Haftara Noaj

¿Cuándo fue la última vez que te pidieron festejar algo que todavía no existe?

Eso le pasa a Sión en la haftará de Noaj. Isaías le habla a una Ierushalaim devastada, con su pueblo en el exilio, y le dice: “Cantá, estéril, la que no dio a luz” (Roni akará). A una mujer sola y sin hijos le piden que se ponga contenta cuando no tiene un solo motivo a la vista.

La frase desconcertó tanto que el Talmud la discute. Un hereje se la planteó a Beruria, la esposa de Rabi Meir: ¿por qué iba a cantar alguien por no haber tenido hijos? Ella lo llamó necio y le dijo que leyera el versículo hasta el final, donde los hijos de la desolada son más que los de la casada. Después le dio su lectura: la estéril es la congregación de Israel, que no dio a luz hijos destinados a la Gehena como los de ustedes.

Hay más. Isaías le pide que ensanche el lugar de su tienda, que alargue las cuerdas y clave bien las estacas. Es decir: prepará lugar para una familia que todavía no llegó. Primero se arma la casa y recién después se llena.

Después viene una comparación que corta el aire: “Esto es para mí como las aguas de Noaj”. Igual que juré que esas aguas no volverían a cubrir la tierra, dice D-os, juro que no voy a enojarme con vos ni a reprenderte. Los montes pueden moverse y las colinas tambalear, pero mi bondad no se aparta de vos y mi pacto de paz no se mueve.

La promesa más grande que conocemos es que el mundo no va a ser destruido otra vez. Isaías la usa para decirle a un pueblo quebrado que su futuro tiene esa misma firmeza. Y reconoce el dolor: el enojo fue «un instante» y la bondad es eterna. El dolor existió, pero no decide.

El capítulo 55 abre con otra imagen de agua: “Todos los sedientos, vengan al agua”, incluso los que no tienen plata. En el versículo 9 las aguas de Noaj eran el recuerdo de una amenaza, y acá el agua es una invitación.

Todavía no sabemos quién va a llenar la tienda, pero la haftará dice que vale la pena ensancharla.

Shabat Shalom!

Parasha Noaj

Parasha Noaj
Segundas Oportunidades Y, más….

Finalizo el Diluvio y es tiempo de salir del Arca. Di-s no da otra oportunidad. Volver a creer en el hombre, volver a crear. Un Pacto a perpetuidad con la Humanidad toda. El hombre vivirá y tendrá que volver a poblar la tierra, Di-s confía con la esperanza de haber ahogado para ¿siempre!? la corrupción la maldad, la mentira.

Hubo que lidiar con el Libre Albedrio y prestar atención a las señales de Adonai, igual que hoy, ante cada nuevo desafío, cada nuevo Mabul o cataclismo de distinta índole.

Atravesar las tormentas y la confusión diseñando a cada instante un lenguaje que hable de diversidad, de respeto, de inclusión …. de Shalom. Salir de los discursos unívocos arrogándonos el poder de estar en una Torre a la altura del cielo reeditando un Babel que solo genera y termina en más confusión.

Muchas veces ante la dificultad nos refugiamos en una pequeña Teiba flotando y dejándonos llevar por una marejada de emociones y pensamientos que nos conducen a la deriva esperando que algo o alguien venga a salvarnos. Tenemos que dar el primer paso, seguramente la tierra estará húmeda y costará hacer pie, pero tenemos muchos más recursos y herramientas de lo que generalmente creemos. Y, Él está con nosotros…

Tendremos, siempre, que trabajar nuestra parte. Con las aguas de arriba, la lluvia de bendiciones, no alcanzará. Hace un par de semanas, comenzamos a transitar un nuevo año. Nuevas Oportunidades … es tiempo de hacer y volver a encontrar el sentido del camino, la misión, el objetivo de aquello que se transforme en transcendencia dejando un legado que hable de nuestra esencia.

Confío en que un nuevo pacto es posible, aunque a veces, muchas, la realidad me muestre su peor cara. Si podemos anclarnos a tierra, a la que es Promesa para cada uno de nosotros y, juntos mirar al cielo, tal vez podamos descubrir en los colores del Arco Iris que todavía tenemos un mar de oportunidades.

Prasha Noaj es un cúmulo de metáforas que nos interpela hoy, en una tierra plagada de enfrentamientos y desencuentros de todo tipo. La Historia de la humanidad no ha sido una línea recta, sino un ciclo constante de reinicios. Gran parte de las crisis colectivas ocurren por no respetar los Pactos, generando rupturas en la ética establecida, socavando finalmente el respeto y la comprensión entre los seres humanos. El colapso del Diluvio y la fractura de Babel nos enseñan que ni el aislamiento ni la soberbia pueden sostener a una sociedad a largo plazo.

La verdadera evolución humana no se mide por la altura de nuestras infraestructuras, sino por la profundidad de nuestras conexiones y la capacidad de hacernos cargo del bienestar común. Nuestro mayor desafío es aprender a construir arcas colectivas, que incluyan, sobre todo, espacios comunitarios de consenso para potenciarnos, en lugar de torres individuales insistiendo en asaltar el cielo con ladrillos de autosuficiencia y soberbia….

Shabat Shalom Umeboraj
Sandra Leb Epstein

Parasha Bereshit

PARASHA BeReiSHitT – בראשית
BeReiShit (Génesis) 1:1–6:8

BEREISHIT, Esta semana comenzamos un nuevo ciclo de lectura de la Torah con Bereshit, nombre del primer libro y de la primera parashá.
La creación por seis dias, shabat, descripción del Gan Eden, el Hombre, instrucciones, el réptil & Java y la consecuencia de esa intersección, Cain & Abel, descendientes de Cain, nacimiento de Shet y Enosh, diez generaciones entre Adam y Noah.
Primer gran divorcio en puerta D’s habla de borrar al Hombre de la faz de la tierra, y cierra con “MAS NOAJ HALLÓ GRACIA ANTE LOS OJOS DE HASHÉM” (Bereishit 6:8)

Verbos. Crear, formar, hacer, decir, VER y OIR, o MIRAR y ESCUCHAR.

En Bereishit, hay enunciados, hay creación, hay luz, hay bueno, hay muy bueno. Hay orden, hay descripciones, hay conversaciones, hay riesgo de disolución y hay alguien (Noah) que “…halló gracia ante LOS OJOS DE HASHÉM” (Bereishit 6:8)

Estamos en la semana BEREISHIT, y es semana Bereishit de cada año.
Semana “Principio”.
Semana “Orígen”.
Semana “Germen”.

Un principio no es un comienzo. Y siempre hay algo antes.
Un principio es una oportunidad, se ese gran y esperanzador momento en el que puedo tomar todo eso con lo que cuento y REORDENARLO.
Un principio es una BISAGRA.

BEREISHIT ES EL PRINCIPIO DE LA CREACION.
Y eso solo significa que es la oportunidad de disponer nuevas reglas y armar un nuevo escenario.
Porque claro, La Creación no estamos hablando de un momento pasado hace millones de años; es un proceso que está sucediendo aquí y ahora, en cada respiro de mi vida.
En cada vuelta de ciclo está incluida la sabiduría o la instrucciones que anteriormente no supimos ver o no supimos oír, y es esta la oportunidad de reiniciarla. Es un espiral, y vas conformándolo tal lo fuiste alimentando.

“Bereshit” se traduce como “en el principio” pero también decimos que puede leerse como “be rosh”, “en la cabeza”, en relación al “pensamiento de la Creación”. Y es que allí está el principio de todo, en nuestros pensamientos. Así que tal vez puedas imaginar que tu cabeza es el mundo y visualizarte como Dios, iluminando el caos con la Luz de tu Alma, transformando tu realidad desde el pensamiento y las emociones que la originan.
Tu Moshé interno puede escribir una nueva Torah. Podes tomar esas ideas y ver cómo aplicarlas a tu vida.
Y como siempre, eres Creador, así que sigue tu inspiración en vez de estas palabras y elige cómo comienza HOY tu nueva Vida.

Desarrolla, y define nuevas reglas. Eso creará tu nuevo escenario.
Es tu derecho y tu obligación crear una vida en exquisita y sutil alineación con lo que deseas ser.

Siempre está la oportunidad del Bereishit
Y la Torah como fuente de sabiduría lo pone a nuestra disposición cada instante.

CREA TU VIDA -CREE TU VIDA-.

SERÁ. QUE ASI SEA.

Shabat Shalom Umeboraj
Silvia Dvoskin

Haftara Bereshit

“Hacer de Bereshit el primer capítulo de nuestra creación”, por Seba Cabrera Koch.

HAFTARÁ BERESHIT – Comentario a Isaias (Ieshaia) 42:5 al 43:10

Nos reencontramos en el reshit, el comienzo, para volver a cantar juntos la Torá en comunidad. Desde el primer versículo, la cadencia de las palabras vuelven a conmovernos, cual melodía que brota de una partitura infinita: “Bereshit bará Elohim et hashamaim veet haaretz… En el principio creó Elohim los cielos y la tierra”.

D-s crea el mundo en seis días y “descansa” el séptimo, instituyendo el shabat, con una humanidad creada betzelem Elohim (“a imagen de D-s”), confiándole el dominio y el cuidado de todo lo creado.

Los capítulos siguientes nos llevan desde el plano cósmico y metafísico al plano personal y concreto: el Jardín del Edén, el Árbol del Conocimiento y el asesinato de Abel por Caín abordan la tentación, la desobediencia, las consecuencias del libre albedrío y la responsabilidad moral (“¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?”).
Más adelante, las generaciones desde Adán hasta Noé, y el aumento de la maldad humana, preparan el terreno para la narración del Diluvio en la siguiente lectura.

La Haftará que nos convoca conecta con la primera porción de la Torá, con el profeta Isaías presentando a D-s como “el que creó los cielos y los extendió, el que hizo la tierra y todo lo que crece en ella” (Isaías 42:5).

Enseña el Midrash que la Torá era el plano con el que D-s construyó el mundo. Como un arquitecto que mira sus planos antes de empezar a construir, el Creador miró la Torá antes de crear: del caos, el orden; de la oscuridad, la luz; del silencio, la palabra.

Esta semana, como cada año cuando volvemos a Bereshit, recibimos el regalo de iniciar un nuevo ciclo de lectura: es la posibilidad de volver a comenzar. Hace apenas unos días viviamos el clímax de los iamim noraim, el templo lleno, la conexión sublime con las tefilot. Nos emocionamos con los mismos rezos y oraciones… y es que el texto no cambia, solo cambian los ojos que los leen, y el corazón de quien los recibe.

Imaginen si alguien cada año se enfrenta nuevamente a las mismas páginas, abre las mismas puertas, recorre los mismos lugares, los mismos caminos, y nada le sucede.

Hace poco el algoritmo me sorprendió con una entrevista del año 2011, en la que el filósofo Dario Sztajnszrajber y el Rabino Alejandro Avruj reflexionaban acerca de las festividades, y de Rosh haShaná en particular. Para ilustrar su respuesta, el Rab explica que justamente en Génesis, encontramos a Matusalén, quien vivió 969 años pero cuya historia podría contarse en un renglón: “El problema con Matusalén se resume en que vivió casi mil veces el mismo año; es una advertencia del peligro de vivir años y años repitiendo los mismos patrones, los mismos hábitos, sin transformarse, sin aprender, sin evolucionar como persona en cada ciclo. Podés ser exactamente el mismo, o podés trabajar para ser otro tipo de persona cada vez”.

Ese es el secreto: cada momento de espiritualidad puede ser una oportunidad para detenernos y reflexionar sobre quién es uno ahora, en este momento. Siempre tenemos la oportunidad de resignificar cada elección, cada momento, cada viaje.

El día hebreo comienza al atardecer: primero se transita la oscuridad, que con el tiempo abre paso a la claridad de la luz: “;Y fue la tarde y fue la mañana: día uno” ; (Génesis 1:5). Que fuerte es pensar que toda etapa luminosa de nuestra vida nació en una noche. No puedo dejar de pensar que quien hoy atraviesa oscuridad, puede estar en el primer capítulo de su creación, rompiendo los patrones de repetición inconsciente que quizás lo mantuvieron atado o alejado demasiado tiempo de su mejor versión.

Se puede volver a comenzar. Esto es toda una declaración. Porque no hay error o fracaso tan grande que no resista un nuevo comienzo. El mismo que en la Creación dijo “haya luz”, sigue pronunciándolo creando luz para ordenar el caos al que posiblemente se ve empujada nuestra vida.

Pienso que tal vez Bereshit es esa voz, que es a veces susurro, a veces trueno, que nos ayuda a romper la inercia de los días tachados en un almanaque, pidiendo que llenemos de significado cada uno de nuestros instantes.

Gracias a D-s, Bereshit no solo es la pausa que nos sostiene, es el valor que nos impulsa a mejorar.
Es Hoy. Un día a la vez.

Shabat Shalom amigos!
Sebastián Cabrera Koch

Bibliografía, notas y lecturas recomendadas:
-Haftarah for bereshit. Etz haim humash. 2026 © Exploring Judaism
-Midrash Bereshit Rabbá 1:1, texto y comentarios. 2026 © Sefaria
-Parashat Bereshit. Génesis 1:1 – 6:8. 2026 © HaTanakh
-Reflexiones. Bereshit. 2026 © Beit Midrash Bene Israel
-Sztajnszrajber D. “Entrevista a Alejandro Avruj”. Youtube. 2011 © YOKTIME

Haftara Shemini Atzeret

Haftará Shmini Atseret
“BAILAR BAJO UN TECHO QUE GOTEA”

Sem. Brian Bruh

“Vesamajta bejagueja vehaita aj sameaj”
— “Te alegrarás en tu fiesta y serás solamente feliz.” (Devarim 16:14-15)
Que hay que hacer entonces en Sucot?
Hermoso.
Poético.
Pero cruel, ¿no?
¿Qué pasa con el que no tiene fiesta?
Con el que no tiene mesa, ni familia, ni techo.
¿Cómo se le dice a alguien así: sé feliz?

Discúlpenme pero nosotros dedicamos nuestro día a día a acompañar almas, muchísimas en momentos mega felices, y otras tantas a gente que sin duda no está pudiendo sonreír, ¿como le digo?: ¡dont worry be happy!
Y sin embargo, justo después de Iom Kipur —cuando la gente todavía se sacude culpas, lágrimas, pérdidas, la Torá viene y dice:
“Salí a la sucá, viví en una cabaña frágil, y ahí… vas a encontrar alegría.”
Sucot no niega la fragilidad. Te invita a habitarla.

El Zohar (III, 103a) llama a la sucá tzilá dehemnutá — “la sombra de la fe”.
No dice “la casa de la fe”, dice sombra.
La sombra no protege. No calienta. No construye.
Pero acompaña.
“El que entra a la sucá entra bajo la sombra de la fe, y la Presencia Divina lo envuelve como un abrazo.”
Un abrazo que no resuelve, pero contiene.

El Sfat Emet (Rav Yehuda Aryeh Leib Alter (1847–1905), también conocido como el Rebe de Gur en Sucot 5643) escribió:
“La sucá enseña que el lugar del judío no es donde hay paredes firmes, sino donde hay confianza.”
Sucot no viene a prometer que vas a tener más.
Sucot viene a recordarte que aún sin tener, no estás solo. Hay sombra para vos.

¿Y si alguien no tiene nada?
¿Puede ser feliz igual?
¿O la Torá exige algo imposible?

El Talmud (Ta’anit 20b) cuenta de Najum Ish Gam Zu, que decía:
“Gam zu letová” – “Esto también es para bien.”
Incluso cuando perdió todo.
Pero el Talmud no lo romantiza:
Najum estaba ciego, mutilado, pobre.
Y aun así, encontraba sentido.
No porque estaba feliz.
Sino porque no había perdido la fe de que su historia tenía dirección y un norte.

Sucot no te pide sonreír, cuando hay algo que duele.
Te pide creer que incluso lo que duele puede ser parte de algo bueno. Es encontrar en la perdida de un ser querido, el freno al sufrimiento y al dolor por la enfermedad.
Esa es la diferencia entre felicidad y simjá.
La felicidad depende de lo que tenés.
La simjá depende de lo que significa.

Y entonces leemos Kohelet, de los textos más tristes si no es EL texto más triste del Tanaj.

“Hevel havalim, hakol hevel” — “Vapor de vapores, todo es vapor.”
¿Quién programa eso? Quién mando a leer este texto hoy?
¿El mismo día que decís “zman simjatenu” — tiempo de nuestra alegría?
Leer un libro sobre el sinsentido no es contradicción. Es verdad.

Sucot dice: no hay alegría sin conciencia del vacío.
El que no se permitió llorar en Elul, no va a poder reír en Sucot.
El Rebe de Piasetzna, que enseñaba Torá en el gueto de Varsovia, escribió:
“La alegría del judío no es ausencia de dolor, sino decisión de que el dolor no gobierne su alma.”
Es bailar con un techo que gotea.

Rav Kook dice (Olat Re’iyá II):
“Sucot es la alegría del alma reconciliada con el mundo.”
No la alegría del que ganó, sino del que aceptó.
No la del que acumuló, sino del que pertenece.
La sucá no distingue al rico del pobre.
Todos comen bajo el mismo techo improvisado.
Y tal vez por eso el Midrash (Vayikrá Rabá 30:12) dice:
“El Kadosh Baruj Hu deja su palacio y viene a habitar con Israel en sus sucot.”

Dios no te espera en el cielo.
Te busca en la choza.
En el olor a ramas.
En la risa que sobrevive al viento.

No se trata de tener techo, sino de tener propósito.
No se trata de escapar del dolor, sino de encontrar sentido dentro de él. Porque cuando el cielo es tu techo, y el viento te despeina la certeza del tenerlo todo y aun así elegís agradecer, ahí empieza la verdadera alegría.
Que este Sucot nos encuentre como al mismisimo Moshe Rabenu, encontrando al Kadosh Baruj Hu en algo tan simple como una zarza ardiente, en el medio del desierto. No negando la fragilidad, sino abrazándola, porque en esa fragilidad vamos a encontrar nuestra simja.

Jag sameaj
Sem. Brian Bruh

Parasha Shemini Atzeret

Shemini Atzeret: Una festividad en si misma
Lectura de tora : Devarim 14:22 16:17

Shemini Atzeret es el octavo día que sigue a los siete días de Sucot. Es una festividad bíblica independiente y poco conocida que encontramos en Vaikra cap 23:36.

Esta festividad, marca el tiempo de salida de la Suca, aunque muchos residen en ella un día más, sin brajot y sin lulav. Se trata de un día sagrado y de alegría, después de haber recibido tan abundante nutrición espiritual durante siete días a la sombra de la Suca.

En este octavo día, Ha Kadosh Baruj Hú nos propone quedarnos un poco más junto a Él para llenar nuestras vasijas de los tesoros espirituales y materiales que nos otorga.

En Sheminí Atzeret, superamos las barreras del mundo natural del siete para alcanzar aún una mayor comprensión desde el nivel de Binah.

La porción de Torá que leemos en esta oportunidad es Devarim 14: 22 -16:17.

En ella leemos a cerca del diezmo, el año sabático, la ayuda a los pobres, huérfanos y viudas; la condonación de las deudas a su tiempo, a cerca del trato para con el esclavo hebreo, la protección a los Levitas y la importancia de conformar de un sistema judicial justo.

Una vez más, Ha Kadosh Baruj Hú nos llama a despertar con fuerza un corazón sensible y a pensar en el prójimo:

“Cuídate de que en tu corazón algún pensamiento negativo te diga: Se acerca el séptimo año de la condonación de deudas… y entonces mires con malicia a tu hermano menesteroso y no le prestes.” Devarim 15:9 “Préstale y que no te duela el corazón por eso, pues de ese modo te bendecirá Hashem en todo lo que emprendas.” Devarim 15:10

“Siempre habrá menesterosos en la tierra, por eso te pido que abras generosamente tu mano pues de ese modo te bendecirá Hashem tu Elokim en todo lo que hagas …” Devarim15:11

Más adelante leemos a cerca de las fiestas de peregrinación: Pesaj, Shavuot y Sucot con las reglas que rigen para cada una y se nos recuerda no olvidemos que fuimos esclavos y que aún lo somos en distintas formas de idolatrías, que es necesario identificar y erradicar de nuestro interior para siempre.

En medio de estas lecturas el ciclo de las Altas fiestas va llegando a su punto cúlmine; la alegría individual se amplifica estando en comunidad.

Juntos cerramos un ciclo para ingresar a un nuevo Bereishit. Lo hacemos estudiando y danzando renovados junto a los rollos de nuestra sagrada Tora.

Quiera el Santo Bendito sea que este Simjat Tora sea de máxima alegría y celebración para todo Am Israel y que la sabiduría de la Tora guie nuestras vidas.

Shabat Shalom!
Moadim lesimjá!

Daliah Ruth Faingold bat Shlomó, Bat Janá

Haftara Sucot I

La Haftará comienza con el profeta Zejariá describiendo un mundo quebrado: “Las naciones suben a Ierushalaim para hacer la guerra”.

Pero unos versículos después, imagina, profetiza, a esas mismas naciones volviendo a subir: “Subirán año tras año… para celebrar la fiesta de Sucot”.

Es el mismo camino, la misma ciudad sagrada, la misma humanidad. Pero ya no suben para enfrentarse, sino que suben para encontrarse.

Quizás por eso Sucot llega apenas después de Iom Kipur.

En Iom Kipur hablamos de las grietas que abrimos entre nosotros, de las palabras con las que alejamos, de las veces que convertimos al otro en enemigo. Y pocos días después entramos todos debajo de una Sucá.

Una casa frágil, abierta, en la que nadie puede convencerse demasiado de que su pared es más fuerte que la del otro.

El sueño de Zejariá no es un mundo en el que todos pensemos igual. Es un mundo en el que aprendamos a dejar de subir hacia el otro לַמִּלְחָמָה lamiljamá, para la guerra, y empecemos a subir hacia el otro לָחֹג lajog, para celebrar juntos.

De la guerra al encuentro. De la grieta a la Sucá.Trabajemos juntos por ese sueño.

Jag Sucot Sameaj,
Rab Mati Bomse

“BAILAR BAJO UN TECHO QUE GOTEA”
Sem. Brian Bruh

“Vesamajta bejagueja vehaita aj sameaj”
— “Te alegrarás en tu fiesta y serás solamente feliz.” (Devarim 16:14-15)
¿Qué hay que hacer entonces en Sucot?
Hermoso.
Poético.
Pero cruel, ¿no?
¿Qué pasa con el que no tiene fiesta?
Con el que no tiene mesa, ni familia, ni techo.
¿Cómo se le dice a alguien así: sé feliz?

Discúlpenme pero nosotros dedicamos nuestro día a día a acompañar almas, muchísimas
en momentos mega felices, y otras tantas a gente que sin duda no está pudiendo sonreír,
¿Cómo le digo?: Dont worry, be happy!
Y sin embargo, justo después de Iom Kipur —cuando la gente todavía se sacude culpas,
lágrimas, pérdidas, la Torá viene y dice:
“Salí a la sucá, viví en una cabaña frágil, y ahí… vas a encontrar alegría.”
Sucot no niega la fragilidad. Te invita a habitarla.

El Zohar (III, 103a) llama a la sucá tzilá dehemnutá — “la sombra de la fe”.
No dice “la casa de la fe”, dice sombra.
La sombra no protege. No calienta. No construye.
Pero acompaña.
“El que entra a la sucá entra bajo la sombra de la fe, y la Presencia Divina lo
envuelve como un abrazo.”
Un abrazo que no resuelve, pero contiene.

El Sfat Emet (Rav Yehuda Aryeh Leib Alter (1847–1905), también conocido como el Rebe
de Gur en Sucot 5643) escribió:
“La sucá enseña que el lugar del judío no es donde hay paredes firmes, sino
donde hay confianza.”
Sucot no viene a prometer que vas a tener más.
Sucot viene a recordarte que aún sin tener, no estás solo. Hay sombra para vos.

¿Y si alguien no tiene nada?
¿Puede ser feliz igual?
¿O la Torá exige algo imposible?

El Talmud (Ta’anit 20b) cuenta de Najum Ish Gam Zu, que decía:
“Gam zu letová” – “Esto también es para bien.”
Incluso cuando perdió todo.
Pero el Talmud no lo romantiza:
Najum estaba ciego, mutilado, pobre.
Y aun así, encontraba sentido.
No porque estaba feliz.
Sino porque no había perdido la fe de que su historia tenía dirección y un norte.

Sucot no te pide sonreír, cuando hay algo que duele.
Te pide creer que incluso lo que duele puede ser parte de algo bueno. Es encontrar en la
perdida de un ser querido, el freno al sufrimiento y al dolor por la enfermedad.
Esa es la diferencia entre felicidad y simjá.
La felicidad depende de lo que tenés.
La simjá depende de lo que significa.

Y entonces leemos Kohelet, de los textos más tristes si no es EL texto más triste del Tanaj.

“Hevel havalim, hakol hevel” — “Vapor de vapores, todo es vapor.”
¿Quién programa eso? Quién mando a leer este texto hoy?
¿El mismo día que decís “zman simjatenu” — tiempo de nuestra alegría?
Leer un libro sobre el sinsentido no es contradicción. Es verdad.

Sucot dice: no hay alegría sin conciencia del vacío.
El que no se permitió llorar en Elul, no va a poder reír en Sucot.
El Rebe de Piasetzna, que enseñaba Torá en el gueto de Varsovia, escribió:
“La alegría del judío no es ausencia de dolor, sino decisión de que el dolor no
gobierne su alma.”
Es bailar con un techo que gotea.

Rav Kook dice (Olat Re’iyá II):
“Sucot es la alegría del alma reconciliada con el mundo.”
No la alegría del que ganó, sino del que aceptó.
No la del que acumuló, sino del que pertenece.
La sucá no distingue al rico del pobre.
Todos comen bajo el mismo techo improvisado.
Y tal vez por eso el Midrash (Vayikrá Rabá 30:12) dice:
“El Kadosh Baruj Hu deja su palacio y viene a habitar con Israel en sus sucot.”

Dios no te espera en el cielo.
Te busca en la choza.
En el olor a ramas.
En la risa que sobrevive al viento.

No se trata de tener techo, sino de tener propósito.
No se trata de escapar del dolor, sino de encontrar sentido dentro de él.
Porque cuando el cielo es tu techo, y el viento te despeina la certeza del tenerlo
todo y aun así elegís agradecer, ahí empieza la verdadera alegría.
Que este Sucot nos encuentre como al mismisimo Moshe Rabenu, encontrando al Kadosh
Baruj Hu en algo tan simple como una zarza ardiente, en el medio del desierto. No negando
la fragilidad, sino abrazándola, porque en esa fragilidad vamos a encontrar nuestra simja.

Jag sameaj
Sem. Brian Bruh

Parasha Sucot I

Seamos sinceros por un segundo. Si un arquitecto te presentara el proyecto de la sucá, lo echabas. “Mirá, tenés una casa con paredes que aguantan y un techo que, milagrosamente, no gotea. Bueno: la idea es que la dejes, te mudes siete días a una casilla de tres paredes, y que el techo (esto es importante) gotee. Por norma.” Le pedís la matrícula y lo acompañás a la puerta. Y sin embargo, a esa mudanza absurda la Torá le puso el mejor nombre de todo el calendario: zman simjaténu, el tiempo de nuestra alegría.

No es un descuido de redacción. Es una tesis.

Empecemos por el texto. La Torá dice (Vaikrá 23:43) que habitamos en cabañas “para que sepan las generaciones que en sucot hice habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de Egipto”. ¿Y qué eran esas cabañas? El Talmud (Sucá 11b) trae una discusión hermosa: Rabí Eliézer dice que eran las nubes de gloria, ananei hakavod; Rabí Akivá dice que eran chozas de verdad. O sea que hasta la protección original fue, o algo que no podías tocar, o cuatro palos en el desierto. Nunca fue una pared gruesa. Rab Jonathan Sacks Z´L lo llamaba “la festividad de la inseguridad”: la única fiesta que celebramos, a propósito, sin la seguridad del hogar. Casi todos los pueblos levantaron monumentos de piedra para gritar “esto dura para siempre”. Nosotros festejamos lo más alegre del año en una choza que se desarma con el viento.

Y en el centro de esos días, cuatro plantas atadas (Vaikrá 23:40). El midrash (Vaikrá Rabá 30:12) las lee así: el etrog tiene gusto y perfume; el lulav, gusto sin perfume; el hadás, perfume sin gusto; y la aravá, la ramita de sauce, no tiene ni una cosa ni la otra. Cuatro maneras de ser persona: el que tiene saber y buenas obras, el que tiene una sola, y el que aparentemente no tiene ninguna. ¿Y qué dice D´s, según ese midrash? Que se aten todos juntos en un mismo manojo, y unos expíen por otros. La mitzvá no se cumple si soltás una sola especie. Ni siquiera podés hacer el gesto sin el que, dicen, no trae nada. No lo toleramos: lo necesitamos.

Y fijate que no se agarran con la cabeza: se agarran con el cuerpo. Otro midrash (Vaikrá Rabá 30:14) dice que el lulav es la columna, el etrog el corazón, el hadás los ojos y la aravá los labios. Levantás las cuatro especies y estás levantando una persona entera. La alegría judía no es un concepto: se para, se sostiene, se agita.

Ahora la parte más humana. Nos pasamos la vida construyendo corazas: el título, la casa, la cara que ponemos para entrar a una reunión. La coraza protege, no lo discuto. Pero la misma pared que te cuida es la que deja al otro afuera, y uno puede terminar perfectamente seguro y perfectamente solo. La sucá es la decisión contraria: bajar la guardia, abrir la puerta. Por eso la tradición manda invitar a los ushpizín, los huéspedes celestiales. Pero el Zohar agrega algo que incomoda: la porción de esos huéspedes ilustres es, en realidad, la porción del pobre. Si te sentás a disfrutar tu sucá y en tu mesa no hay lugar para el que no tiene, los huéspedes se van. No hay alegría privada que sea kasher.

Por eso el Rambam (Hiljot Lulav 8:15) se anima a decir algo picante: la alegría con la que hacés la mitzvá es, ella misma, un gran servicio a D´s, y el que se guarda de esa alegría merece reproche. La simjá no es el postre de la mitzvá. Es la mitzvá.

Y entonces, el techo. El techo se deja abierto (esto es ley) para que, cuando levantes la vista desde adentro de esa casa frágil, todavía se vean las estrellas. Ahí está todo. Salís de la pared que te separaba, te sentás en una casa que cualquiera puede mirar por arriba, ponés al otro en tu mesa, y recién ahí mirás hacia arriba. Como si la única manera de ver el cielo fuera bajar un poco las defensas.

Que lo que te sostiene, al final, nunca haya sido la pared.

Jag saméaj! Shabat Shalom!
Wally Liebhaber