Esta semana comenzamos con la lectura del segundo libro de la Torá, Shemot conocido como Éxodo. Su primer parashá se llama igual y significa “Nombres”.
Relata el comienzo de la esclavitud del pueblo de Israel en Egipto y el surgimiento de Moshé como líder.
La Torá enumera primero los nombres de los hijos del patriarca Jacob, que tras su fallecimiento, serán el origen de las doce tribus de Israel,que se multiplicarán; recordándonos que incluso en contextos de opresión como la esclavitud, la identidad no se borra.
El crecimiento del pueblo, despierta el miedo del Faraón, que responde con decretos de control, trabajo forzado y violencia, intentando quebrar no solo los cuerpos, sino también el espíritu.
En medio de ese escenario surgen actos de valentía silenciosa: mujeres que desobedecen órdenes injustas como las parteras Shifrah y Puah; el de una madre que protege la vida Jocabet; una hermana que desafía a su padre y cuida a la distancia Miriam; y una figura inesperada —la hija del faraón, posteriormente llamada Batia— que elige la compasión por sobre la obediencia ciega.
De ese entramado de heroicas mujeres, nace Moshé, quien crece entre dos mundos. Criado como príncipe, al presenciar la injusticia, ya no puede permanecer indiferente.
Este relato se asemeja con fuerza con la realidad actual de Israel. Un país que vive en tensión constante, marcado por el dolor, la amenaza externa, el duelo y la incertidumbre, pero también por una profunda capacidad de resiliencia.
Como en Egipto, el miedo puede endurecer corazones y empujar a decisiones extremas y como entonces, el desafío es no perder la humanidad en medio del conflicto.
Moshé se auto destierra a Madián, es ahí donde Jetro, padre de Séfora su esposa y madre de sus dos hijos Gershom y Eliezer, transforma al príncipe en un simple pastor.
No aparece como un líder seguro ni triunfal. Duda, teme, se siente insuficiente. Esa figura refleja a una sociedad israelí que hoy se pregunta, se cuestiona y debate intensamente su rumbo, su liderazgo.
La zarza ardiente, que es la voz del Kadosh Barju, representa ese momento en que no se puede seguir igual: arde el dolor, arde la realidad, pero el pueblo no se consume, sigue de pie no baja los brazos.
Shemot nos enseña que la redención no comienza cuando cesa la amenaza, sino cuando se decide responder de manera humana aún bajo presión.
En la Israel de hoy, el llamado es a sostener la vida, la memoria y la identidad sin caer en la deshumanización del otro, recordando que la fuerza del pueblo siempre estuvo en su capacidad de cuidar, cuestionar y elegir la vida incluso en los contextos más difíciles.
Laparashá, nos deja una pregunta profundamente actual:¿cómo seguir siendo un pueblo fiel a su identidad y a sus valores cuando la realidad empuja al miedo y al endurecimiento?
Porque, como en esta parashá, el camino hacia la liberación interior, comienza cuando alguien se anima a decir: “Hineni o Aquí estoy”, incluso en medio de la oscuridad. Por eso este Shabat al encender las velas que esa luz ilumine tu corazón con salud y paz para todos.
Shabat Shalom
Susy Lapilover
Am Israel Jai









