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Parasha Tetzavé

Respirar Amijai: la luz que no se apaga
Hay lugares donde uno entra y algo se afloja.
El pecho se abre. El ruido baja. Y por un instante, todo respira distinto.
La parashá Tetzavé, que estudiamos esta semana, comienza con un mandato simple: traer
aceite puro para encender la luz perpetua.
La luz del Mishkán no descendía del cielo.
Dependía del aceite que traía el pueblo.
Sin aceite, no había luz.
Sin luz, el espacio sagrado se apagaba.
La Torá nos enseña algo profundo:
los lugares que nos devuelven la paz no se sostienen solos.

Tetzavé, además, es la única parashá desde el nacimiento de Moshé donde su nombre no
aparece.
El líder está, pero no figura.
Porque la luz no depende de una persona, sino de una red que sostiene.

Vivimos rodeados de ruido, exigencias y ansiedad.
Por eso necesitamos espacios donde bajar la guardia, cantar, emocionarnos y sentir que no
estamos solos.
Eso no sucede por casualidad.
Sucede porque hay quienes prenden la luz, acomodan, organizan, escuchan y sostienen.
Sucede porque existe una comunidad como Amijai.

El mensaje de la Tora esta semana no es solo encender la luz.
Es no dejar que se apague.
Porque cuando la luz permanece encendida, todos respiramos mejor.

Sem. Brian Bruh

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Iamim Noraim
2022-5783

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