalim, hakol hevel” — “Vapor de vapores, todo es vapor.”
¿Quién programa eso? Quién mando a leer este texto hoy?
¿El mismo día que decís “zman simjatenu” — tiempo de nuestra alegría?
Leer un libro sobre el sinsentido no es contradicción. Es verdad.

Sucot dice: no hay alegría sin conciencia del vacío.
El que no se permitió llorar en Elul, no va a poder reír en Sucot.
El Rebe de Piasetzna, que enseñaba Torá en el gueto de Varsovia, escribió:
“La alegría del judío no es ausencia de dolor, sino decisión de que el dolor no gobierne su alma.”
Es bailar con un techo que gotea.

Rav Kook dice (Olat Re’iyá II):
“Sucot es la alegría del alma reconciliada con el mundo.”
No la alegría del que ganó, sino del que aceptó.
No la del que acumuló, sino del que pertenece.
La sucá no distingue al rico del pobre.
Todos comen bajo el mismo techo improvisado.
Y tal vez por eso el Midrash (Vayikrá Rabá 30:12) dice:
“El Kadosh Baruj Hu deja su palacio y viene a habitar con Israel en sus sucot.”

Dios no te espera en el cielo.
Te busca en la choza.
En el olor a ramas.
En la risa que sobrevive al viento.

No se trata de tener techo, sino de tener propósito.
No se trata de escapar del dolor, sino de encontrar sentido dentro de él. Porque cuando el cielo es tu techo, y el viento te despeina la certeza del tenerlo todo y aun así elegís agradecer, ahí empieza la verdadera alegría.
Que este Sucot nos encuentre como al mismisimo Moshe Rabenu, encontrando al Kadosh Baruj Hu en algo tan simple como una zarza ardiente, en el medio del desierto. No negando la fragilidad, sino abrazándola, porque en esa fragilidad vamos a encontrar nuestra simja.

Jag sameaj
Sem. Brian Bruh

Parasha Shemini Atzeret

Shemini Atzeret: Una festividad en si misma
Lectura de tora : Devarim 14:22 16:17

Shemini Atzeret es el octavo día que sigue a los siete días de Sucot. Es una festividad bíblica independiente y poco conocida que encontramos en Vaikra cap 23:36.

Esta festividad, marca el tiempo de salida de la Suca, aunque muchos residen en ella un día más, sin brajot y sin lulav. Se trata de un día sagrado y de alegría, después de haber recibido tan abundante nutrición espiritual durante siete días a la sombra de la Suca.

En este octavo día, Ha Kadosh Baruj Hú nos propone quedarnos un poco más junto a Él para llenar nuestras vasijas de los tesoros espirituales y materiales que nos otorga.

En Sheminí Atzeret, superamos las barreras del mundo natural del siete para alcanzar aún una mayor comprensión desde el nivel de Binah.

La porción de Torá que leemos en esta oportunidad es Devarim 14: 22 -16:17.

En ella leemos a cerca del diezmo, el año sabático, la ayuda a los pobres, huérfanos y viudas; la condonación de las deudas a su tiempo, a cerca del trato para con el esclavo hebreo, la protección a los Levitas y la importancia de conformar de un sistema judicial justo.

Una vez más, Ha Kadosh Baruj Hú nos llama a despertar con fuerza un corazón sensible y a pensar en el prójimo:

“Cuídate de que en tu corazón algún pensamiento negativo te diga: Se acerca el séptimo año de la condonación de deudas… y entonces mires con malicia a tu hermano menesteroso y no le prestes.” Devarim 15:9 “Préstale y que no te duela el corazón por eso, pues de ese modo te bendecirá Hashem en todo lo que emprendas.” Devarim 15:10

“Siempre habrá menesterosos en la tierra, por eso te pido que abras generosamente tu mano pues de ese modo te bendecirá Hashem tu Elokim en todo lo que hagas …” Devarim15:11

Más adelante leemos a cerca de las fiestas de peregrinación: Pesaj, Shavuot y Sucot con las reglas que rigen para cada una y se nos recuerda no olvidemos que fuimos esclavos y que aún lo somos en distintas formas de idolatrías, que es necesario identificar y erradicar de nuestro interior para siempre.

En medio de estas lecturas el ciclo de las Altas fiestas va llegando a su punto cúlmine; la alegría individual se amplifica estando en comunidad.

Juntos cerramos un ciclo para ingresar a un nuevo Bereishit. Lo hacemos estudiando y danzando renovados junto a los rollos de nuestra sagrada Tora.

Quiera el Santo Bendito sea que este Simjat Tora sea de máxima alegría y celebración para todo Am Israel y que la sabiduría de la Tora guie nuestras vidas.

Shabat Shalom!
Moadim lesimjá!

Daliah Ruth Faingold bat Shlomó, Bat Janá

Haftara Sucot I

La Haftará comienza con el profeta Zejariá describiendo un mundo quebrado: “Las naciones suben a Ierushalaim para hacer la guerra”.

Pero unos versículos después, imagina, profetiza, a esas mismas naciones volviendo a subir: “Subirán año tras año… para celebrar la fiesta de Sucot”.

Es el mismo camino, la misma ciudad sagrada, la misma humanidad. Pero ya no suben para enfrentarse, sino que suben para encontrarse.

Quizás por eso Sucot llega apenas después de Iom Kipur.

En Iom Kipur hablamos de las grietas que abrimos entre nosotros, de las palabras con las que alejamos, de las veces que convertimos al otro en enemigo. Y pocos días después entramos todos debajo de una Sucá.

Una casa frágil, abierta, en la que nadie puede convencerse demasiado de que su pared es más fuerte que la del otro.

El sueño de Zejariá no es un mundo en el que todos pensemos igual. Es un mundo en el que aprendamos a dejar de subir hacia el otro לַמִּלְחָמָה lamiljamá, para la guerra, y empecemos a subir hacia el otro לָחֹג lajog, para celebrar juntos.

De la guerra al encuentro. De la grieta a la Sucá.Trabajemos juntos por ese sueño.

Jag Sucot Sameaj,
Rab Mati Bomse

“BAILAR BAJO UN TECHO QUE GOTEA”
Sem. Brian Bruh

“Vesamajta bejagueja vehaita aj sameaj”
— “Te alegrarás en tu fiesta y serás solamente feliz.” (Devarim 16:14-15)
¿Qué hay que hacer entonces en Sucot?
Hermoso.
Poético.
Pero cruel, ¿no?
¿Qué pasa con el que no tiene fiesta?
Con el que no tiene mesa, ni familia, ni techo.
¿Cómo se le dice a alguien así: sé feliz?

Discúlpenme pero nosotros dedicamos nuestro día a día a acompañar almas, muchísimas
en momentos mega felices, y otras tantas a gente que sin duda no está pudiendo sonreír,
¿Cómo le digo?: Dont worry, be happy!
Y sin embargo, justo después de Iom Kipur —cuando la gente todavía se sacude culpas,
lágrimas, pérdidas, la Torá viene y dice:
“Salí a la sucá, viví en una cabaña frágil, y ahí… vas a encontrar alegría.”
Sucot no niega la fragilidad. Te invita a habitarla.

El Zohar (III, 103a) llama a la sucá tzilá dehemnutá — “la sombra de la fe”.
No dice “la casa de la fe”, dice sombra.
La sombra no protege. No calienta. No construye.
Pero acompaña.
“El que entra a la sucá entra bajo la sombra de la fe, y la Presencia Divina lo
envuelve como un abrazo.”
Un abrazo que no resuelve, pero contiene.

El Sfat Emet (Rav Yehuda Aryeh Leib Alter (1847–1905), también conocido como el Rebe
de Gur en Sucot 5643) escribió:
“La sucá enseña que el lugar del judío no es donde hay paredes firmes, sino
donde hay confianza.”
Sucot no viene a prometer que vas a tener más.
Sucot viene a recordarte que aún sin tener, no estás solo. Hay sombra para vos.

¿Y si alguien no tiene nada?
¿Puede ser feliz igual?
¿O la Torá exige algo imposible?

El Talmud (Ta’anit 20b) cuenta de Najum Ish Gam Zu, que decía:
“Gam zu letová” – “Esto también es para bien.”
Incluso cuando perdió todo.
Pero el Talmud no lo romantiza:
Najum estaba ciego, mutilado, pobre.
Y aun así, encontraba sentido.
No porque estaba feliz.
Sino porque no había perdido la fe de que su historia tenía dirección y un norte.

Sucot no te pide sonreír, cuando hay algo que duele.
Te pide creer que incluso lo que duele puede ser parte de algo bueno. Es encontrar en la
perdida de un ser querido, el freno al sufrimiento y al dolor por la enfermedad.
Esa es la diferencia entre felicidad y simjá.
La felicidad depende de lo que tenés.
La simjá depende de lo que significa.

Y entonces leemos Kohelet, de los textos más tristes si no es EL texto más triste del Tanaj.

“Hevel havalim, hakol hevel” — “Vapor de vapores, todo es vapor.”
¿Quién programa eso? Quién mando a leer este texto hoy?
¿El mismo día que decís “zman simjatenu” — tiempo de nuestra alegría?
Leer un libro sobre el sinsentido no es contradicción. Es verdad.

Sucot dice: no hay alegría sin conciencia del vacío.
El que no se permitió llorar en Elul, no va a poder reír en Sucot.
El Rebe de Piasetzna, que enseñaba Torá en el gueto de Varsovia, escribió:
“La alegría del judío no es ausencia de dolor, sino decisión de que el dolor no
gobierne su alma.”
Es bailar con un techo que gotea.

Rav Kook dice (Olat Re’iyá II):
“Sucot es la alegría del alma reconciliada con el mundo.”
No la alegría del que ganó, sino del que aceptó.
No la del que acumuló, sino del que pertenece.
La sucá no distingue al rico del pobre.
Todos comen bajo el mismo techo improvisado.
Y tal vez por eso el Midrash (Vayikrá Rabá 30:12) dice:
“El Kadosh Baruj Hu deja su palacio y viene a habitar con Israel en sus sucot.”

Dios no te espera en el cielo.
Te busca en la choza.
En el olor a ramas.
En la risa que sobrevive al viento.

No se trata de tener techo, sino de tener propósito.
No se trata de escapar del dolor, sino de encontrar sentido dentro de él.
Porque cuando el cielo es tu techo, y el viento te despeina la certeza del tenerlo
todo y aun así elegís agradecer, ahí empieza la verdadera alegría.
Que este Sucot nos encuentre como al mismisimo Moshe Rabenu, encontrando al Kadosh
Baruj Hu en algo tan simple como una zarza ardiente, en el medio del desierto. No negando
la fragilidad, sino abrazándola, porque en esa fragilidad vamos a encontrar nuestra simja.

Jag sameaj
Sem. Brian Bruh

Parasha Sucot I

Seamos sinceros por un segundo. Si un arquitecto te presentara el proyecto de la sucá, lo echabas. “Mirá, tenés una casa con paredes que aguantan y un techo que, milagrosamente, no gotea. Bueno: la idea es que la dejes, te mudes siete días a una casilla de tres paredes, y que el techo (esto es importante) gotee. Por norma.” Le pedís la matrícula y lo acompañás a la puerta. Y sin embargo, a esa mudanza absurda la Torá le puso el mejor nombre de todo el calendario: zman simjaténu, el tiempo de nuestra alegría.

No es un descuido de redacción. Es una tesis.

Empecemos por el texto. La Torá dice (Vaikrá 23:43) que habitamos en cabañas “para que sepan las generaciones que en sucot hice habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de Egipto”. ¿Y qué eran esas cabañas? El Talmud (Sucá 11b) trae una discusión hermosa: Rabí Eliézer dice que eran las nubes de gloria, ananei hakavod; Rabí Akivá dice que eran chozas de verdad. O sea que hasta la protección original fue, o algo que no podías tocar, o cuatro palos en el desierto. Nunca fue una pared gruesa. Rab Jonathan Sacks Z´L lo llamaba “la festividad de la inseguridad”: la única fiesta que celebramos, a propósito, sin la seguridad del hogar. Casi todos los pueblos levantaron monumentos de piedra para gritar “esto dura para siempre”. Nosotros festejamos lo más alegre del año en una choza que se desarma con el viento.

Y en el centro de esos días, cuatro plantas atadas (Vaikrá 23:40). El midrash (Vaikrá Rabá 30:12) las lee así: el etrog tiene gusto y perfume; el lulav, gusto sin perfume; el hadás, perfume sin gusto; y la aravá, la ramita de sauce, no tiene ni una cosa ni la otra. Cuatro maneras de ser persona: el que tiene saber y buenas obras, el que tiene una sola, y el que aparentemente no tiene ninguna. ¿Y qué dice D´s, según ese midrash? Que se aten todos juntos en un mismo manojo, y unos expíen por otros. La mitzvá no se cumple si soltás una sola especie. Ni siquiera podés hacer el gesto sin el que, dicen, no trae nada. No lo toleramos: lo necesitamos.

Y fijate que no se agarran con la cabeza: se agarran con el cuerpo. Otro midrash (Vaikrá Rabá 30:14) dice que el lulav es la columna, el etrog el corazón, el hadás los ojos y la aravá los labios. Levantás las cuatro especies y estás levantando una persona entera. La alegría judía no es un concepto: se para, se sostiene, se agita.

Ahora la parte más humana. Nos pasamos la vida construyendo corazas: el título, la casa, la cara que ponemos para entrar a una reunión. La coraza protege, no lo discuto. Pero la misma pared que te cuida es la que deja al otro afuera, y uno puede terminar perfectamente seguro y perfectamente solo. La sucá es la decisión contraria: bajar la guardia, abrir la puerta. Por eso la tradición manda invitar a los ushpizín, los huéspedes celestiales. Pero el Zohar agrega algo que incomoda: la porción de esos huéspedes ilustres es, en realidad, la porción del pobre. Si te sentás a disfrutar tu sucá y en tu mesa no hay lugar para el que no tiene, los huéspedes se van. No hay alegría privada que sea kasher.

Por eso el Rambam (Hiljot Lulav 8:15) se anima a decir algo picante: la alegría con la que hacés la mitzvá es, ella misma, un gran servicio a D´s, y el que se guarda de esa alegría merece reproche. La simjá no es el postre de la mitzvá. Es la mitzvá.

Y entonces, el techo. El techo se deja abierto (esto es ley) para que, cuando levantes la vista desde adentro de esa casa frágil, todavía se vean las estrellas. Ahí está todo. Salís de la pared que te separaba, te sentás en una casa que cualquiera puede mirar por arriba, ponés al otro en tu mesa, y recién ahí mirás hacia arriba. Como si la única manera de ver el cielo fuera bajar un poco las defensas.

Que lo que te sostiene, al final, nunca haya sido la pared.

Jag saméaj! Shabat Shalom!
Wally Liebhaber

Haftara Haazinu

Haftarát Haazinu – Shabat Shubá
Hoshea 14: 2-10, Ioel 2:11-27, Mijá 7:18-20

Hoshea 14 – Hoshea le suplica a Israel que retorne – Shuvá Israel

Es este un momento cumbre del calendario judío, es el tiempo de retornar a la esencia del alma. Sabat Shuvá, Teshuvá!

Sabemos que en la vida hay tiempos de acercamiento y alejamiento del Ha Kadosh Baruj Hu, pero el sonido del shofar, interpela cada año con su llamado a retornar.

Teshuvá, en días tan especiales es un movimiento íntimo en que el hombre, se busca a si mismo con honestidad e intenta reconocer sus errores, reparar sus propias heridas y al mismo tiempo salir a reparar faltas que ha tenido con su prójimo. Con esta práctica, nace a la esperanza de lograr un nuevo equilibrio interior y llegar entonces al ciclo siguiente del calendario con menos velos y con un fuego más ardiente de su Neshamá que lo ayude a salir de su pequeño yo en búsqueda de lo que lo trascienda.

Ha Kadosh Baruj Hu llama y el hombre se presenta. Ineni!

¡El texto de la Haftará tiene pasajes de máxima belleza!

Hoshea

“Yo seré para Israel como el Rocío, florecerá como un rosal y echará abundantes raíces…” Hoshea 14. 5 “Efraim dirá ¿Qué necesidad tengo yo de ídolos?… Soy como un ciprés siempre verde.” “Tu fruto provendrá de Mi…. Hoshea 9.5”
“El que sea sabio que considere estas cosas… Porque rectos son los senderos de Hashem- Los justos andarán en ellos.
El que sea inteligente que las sepa. Porque rectos son los senderos de Hashem- los justos andarán en ellos y los trasgresores tropezarán…” Hoshea 10.5

Ioel 2 – La posibilidad del arrepentimiento esta latente

“Vuelvan a Mi de todo corazón…” Ioel 2 12. “Rompan sus corazones, no sus ropas y vuelvan hacia Hashem su Elokim, porque es bueno y compasivo tolerante antes de enojarse, sumamente benévolo y renuncia al mal” Ioel 2 13 “El que sea consciente que vuelva y se arrepienta…” Ioel 2 14 Toquen el Shofar en Tzion…” Ioel 2 15 “No temas, regocíjate, alégrate pues Hashem hizo grandes actos…” Ioel 2 21 “Hijos regocíjense, y alégrense con el Ha Kadosh Baruj Hu” Ioel 2 23.

Mijá 7 – Ha kadosh baruj Hu perdona a Su pueblo

“¿Quién es como tú que perdona la iniquidad, y pasa por alto la trasgresión del remanente de tu heredad? El no mantiene su ira para siempre, pues desea su bondad”. Mijá 18 “Una vez más anulará nuestras trasgresiones y arrojará nuestros pecados a las profundidades del mar.” Mijá 7 19

Quiera Ha Kadosh Baruj Hu consigamos elevar nuestras plegarias y tener entrega total a esté Shabat Shuvá para que este Iom Kipur sea una verdadera fiesta de redención espiritual para cada Neshamá.

¡Shana Tova u Metuka, Gmar Jatima Tova!

¡Que el mundo todo sea sellado e inscripto en el libro de la vida y se abran las puertas de la Refua, Ahaba y Parnasa Tova para todos sin distinción!

Daliah Ruth Bath Shlomó y Bath Janá

Parasha Haazinu

Estamos al llegando al final del libro de Devarim y con él al final de la lectura de la TOrah.

Moshé esta pronunciando sus ultimas palabras ante el pueblo de Israel y no les habla como un líder que da instrucciones. Les canta. Les canta citando el pasado y el futuro.

Una gran parte de la porción de la Torá Haazinu (Oigan) consiste en una “canción” de 70 líneas dicha por Moshe al pueblo de Israel en el último día de su vida.

Durante un mes instruyó al pueblo. Les habló de su historia, de su destino, y de las leyes que practicaría esa sociedad, comprometidas por el pacto con Dios. Moshé renovó el pacto y luego entregó el liderazgo a su discípulo y sucesor, Ioshúa. Antes de bendecir al pueblo, tribu por tribu, Moshé debía pronunciar su mensaje profético con tal impacto y fuerza que el pueblo lo recordara por siempre.

Y sabia que su mejor aliada era la música. Por eso, lo último que hizo Moshé antes de dar la bendición final fue enseñarles una canción. Una acción para despertar.

Es un canto al futuro, convocando como testigos el cielo y la tierra, eternos compañeros por todas las generaciones. Es una hermosa manera de dejarnos enseñanzas por siempre. El legado del coraje y la valentía; seguros y confiados hacia la tierra prometida, sabiendo que la conquista es la de cada día.

Los ancianos, con su sabiduría y experiencia; serán maestros ayudando a construir el futuro. Y la propia experiencia sumará anécdotas al legado que transmitirán.

Estos días de Iamim Norahim trabajamos con alma y espíritu para transformar nuestras vidas y hacerlas más significativas. Dedicado, intenso y profundo. A conciencia y con responsabilidad, para entonces así construir esa paz que tanto ansiamos, la que nos permite cerrar etapas y proceso y generar energía para nuevos comienzos.

Los cielos y la tierra aún nos dan unos días más para escuchar este canto de Moshé y aprehenderlo; recuperar en cada melodía sus palabras y hacerlas propias.

Adueñarnos de la historia de nuestro pueblo imprimiendo palabras personales que construyan, que trasciendan, que vibren en música.

Porque nuestras raíces nos nutren, nos alimentan, están vivas mientras sepamos como queremos construir las puentes que unen.

Moshé se despide y en su tramo final canta.

En DeVarim 32:20 dice, …”Dijo Ds, voy a ocultar mi rostro de ellos …” ¿Qué significa que Ds oculte su rostro?… tal vez nos invita a encontrar respuestas en aquello que no está a la vista, en lo que no es obvio ni evidente.

Invita a “escuchar”, a “ahazinu”… otras voces… la nuestra, la interna, la profunda.

Quizás sea momento de recuperar la voz de la esperanza y la alegría, de la aceptación y la liberación; del perdón y las disculpas; para nosotros también cantar cada día de nuestras vidas.

A pocos días de Yom HaKipurim, aHazinu nos invita a detenernos y escuchar: nuestro corazón, nuestra conciencia y esa voz interior, la del Alma. Dejar aunque sea por unos momentos el ruido de afuera y escuchar lo que está ocurriendo dentro de nosotros. Porque el “ocultamiento” no significa ausencia. Es exactamente lo contrario. Si esta oculto, ESTÁ.

Cerrá tu ojos, abrí tu corazón… Y allí lo encontrarás, cada instante de esta maravillosa VIDA.

Gmar Jatia Tová
Silvia Dvoskin