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Parashat Tazria

El libro de Vaikra nos sumerge en el mundo de los rituales. Parashá Tazria comienza con la palabra de D-s refiriéndose al ritual femenino por excelencia, el parto.

Poco hay dicho acerca de la transformación espiritual que experimenta una mujer al dar a luz. Durante 40 semanas toda ella se va transformando en cuerpo y alma.

Esa “semilla” Zera (palabra incluida en Tazria) que crece en su interior propone nuevas formas quela atraviesan, y entonces surgen sentimientos encontrados, cambios en sus rutinas, emociones desbordadas. Una espera que despierta preguntas, anhelos, sueños, posibilidades. Esas 40 semanas la van preparando para el ritual más importante de su vida.

Todo se expande en su interior, y si se deja atravesar por esa transformación expansiva, su conciencia también crece preparándola para hacerse cargo tal vez del trabajo más importante que le fuera encomendado, criar.

Largos días y noches de preparación hasta que llega el momento de la máxima transformación, pasar de hija a madre a través de un ritual sagrado que involucra a todo su ser.

Como en la mayoría de los rituales descritos en nuestro libro, que buscan acercar el cielo a la tierra, el tiempo y el espacio se desdibujan en un ritmo propio, un pulso constante que entre contracción y contracción acercan a esa nueva vida a este lado del mundo.

Y después de semejante proeza, continua el texto diciendo: “una mujer cuando conciba y dé a luz varón, será impura siete días; conforme a los días de su menstruación será impura…. Mas ella permanecerá treinta y tres días purificándose de su sangre; ninguna cosa santa tocará, ni vendrá al santuario, hasta cuando sean cumplidos los días de su purificación…Y si diere a luz hija, será impura dos semanas, conforme a su separación, y sesenta y seis días estará purificándose de su sangre”.(Vaikra 12)

Mucho podríamos decir acerca de lo que es Tahor y Tame…, resignificarlo y no encerrarlo en su traducción de lo puro y lo impuro (respectivamente), conceptos tan atravesados por nuestra cultura, tal vez nos permita comprender que ambos estados son parte de un mismo proceso. La gestación, dicen nuestros sabios es un momento Tahor, luego del parto aparece la Tuma en la mujer. Este estado la exime de sus obligaciones rituales, y la lleva a separarse de su entorno habitual, lo cual puede ser vivido como una oportunidad que le permite a la mujer ese tiempo para volver a reunirse interiormente. Alejarse del mundo y sus tareas cotidianas parar y conectarse consigo misma y en especial con su hijo.

Esta mirada, no pretende pasar por alto los siglos de malentendidos que recayeron sobre las mujeres. Les confieso que este parashá, me sigue confrontando interiormente. Hay pasajes que sigo sin comprender, como la duplicación del tiempo de Tuma si naciera niña en vez de niño…

Algunos midrashim, lo explican diciendo que la alegría por el hijo varón es mayor que por el de la mujer, por eso se acortan los días de Tuma…

Seguro acordaran conmigo que esto no es así en el sentimiento, o por lo menos no lo es en nuestros tiempos y que afirmaciones como esa han generado perjuicios culturales que han afectado a miles de mujeres a lo largo del tiempo. Pero todas estas contradicciones me llevan a una reflexión mayor. La Tora, y especialmente Vaikra, nos confronta con el misterio, no todo nos está dado a comprender, no nos pide conformismo, nos invita a seguir buscando, a seguir generando pensamiento. Una Tora viva, siempre deja lugar a la pregunta, nos da cuenta de esa distancia entre nosotros y lo inconmensurable, nos enseña que aún en desacuerdo con alguna de sus partes se puede amar el Todo y continuar vibrando con Él.

Shabat Shalom
Grace Cobe

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