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Haftara Jol Hamoed Pesaj 1

La historia nos enseña que, una y otra vez, volvemos a levantarnos.

La Haftará que se lee en Jol HaMoed Pésaj -los días intermedios de la festividad de Pésaj- nos lleva a una de las visiones más impactantes del profeta Ezequiel: el “valle de los huesos secos” (del Libro de Iejezkel 37:1–14).

El profeta vivió en el siglo VI a.e.c., durante uno de los momentos más dolorosos de la historia del pueblo de Israel. Tras la destrucción del Primer Templo de Jerusalén por el Imperio Babilónico, en el año 586 a.e.c., gran parte del pueblo fue llevado al exilio en Babilonia. Allí, lejos de su tierra y de su centro espiritual, la sensación dominante era de derrota y desesperanza. Fue precisamente en ese contexto donde compartió sus visiones.

En una de ellas, Ezequiel es conducido a un valle lleno de huesos. No son pocos, son muchísimos y están completamente secos. Es la imagen de un pueblo que ha perdido la esperanza.

Cuando D’s le pregunta: “…¿podrán vivir estos huesos?…”, la respuesta del profeta es humilde y profunda: “…Señor, Tú lo sabes…”

Entonces ocurre algo extraordinario. Los huesos comienzan a unirse, aparece la carne, la piel… pero aún falta algo esencial: el espíritu. Solo cuando entra el aliento de vida, ese conjunto vuelve realmente a vivir.

La visión es una metáfora poderosa. Los huesos representan al pueblo de Israel en el exilio, cuando todo parece perdido y la esperanza se ha secado. Pero el mensaje divino es claro: incluso cuando la historia parece terminada, siempre existe la posibilidad de volver a levantarse y seguir adelante.

Por eso esta Haftará se lee en Pésaj. La salida de Egipto no fue solamente una liberación física; fue el nacimiento de un pueblo capaz de volver a ponerse de pie una y otra vez, con resiliencia y perseverancia, sin importar los desafíos que le toque atravesar.

La enseñanza es profundamente actual. En la vida personal y colectiva, hay momentos en que sentimos que todo está fragmentado, como huesos dispersos en un valle. Sin embargo, la tradición nos recuerda que la reconstrucción es posible. Primero se juntan las piezas, luego vuelve la forma y finalmente llega el espíritu que devuelve el sentido.

Y quizás hoy, más que nunca, esta imagen nos atraviesa. Vivimos tiempos en los que el dolor, la incertidumbre y las pérdidas pueden hacernos sentir como esos huesos secos, dispersos, sin dirección, sin rumbo.
La historia del pueblo de Israel nos vuelve a enseñar algo, incluso después de la destrucción, del exilio o del quiebre, siempre existe la posibilidad de volver a levantarse.
Pésaj no es solo memoria, es presente y es futuro.
Es la certeza de que, aun en los momentos más difíciles, hay un aliento que nos vuelve a reunir, que nos reconstruye como pueblo y como personas.
Mientras haya espíritu, mientras haya vida, no hay historia que esté terminada.
Porque la vida siempre encuentra la forma de volver.

Jag Pésaj Sameaj.
Am Israel Jai.
Susy Lapilover

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