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Parasha Vaera

Parashat Vaerá: “Cuando la esperanza no tiene cabida aún”

Hay momentos en la vida en los que incluso las palabras más luminosas rebotan.

Momentos en los que alguien nos habla de futuro, de salida, de cambio… y algo dentro nuestro ya no logra escuchar. Eso le pasa al pueblo de Israel en Parashat Vaerá.

Moshé llega con el mensaje más grande que se puede imaginar: Dios escuchó el clamor, Dios vio el dolor, Dios promete liberación. Pero el texto dice algo estremecedor: “Y no escucharon a Moshé, por la angustia del espíritu y por el duro trabajo.” (Shemot 6:9). No es que no creyeran. No es que no quisieran ser libres. Es que estaban agotados por dentro. La Torá no dice solamente “trabajo duro”. Dice kotzer ruaj espíritu corto, aliento estrecho, alma sin aire. Es la descripción del cuerpo que está oprimido, pero también del corazón que está cansado, y ya no puede escuchar palabras esperanzadoras.

Vaerá nos habla de ese lugar tan humano: cuando uno está tan sumergido en la dificultad que incluso una buena noticia duele, porque parece lejana, irreal, inalcanzable. Y es ahí, justamente ahí, donde comienza el movimiento.

Dios no espera a que el pueblo esté listo. No les exige fe. No los reta. No les pide entusiasmo. Sigue hablando. Sigue enviando a Moshé. Sigue insistiendo con promesas.

Todavía no hay salida a la vista, no hay mar abierto, no hay melodías. Hay tensión, hay retrocesos, hay miedo. Pero ya no hay indiferencia.

Y quizás ese sea uno de los mensajes más profundos de esta parashá: la redención no empieza cuando todo se resuelve. Empieza cuando alguien vuelve a hablarnos dentro de Egipto.

Cuando en medio de nuestras esclavitudes personales, de nuestros miedos, de nuestros hábitos que nos oprimen, de nuestras tristezas que nos achican el alma, algo —o alguien— nos recuerda que no nacimos para vivir encerrados.

Vaerá no es la parashá de la libertad. Es la parashá del primer respiro. Del primer gesto que interrumpe la lógica de la opresión. Del comienzo de un proceso.

Y también nosotros, muchas veces, vivimos así: no en la salida, sino en el “antes”. En etapas donde todavía no vemos la solución, pero empezamos a sentir que no estamos solos. Que hay una voz que sigue llamando. Que hay una historia más grande que nuestro momento. Quizás hoy no podamos cantar. Quizás hoy no podamos escuchar del todo. Pero si seguimos leyendo Vaerá, descubrimos que incluso cuando el espíritu “está corto”, la esperanza sigue en pie. Sigue acercándose. Sigue buscándonos. Sigue creyendo en nuestra capacidad de salir… incluso antes de que nosotros mismos podamos creerlo.

Shabat Shalom
Rab. Sarina Vitas

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