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Parasha Bo

Parashá Bo es la tercera parashá del libro de Shemot. En ella se relatan las últimas tres plagas que caen sobre Egipto —langostas, oscuridad y la muerte de los primogénitos—, aquellas que finalmente permiten la salida del pueblo de Israel de la esclavitud. No es solo el cierre de una serie de castigos; es el punto de quiebre que abre el camino hacia la libertad.

Pero Parashá Bo no habla solo de Egipto. Habla de nosotros.

La palabra “Bo” significa “Ven”. No dice “andá”, dice “Ven conmigo”. D’s no envía a Moshé solo frente al Faraón, entra con él en el corazón del poder, en el lugar más oscuro. Ese detalle no es menor.

A veces creemos que para enfrentar lo difícil tenemos que estar fuertes o seguros, cuando en realidad lo primero que necesitamos es sentir que no estamos solos.

El Faraón representa ese poder que se endurece, que se niega a escuchar, incluso cuando la realidad insiste y muestra lo contrario.

La Torá nos deja una enseñanza incómoda, no siempre el cambio falla por carencia de señales, sino por una falta profunda de voluntad. Muchas veces las advertencias están, las consecuencias también, y aun así el corazón continúa cerrado.

La plaga de la oscuridad es, quizás, la más actual. No se trata solo de la ausencia de luz, sino de la incapacidad de ver al otro, de ser empático. Es una oscuridad que paraliza, que aísla, que encierra a cada uno en su propio mundo. Sin embargo, en medio de esa oscuridad, el texto nos dice que para el pueblo de Israel había luz en sus hogares. La luz no estaba en el sistema, estaba en los vínculos, en la fe, en la identidad compartida.

Antes de salir de Egipto, D’s no le pide al pueblo grandes discursos ni estrategias. Les pide algo simple y profundamente valiente, marcar sus casas, reunirse, comer juntos, recordar quiénes son y de dónde vienen.

La libertad comienza cuando uno se anima a diferenciarse, incluso en silencio.

Salir de Egipto fue rápido, pero dejarlo salir de adentro nuestro nos llevó mucho más tiempo.

Y esto también nos pasa hoy. Podemos cambiar de lugar, de etapa, de realidad y aun así seguir cargando miedos, dependencias, hábitos que nos esclavizan sin que lo notemos.

Parashá Bo nos recuerda que la libertad no es hacer lo que uno quiere, sino saber quién es y cómo se debe vivir. Que no alcanza con salir; después hay que construir. Y que la memoria no es nostalgia, es responsabilidad.

Cada generación tiene su propio Egipto. Y cada uno de nosotros, en algún punto, tiene que animarse a escuchar ese “Bo”, ese “Ven” que nos invita a dar un paso hacia adelante, aun sin tener todo claro. Porque, como entonces, la salida no empieza con certezas, sino simplemente con confianza. Es ahí cuando la libertad empieza por dentro.

Que este Shabat puedas encontrar la libertad y la luz dentro tuyo, logrando la paz que solo nos puede dar el Kadosh Barjú.

Shabat Shalom
Am Israel Jai
Susy Lapilover

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