Parasha Shemot

La zarza ardiente. Parte cinematográfica si las hay en nuestra Sagrada Torá.

Si leemos el contexto en que sucede (capítulos 2 y 3), veremos que unos versículos antes Dios escucha el lamento y el sufrimiento del pueblo, y toma cartas en el asunto. Llama a un pastor de ovejas, Moshé, para que venga a hacerse cargo de Su rebaño.

Antes de llamarlo y ofrecerle el “puesto”, hace algo para atraer la atención de Moshé (Shemot 3:2): “Se le apareció el Enviado de Ado-nai a él (Moshé), en el corazón de un fuego, en medio de la zarza. Vio él y he aquí que la zarza ardía en fuego, pero la zarza no se consumía”.

¿Qué es una zarza? Un pequeño arbusto, que en hebreo se dice סנה “Sené” y de allí derivará el nombre Sinaí, que es el nombre por el cual será más conocido este lugar donde Dios se le presenta a Moshé.

Un árbol del cual sale fuego pero no se incendia. Rashbam (Siglo 12) nos enseña que incluso en el lugar de donde salía la llama de la zarza no había nada de “brasa”.

Dios le habla a Moshé desde el interior de la zarza y no en otra clase de árbol, y resuena el versículo de Tehilim 91:15: “Yo estoy con él (Israel) en el sufrimiento (tzará). A su vez, la zarza es un arbusto espinoso y bajo. Rashí (Siglo 11) explica aquí que Dios escogió revelarse a Moshé en este arbusto y no en un árbol grande e imponente porque Israel estaba sumido en el exilio y el sufrimiento. Ello implicaba que la soberanía de Dios no era manifiesta al mundo, y en cierto sentido, Dios compartía su (nuestra) pena, la zarza aludía a este concepto (La Torá con Rashí – en español. Aryeh Coffman).

Este corazón de fuego de la zarza simboliza la misma Torá, que ha sido escrita a modo de un “fuego blanco sobre otro fuego negro”.

Claramente pasó mucho más que eso en este episodio bíblico, donde va a acontecer un debate de una semana entre Dios y Moshé, quien por su característica humildad, quizás por miedo, por sentirse falto de capacidades, no quiere aceptar el puesto de líder de Israel. Y sí, Moshé siempre plantea preguntas y dudas, pero es el que habla con Dios cara a cara, el que lleva al pueblo 40 años por la travesía en el desierto, el que se enfrenta a miles de desafíos. Una fe con dudas, en un momento de muchos tzures, sufrimientos injustos y persecuciones. Y ahí asume Moshé ese desafío, de liderar al pueblo judío. Se hace cargo.



Esta época del mundo llama la atención.
Vivimos desde el 7 de octubre de 2023 una pesadilla, donde no solamente tenemos miles de muertos para llorar, 100 secuestrados para traer de regreso a casa, sino que además resurge un odio a los judíos tan recalcitrante que nos sentimos muy solos a veces.

Pero en la misma época, vivimos la solidaridad de nuestro pueblo, donde nos apoyamos, nos cuidamos, donde vemos también quienes son nuestros verdaderos amigos (si quieren leerlo en clave política, ok, pero también lo vivenciamos como individuos). Y encontramos apoyo en gente que realmente entiende el valor de la vida.

Y ahí es donde se engancha el relato milenario de la Torá con nuestra realidad, porque la Torá nos habla a nosotros. Hay un momento de aflicción, donde el pueblo la pasa mal, muy mal. Y entonces viene una señal que roza lo sobrenatural, pero con mucho simbolismo. Un pequeño árbol llama la atención de un pastor desterrado y perseguido, y el símbolo es el fuego. Un fuego que existe plenamente, pero que no arruina al árbol sobre el cual está.

Desde el 7/10/23 vemos como resurgimos también nosotros, con dificultades, quizás con temores, pero poniendo por delante una valentía que se ve expresada en ejemplos de vida, desde los soldados del TzaHaL hasta el activista comunitario de una provincia argentina, que salen a demostrar que su identidad judía está cada vez más fuerte y se siente más orgulloso de ser judío.

Como todos los textos que cité antes, de siglos lejanos, también les traigo otro texto de hace más de 70 años, donde el Rab Dessler hablando del “matir asurim”, el que libera a los cautivos (lo decimos todos los días como parte de nuestros rezos) dice: “Casi todo el mundo está cautivo en manos de las fuerzas del mal (sitra ajera)… Incluso grandes y buenos, casi sin excepción. E incluso así, la fe, la Torá y las prácticas judías no se terminan (Dios no permita). He aquí que nosotros vemos guevurot, fuerza y heroísmo, que no se pueden ni presuponer ni estimar anticipadamente de ninguna manera, realmente “ve-ha-sené einenu ucal” la zarza no se consume”.

Hoy hay miles de motivos para ser pesimistas, mucha maldad y mentira. Mucho comprador o vendedor de mentiras llenas de odio. Pero nosotros vamos a seguir adelante, optimistas, agradecidos de ser quienes somos.

Con un fuego sagrado que tenemos en el pecho, y que nos lleva a seguir adelante. Que es hermoso, que no se termina y lejos de consumirnos, nos llena de energía y fuerzas para lo que viene.

El desafío es saber ver las señales, que quizás no sean tan llamativas, ni mucho menos Dios se nos presente y nos llame por nombre como lo hace con Moshé, pero claramente este es un momento de acción, de dar el paso al frente, de seguir adelante con más fuerza, de evitar peleas internas inútiles que den de comer a nuestros enemigos, de juntarnos, de seguir adelante con cada sueño, cada idea, cada proyecto.



Hoy leo distinto aquél momento de la zarza ardiente. Veo que hace poco más de un año teníamos una idea, un sueño, que era armar un lugar de estudio y vivencia de Torá para nuestros jóvenes. Las conversaciones comenzaron allá por noviembre del ‘23, y hoy es una realidad. Eso me llama a decirles, vamos para adelante, aunque tengamos alguna duda como Moshé, no dejemos de hacer nuestra parte de la labor.

Te estamos esperando.

¡Shabat Shalom!

Rab Meir Szames
La Ieshive en IG @la_ieshive

Parasha Vaieji

Vaiejí es una parashá única. Cierra el libro de Bereshit y, al mismo tiempo, abre el largo camino del exilio.

Por primera vez, un patriarca de Israel muere fuera de la Tierra Prometida.

Iaacov no fallece en el lugar del pacto, sino en Egipto: el lugar de la espera, de la incertidumbre y de la estrechez. Y, sin embargo, la promesa no se detiene. Incluso lejos de la tierra, la historia continúa.

Al sentir que se acerca su muerte, Iaacov reúne a sus hijos y les dice:
“Reúnanse, y les diré lo que les ocurrirá al final de los días” (Bereshit 49:1).

La Torá registra la intención, pero no muestra ningún contenido sobre ese final. Nuestros sabios, en el Midrash traído por Rashi, explican que en ese momento la Shejiná, la Presencia Divina, se retiró de él, y por eso el secreto no fue revelado.

Entonces Iaacov hace algo clave, en lugar de hablar del final de la historia, empieza a hablar de la vida. No les da seguridades sobre el mañana, sino bendiciones, identidad y misión. Bendice, ordena, asigna roles. Porque la verdadera rectitud no depende de saber qué va a pasar, sino de actuar con claridad interior aun cuando no hay certezas. La emuná, la fe, no es información es dirección.

Por eso las bendiciones de Iaacov no son predicciones. No les dice a sus hijos qué les va a pasar, sino quiénes están llamados a ser. Cada tribu recibe una misión distinta, porque la unidad no nace de la igualdad, sino del sentido compartido. El Zohar enseña que cuando el final se oculta, la Shejiná no se va, sino que se vuelve más íntima, la luz más alta no se revela en grandes anuncios, sino en la fidelidad silenciosa de quienes siguen caminando aun sin ver el destino.

Iosef repite este gesto al final de la parashá. Muere en Egipto sin ver la salida, pero deja una frase que se convierte en el motor de la historia judía “Dios seguramente los recordará” (Bereshit 50:24). No promete cuándo ni explica cómo, solo afirma que la historia tiene sentido, incluso cuando este todavía no se ve.

Vaiejí nos enseña que no siempre se nos concede conocer el final del camino. No se nos pide ver la redención, sino vivir de un modo que la haga posible.

Shabat Shalom
Sem. Mati Bomse

Vaiejí es la última parshá del libro de Bereshit. Iaakov, Israel, el tercero de los patriarcas, está a punto de morir en su vejez, y así como un libro se termina para nosotros, en esta historia él también está escribiendo las últimas páginas de su vida, no sin antes dejar marcada en nuestro pueblo una historia en el vínculo con sus hijos y la trascendencia del pueblo de Israel.

En el comienzo de la historia, en Bereshit 47:28-29, nos dice la Torá:

“28 Y vivió Iaakov en la tierra de Egipto diecisiete años; y fueron los días de Iaakov, los años de su vida, ciento cuarenta y siete años. 29 Y llegaron los días de Israel para morir, y llamó a Iosef su hijo…”

El Midrash en Bereshit Rabá nos dice que Vaiejí es una parshá stumá (cerrada). Nuestros sabios reflexionan sobre el tiempo complejo que aquella generación estaba a punto de vivir:

“Iaakov vivió en la tierra de Egipto”. ¿Por qué esta porción es más cerrada que cualquiera de las otras de la Torá?

Por lo general, entre las parshiot de la Torá hay un espacio en blanco, una cierta cantidad de letras o renglones que las separan unas de otras. En este caso, como nos señala el Midrash, hay solo un espacio de una letra entre la parshá anterior, Vaigash, y Vaiejí.

El sentido de la falta de separación, del poco espacio que se deja entre una y otra parte, es porque una vez que Israel murió, comenzó la esclavitud en Egipto. Pero también hay quienes interpretan que está Stumá porque el Kadosh Baruj Hu lo protegió de todos los problemas del mundo, a el y a su descendencia.

Es muy difícil encontrarse en el texto con esta tensión entre la opresión y la esperanza, y no pensar en aquellos hermanos y hermanas que, desde hace 462 días, viven atrapados en un espacio estrecho, bajo túneles, encerrados en la oscuridad. Como esclavos, son usados para hacer propaganda o como moneda de intercambio; presos del terror y sostenidos por la esperanza de que llegará el tiempo de volver a ver la luz y ser libres.

Somos el pueblo que tiene esperanza. No vamos a abandonarlos. Pedimos cada día que pronto puedan regresar a sus hogares, a sus familias y a su pueblo.

Te invito, antes de comenzar este Shabat, a recitar esta brajá junto a los tuyos. Pidamos, desde lo profundo del corazón, por aquellos que necesitan salir del sufrimiento, de la estrechez que están atravesando, hacia un tiempo de libertad.

אַחֵינוּ כָּל בֵּית יִשְׂרָאֵל, הַנְּתוּנִים בַּצָּרָה וּבַשִּׁבְיָה, הָעוֹמְדִים בֵּין בַּיָּם וּבֵין בַּיַּבָּשָׁה, הַמָּקוֹם יְרַחֵם עֲלֵיהֶם וְיוֹצִיאֵם מִצָּרָה לִרְוָחָה, וּמֵאֲפֵלָה לְאוֹרָה, וּמִשִּׁעְבּוּד לִגְאֻלָּה, הָשְׁתָּא בַּעֲגָלָא וּבִזְמַן קָרִיב, וְנֹאמַר אָמֵן.”

Ajeinu kol beit Israel, ha netunim ba tzara uva shevia, ha omdim bein ba iam ubein ba iabasha, ha Makom ierajem aleihem veiotziem mi tzara lirvaja, ume afera le ora, umi shiabud li geula, hashta baagala uvizman kariv, ve nomar Amen.

Hermanos nuestros, todo el pueblo de Israel, que están atravesando angustia y estan en cautiverio, que se encuentran entre el mar y la tierra firme, que El Hakadosh Baruj Hu tenga compasión de ellos y los saque de la angustia al alivio, de la oscuridad a la luz, y de la esclavitud a la redención, pronto, rápidamente y en nuestros días Amén.

Shabat Shalom
Sem. Mati Bomse

Haftará Vaieji

“Las últimas palabras: carta para hacer posible ese futuro que ayer era un sueño”.
por Seba Cabrera Koch.

Haftará Vaieji : 1 Reyes 2:1-12

William Shakespeare decía que “estamos hechos de la misma materia que los sueños y nuestra

pequeña vida termina en un sueño”. En la Torá, los sueños están muy presentes, con pasajes donde lo onírico ocupa un lugar central: son conocidos los relatos del sueño de la escalera de laakov, los sueños de losef y los del Faraón. Los Sabios enseñan que “un sueño es un sesentavo de profecía” (Berajot 57b): una fracción de verdad entremezclada con pensamientos, preocupaciones y ecos del día (Berajot 55a).

La parashá Vaiejí (y vivió), como en un ensueño, describe los preparativos de Iaakov para su muerte, despidiéndose de sus hijos y nietos, y pronunciando declaraciones poéticas (en algunos casos, bendiciones) para cada uno de ellos.

Como un déjà vu, la haftará de esta parashá traza un paralelismo exponiendo los días próximos a la muerte del Rey David. Antes de partir de este mundo, David dice unas últimas palabras a su hijo Shlomó: «Ten fortaleza, y sé un hombre».

En el resto de su discurso de despedida, si bien David le pide a Shlomó que se encargue de algunos asuntos pendientes, que pague bien por bien, que sea justo, según el comentario de Steinsaltz el mensaje principal de David para su hijo es no quedarse anclado en el pasado: Shlomó, como nuevo Rey enfrentará nuevos desafíos y deberá adaptarse. Tendrá que crecer, ser un hombre, trazando nuevos caminos para afrontar el nuevo y complejo mundo que se le avecina.

Tanto en la parashá como en la haftará, encontramos a un padre en su lecho de muerte, ofreciendo como un legado sus últimas palabras a sus hijos. Llegado el momento, beezrat H´ cada uno de nosotros probablemente desearía poder expresar una declaración similar a sus seres queridos. Sin embargo, no necesitamos esperar hasta ese momento para transmitir palabras de valor a los que queremos: todos los viernes por la noche, los judíos tradicionalmente bendecimos a nuestros hijos, en un hermoso ritual cargado de amor y simbolismo. Si bien muchos recitamos la conocida berajá “iesimja elohim keEfraim vekiMenashe…”, cantada con la conocida melodía, leí que también es válido expresar en palabras lo que deseamos para nuestros hijos, incluso en forma de carta o breves intenciones.

En ese sentido, hace poco me llegó un ensayo inspirador que alguien escribió “dedicado a su Yo del pasado”: palabras de fortaleza que hubiesen querido escuchar en momentos de dudas y turbulencias. Con esa idea en mente, y a propósito de este comentario a la haftará, yo también escribí mi carta para ese jovencito que alguna fui, como una cápsula de tiempo a la espera de ser abierta algún día por mis propios hijos y nietos:

«Cada uno de nosotros somos ese joven Shlomó sentados ante la incertidumbre, somos cada uno de los hijos de Iaakov tomando su mano con suavidad, esperando la berajá única, reservada para nosotros: “Hijo, escúchame bien. Eres un héroe. El mundo se detiene sin personas como tú. Nos faltan personas dispuestas a hacer el trabajo duro que mantiene este mundo en pie: cuidar a otros. Eso es todo”.

No dejes de acompañar a una persona, en silencio, en el momento sagrado a la hora de la muerte de un ser querido. Aprende que solo “estar allí”, significa sostenerlo mientras se rompe por el dolor.

No distingas a las personas por la humildad de su vestimenta. Trata a un indigente o una persona sin hogar con la misma dignidad con la que tratarías a un rey, simplemente porque es ser humano.

Mira a la gente a los ojos cuando te hablan. Que tu mirada transmita la franqueza que te inculcaron tus padres.

Aun si debes ganarte el sustento con mucho esfuerzo, aun si la gente pasa junto a ti como si fueras invisible, no es algo de lo que debas sentirte avergonzado.

Nunca creas que no eres lo suficientemente inteligente. Vale más la constancia, ser perseverante. Habrá días y noches, en que volverás a casa con los pies doloridos y el corazón roto más veces de las que quisieras, pero si vives con propósito, jamás te preguntarás si tu trabajo es importante, porque lo sabrás, cada dia de tu vida.

Vivimos en una cultura obsesionada con los títulos y las especializaciones. El mundo insistirá en que el éxito es un nombre en una placa o una cuenta bancaria envidiable, pero dejame decirte algo sobre el mundo real: hemos olvidado la nobleza del servicio. Hemos olvidado lo sagrado de lo esencial.

Esfuérzate para que tus hijos crezcan como miembros seguros y contribuyentes a la sociedad, asegurándote de que tengan compasión por los demás y hagan el bien, sin mirar a quien, mejor si nadie lo sabe, porque lo que importa es su dignidad.

Ponte en los zapatos del otro, no sabes las batallas que está librando, quizás no esté teniendo un buen día.

Sé amable. Sé agradecido. Debes saber que aunque la rutina nunca duerme, y el reloj nunca se detiene, nada te llena más que dedicar algo de tu tiempo a una causa noble.

Cultiva la espiritualidad. Conecta con lo que te rodea. Mantén el rumbo aun cuando el mundo cambie sus prioridades. No busques estatus, no necesitas una fórmula para “ser alguien”.

Mejor es ser único. Ser especial. Ser un mensch».

Al finalizar este texto lloré, porque en algún punto y por un momento, olvidé de donde vengo. Porque solo al final entendemos el secreto que tantos persiguiendo el “sueño americano” nunca descubren: el éxito no se mide por cuántas personas te sirven. Se mide por cuántas personas servimos.

Así que la próxima vez que hables con alguien, míralo a los ojos. Decile que estás orgulloso de lo que hace; que sus manos ayudan a construir el mundo y a sanar lo que está roto, que a veces solo se necesita tiempo. Y que cuando llegue la oscuridad —porque siempre llega— estaremos buscando a alguien que decida comprometerse con su identidad, con su kehila, con su comunidad, con su sociedad.

Decile que lo necesitamos para hacer posible ese futuro que ayer era un sueño, el mismo sueño que anhelaron Jacob y David para sus hijos.

Jazak Jazak venitjazek!
Shabat Shalom umeboraj!
Seba Cabrera Koch

Bibliografía
-1 Reyes, capítulo 2. Explicación y comentario. Equipo del sitio haTanaj ©2024 haTanakh
-Coffman, A. Torá con comentario de Rashi, tomo 1 Bereshit. 2001. Editorial Jerusalén.
-Comentarios (1 Reyes 2:2) Consultado desde Sefaria.org
-Espacio Derej Eretz. “Los sueños siguen a la boca”. Publicación 16/12/25 IG: @espacioderejeretz
-Introducciones de Steinsaltz al Tanaj, I Reyes, Sección Prefacio 2 (1 Reyes 2:1-12) Consultado desde
Sefaria.org
-Pollak, Y. What Is Your Blessing? ©2025 MyJewish Learning

“Testamentos éticos: lecciones de esperanza para el futuro”.
por Seba Cabrera Koch.

Comentario a Haftará Vaieji : 1 Reyes 2:1-12

Las lecturas de esta semana nos enfrentan con un momento difícil: el final de la vida.

Tanto en la parashá como en la haftará, encontramos al Patriarca Iaakov y a David haMelej en sus últimos momentos, lúcidos y comprometidos, transmitiendo las últimas palabras a sus hijos, buscando trascender lo efímero.

Nadie tiene tanta claridad como aquel que descubre el sentido de la vida mientras se enfrenta a su propia mortalidad.

Tal descubrimiento puede ser abrumador, pero sentir que sus propias vivencias tal vez ayuden a otros a responder las mismas preguntas, puede ser quizás su último acto de generosidad.

Reflexionar cada una de estas lecciones puede ser una experiencia vital y emocional. Durante siglos, la tradición judía ha puesto en palabras este sinfín de sensaciones, transmitiendo esta sabiduría en documentos conocidos como “testamentos éticos”. [1]

El término es de origen incierto, pero hay una interpretación convincente: así como un testamento legal indicaba qué hacer con los bienes y las posesiones, incluyendo instrucciones para el entierro, deudas y obligaciones que debían pagarse; un testamento ético esbozaba las lecciones aprendidas a lo largo de la vida de una persona, permitiendo compartir la riqueza de su sabiduría.

En algunas familias [2], los testamentos éticos pasan de generación en generación, entretejiendo historias verdaderas con sueños posibles. Los kilómetros de mil exilios y persecuciones. El hambre y su incertidumbre. Y como cada nuevo nacimiento trajo esperanzas.

A veces, se sentirá como un reclamo por tanto dolor, ocultando lágrimas por no haber hecho más, o secándolas para perdonar a otros.

Lecciones de vida. Pasado en sepia. Anhelos del futuro. Despedirse con una última ofrenda, un verdadero acto de amor.

En muchos sentidos, las lecturas de Vaieji son un ejercicio para comprender mejor a quienes amamos, y su deseo impostergable de transmitir un mensaje real, tangible y duradero.

Porque ayuda a entender mejor, para amar de otra manera, desde otro plano.

Hay una historia en el Midrash de un general romano que observa como un anciano planta una higuera.

Cuando le preguntó si esperaba vivir lo suficiente para comer sus frutos, el sabio respondió: “Nací en un mundo floreciente con placeres listos. Mis antepasados plantaron para mí, y ahora siembro para mis hijos y nietos…”

El acto de plantar, como el de criar hijos, es un acto de fé.

Como padres nos esforzamos para marcar un camino virtuoso para que nuestros hijos no cometan los mismos errores que nosotros, para que contribuyan a la sociedad, y hagan el bien.

La esperanza depositada en el futuro nos inspira a legar valores que consideramos fundamentales, revelando las decisiones valientes que tomamos y que fueron impulsadas por estos valores.

Porque buscar trascender es un evento fuera de lo común.

Es un acto de gratitud, porque detrás de cada historia, hay un reconocimiento de que vemos la mano de D-s en nuestras vidas.

Shabat Shalom umeboraj !
Seba Cabrera Koch



Notas

[1] Antiguamente, no eran más que instructivos que podían contener los últimos deseos de una persona. En ese sentido, en el Talmud se insinúan referencias a testamentos éticos verbales o instrucciones para el lecho de muerte por parte de sabios y eruditos. Por ejemplo, cuando Rabi Eliezer agonizaba, criticó a sus estudiantes por no aprovechar cada una de las oportunidades que tenían para aprender de él. Su objetivo era que aprendieran de sus enseñanzas en cada instante, incluso después de su muerte. (Sanedrín 68a)

[2] Los judíos comenzaron a escribir testamentos éticos para sus hijos hacia el siglo XI o XII. En ese entonces, se compartían en privado solo entre los miembros de una misma familia. Uno de los testamentos éticos más famosos de esta época fue el que escribió el erudito español Iehuda ibn Tibon a su hijo Samuel (Francia, siglo XII). En más de 50 páginas, tenía consejos sobre la importancia de los libros “haz de tus libros tus compañeros, deja que tus librerías y estantes sean tus jardines”, hasta una dura reprimenda a su hijo, del que pensaba que no estaba a la altura de sus expectativas. Hoy en día, los académicos consideran que la obra del hijo finalmente superó en calidad a la de su padre.

Bibliografía

-Coffman, A. Tora con comentario de Rashi, tomo 1 Bereshit. 2001. Editorial Jerusalén.
-García García, E. Somos nuestra memoria. 2018. Neurociencia & Psicologia. Salvat.
-Rubin, J. Testamentos éticos judíos: Tzava´ot © 2023 MJHS.
-Greenbaum, E. El anciano y la higuera. Revista Esencia. Volumen 40. Pag 51.
-Cabrera Koch, S. Una historia para contar, un legado para construir. 2023 © Radio Jai.

Haftará Vaigash

Iejezkel 37  15 -28

Existe una interesante conexión entre los acontecimientos de la Parashá y la Haftara de esta semana. La Tora nos relata acerca de las trágicas consecuencias  para la familia de Iaakov provocadas por el odio de los hermanos hacia Iosef.  Asi también el profeta Ezequiel nos habla de la dolorosa división del pueblo de Israel, la pelea en el plano nacional y sus dramáticas consecuencias, la división de los Reinos de Juda e Israel.

Ambos textos son un llamado hacia la reflexión y el trabajo en el día a día para eliminar el odio y la enemistad , que nos llevan indefectiblemente hacia una dolorosa destrucción en todos los ámbitos de nuestra vida, personal, familiar y nacional.

En las palabras de D’s a Ezequiel:


Acércalos entre sí para que se conviertan en un solo palo, unidos en su mano

En su libro Iejezkel llama a la unión del pueblo de Israel, profetiza sobre la destrucción de Jerusalén y su posterior reconstrucción.

Que en estos tiempos difíciles para nuestra querida Medinat Israel, podamos ser receptores del legado de unión y reconstrucción nacional del profeta.

Shabat Shalom
Debi Fridman

Parasha Vaigash

Esta semana por fin llega la reconciliación tan esperada, llega el momento en el cual Iosef decide dejar de ocultar su identidad para así volver a juntarse con sus hermanos ya siendo uno más entre ellos y no desde el lugar de autoridad. Una vez que Iosef realiza dicha confesión, les dice a sus hermanos que no se angustien por haberlo vendido y que de alguna manera todo lo que pasó, tenía que ocurrir ya que era un propósito Divino. Luego de estos sucesos, leemos del texto:

“Besó a todos sus hermanos y lloró sobre ellos; sólo entonces sus hermanos pudieron hablar con él.”(Bereshit 45:15).

Aquí Iosef rompe el molde y demostró su completo amor y cariño por sus hermanos, decide tomar la iniciativa para definitivamente poder reparar la relación con sus hermanos que hace varios años estaba rota.

Nuestros Sabios nos enseñan:

“El texto no dice que los hermanos hayan llorado y, solamente después que ellos ven las lágrimas que derrama Iosef hablan con él, pues antes estaban confundidos y avergonzados ante él”. (Rashi)

Después de que los hermanos observaron a Iosef llorar por ellos, pudieron responderle y le dijeron lo que tenían en mente. Después de todo, todo lo que Iosef les había dicho hasta ese momento podría haber sido diseñado sólo para aliviar el sentimiento de vergüenza de los hermanos por su conducta. Fue solo después de que él los besó y lloró durante los años que habían estado separados que los hermanos reconocieron el verdadero buen carácter de José y que él era un verdadero hermano que pudieron hablarle con naturalidad. (Or Hajaim)

La historia de Iosef y sus hermanos refleja la vida misma; ¿ Cuántas veces en nuestros días pasamos por conflictos similares? ¿Cuántas veces tuvimos el coraje de Iosef para enfrentar a nuestros seres queridos y ser uno mismo el primero que tome la iniciativa para recomponer alguna situación? ¿Cuántas veces tuvimos la humildad de reconocer nuestras faltas y abrazar a esa/s persona/s cuando sentíamos la necesidad de hacerlo?

Que podamos sacarnos todos los sentimientos negativos que podamos llegar a tener con la gente que nos rodea, que podamos buscar y encontrar soluciones a los conflictos que la vida nos presenta con la esperanza de tener paz en nuestros días.

¡Shabat Shalom!
Sem. Martín Smith

Parasha Miketz

Estamos viviendo la hermosa fiesta de las luces, conocida también como la fiesta del milagro. ¿Cuál fue el milagro verdadero?

Algunos dicen que el milagro fue que el aceite que encontraron luego de la destrucción del Templo, duro 8 días, otros que en realidad el milagro fue haber encontrado el aceite, y otros que el milagro fue que alguien, sabiendo que la destrucción terminaría, esconde un aceite apto para la Menora esperando que otro alguien lo encontrase.

Una mano para otra mano, sin ningún tipo de esperanza divina.

En Jánuca somos llamados a encender nuestra Janukia en la ventana que da a la calle, y el motivo de esto es que aquellos que estén del otro lado del vidrio, aquellos que no tengan a donde ir, se encuentren con nuestras luces y en ellas la esperanza de poder encontrar un norte.

En el paso del tiempo entendimos, que no hay posibilidad de esperar a que algo suceda, sino rezar con los pies y ser nosotros hacedores de grandes milagros.

Venimos estudiando la historia de Iosef, aquel gran Rey de los Sueños, quien tuvo la suerte o mala suerte de que todo, absolutamente todo le saliera mal.

Me explico:
– Nace siendo hijo preferido, sus hermanos lo odian.
– Crece solo y al querer juntarse con los hermanos, es tirado a un pozo y vendido a Egipto como esclavo.
– Crece en egipto hasta transformarse en alto jerarca del país entero y vuelve a ser arrojado a otro pozo con forma de carcel, donde pasa tiempo allí, volviendo a ser nadie, querido por nadie.
Pero Iosef, tiene algo que lo hace único. Iosef es un soñador.
Él nunca deja de soñar para volver una nueva vez a lograr sus sueños.

Todos en algún momento somos Iosef, sentimos que vamos de pozo en pozo, que todo sale mal, pero nunca debemos dejar de soñar para llegar alto.
Todos somos una vela de Jánuca en la ventana de nuestro hogar. Tenemos la oportunidad de ser luz y milagro para los nuestros, y los que están afuera.

Sepamos todos, que los milagros no caen del cielo. Los verdaderos milagros, salen de tus manos y tus pies.

¡Shabat Shalom Amijai!
¡Jag Sameaj!
Sem. Brian Bruh

Haftará Miketz

“Zejariá, Januca y el último acto de rebeldía”. Por Seba Cabrera Koch.
Haftará Miketz / Januca: Comentario a Zacarías 2:14 al 4:7

Esta semana nuestras lecturas nos encuentran con Zejariá, quien profetiza durante el período del retorno a Sión, cuando el pueblo judío regresó a Eretz Israel de su exilio en Babilonia.

Zejariá, al igual que todo el Pueblo de Israel, debía sobreponerse a los desafíos de su tiempo. La pérdida del Templo y el trágico costo humano que devino por la destrucción de Ierushalaim, agravaron el sufrimiento por el exilio, creando un estado existencial diferente, desconocido y más amenazante: no solo fue la falta de esperanza, sino la parálisis espiritual y nacional que tal sentimiento puede llegar a generar.

De esta manera se comprende mejor la gravedad de la misión del Profeta: levantar el ánimo del pueblo para que se arrepienta y vuelva a D-s, fortaleciéndolos, evitando que caigan en las profundidades de la desesperación.

Así, las visiones de Zejariá acercan dos puntos muy separados: las palabras del Profeta acortan la distancia entre la realidad que es y el ideal que debiera ser, para acercarnos un mensaje que sale a nuestro encuentro en momentos en que urge la necesidad de consuelo y fortaleza.

“Entonces el ángel que hablaba conmigo volvió, y me despertó como a un hombre que es despertado de su sueño”. (Zacarías 4:1)

Don Isaac Abarbanel (1437-1508) explica que el ángel le mostró una visión, y cuando quiso continuar, vió que el profeta seguía concentrado en la contemplación anterior, por lo que debió despabilarlo, para que preste atención hacia la nueva visión.

Meir Loeb Ben Jehiel Michel Weisser (1809-1879), más conocido por las iniciales hebreas de su nombre, Malbim, refuerza esta idea: sostiene que Zejariá no había captado plenamente, que no se despertó del todo, por eso el ángel lo interpela para que deje atrás lo anterior para poder pasar a lo siguiente. Como suele pasarnos a menudo: estamos tan concentrado tratando de explicar lo que pasó que no advertimos aquello que está sucediendo frente a nuestros ojos.

“Y me dijo: ¿Qué ves? Y respondí: He aquí, que he visto un candelabro todo de oro con la vasija en la parte superior, y sus siete lámparas encima…” (Zacarías 4:2)

En palabras del Radak, Rab. David Kimchi (1160 – 1235), esta visión hace alusión a que, aunque el Pueblo de Israel deba transitar por la oscuridad, en el futuro, su redención será como la luz de una menorá que ilumina todo ante ella.

Estos dos versículos son un llamador que exigen nuestra atención, que nos pide que hagamos foco ante la coyuntura que nos anestesia y nos deja insensibles. Como si al despabilarnos, la línea borrosa entre la realidad y el ensueño se desdibujara, ayudándonos a dar vuelta la página con la certeza de que algo mejor nos espera si aprendemos a iluminar nuestra vida, un día a la vez, al igual que la Janukia.

Porque Januca tiene mucho que decir sobre nuestra singularidad. Las luminarias de Januca sólo puede encenderse al oscurecer, porque, como enseña la Guemará, nadie enciende velas de día. Esta es quizás una afirmación redundante, pero no: el encendido no es para iluminar físicamente un lugar u obtener un provecho de esa luz, sino que está allí para hacer una declaración.

Y este llamamiento es nuestro manifiesto: hablamos de la importancia de elegir la identidad judía, viendo en la lucha de los Macabeos, la rededicación del Templo y su purificación nuestro mayor logro para las generaciones posteriores.

A Zejariá, al igual que a los Profetas Irmiahu (Jeremías 1:11) y Amos (Amos 7:8), un ángel les pregunta “¿qué ven?”, en una pregunta retórica que no busca indagar sobre el objeto en sí, sino en su significado, cuestionándonos: “¿entiendes lo que estás viendo? ¿entiendes lo que está pasando?”

Aunque todo a nuestro alrededor parece indicar que vivimos tiempos distópicos, hay quienes aún creemos que otro mundo es posible. Por eso, en cada rincón del mundo nos uniremos a los cientos de miles de familias y comunidades que desde más de dos mil años reivindican el último acto de rebeldía frente a un mundo fracturado: encender luminarias en Januca.

Reivindicamos el valor de la esencia, idealizando la fantasía en el encuentro fugaz frente a las luces y al calor de nuestros seres queridos, rodeados de espiritualidad, en la añoranza de pensamientos y acciones que confluyeron para que estemos allí, en ese momento.

Los acontecimientos del 7/10 siguen impactando en cada uno de nosotros, pero elegimos ponernos de pie diciendo: “Estamos orgullosos de ser judíos”, aun en el dolor nos enlazamos a la vida… un árbol aunque esté herido se mantiene de pie, vivo, si sus raíces permanecen fuertes.

Porque al igual que Zejariá y la generación del retorno a Sión, asumimos nuestra reconstrucción volviendo a sembrar sobre la base de nuestro legado: nuestras fuentes, tradiciones y un sistema de valores único.

Porque mientras arde la luz, subrayamos la verdadera belleza del mundo y la existencia misma, reafirmando que la vida es extraordinaria y mucho más hermosa de lo que creemos.

Shabat Shalom umeboraj veJag Urim Sameaj !
Seba Cabrera Koch

Fuentes:

-Haftara para Januka. Zacarias 2:14-4:7. Consultado desde Sefaria.org
-Jewish Virtual Library. David Kimchi ©1998-2023 American-Israeli Cooperative Enterprise
-Krumbein, E. Chanuka: Insularity or Influence? The Meaning of Chanuka ©2014 Torat Har Etzion
-Levy, Y. Haftará para el primer Shabat de Januká ©2024 Judaísmo Hoy
-Lichtenstein, M. Haftara of Shabbat Chanuka ©2016 Torat Har Etzion
-Rosenthal, H. Seligsohn, M. Jewish Encyclopedia: Malbim ©2002-2021 JewishEncyclopedia.com
-Waingortin, N. Lecturas de la Torá para Januka ©2001–2024 SRL Marshall T. Meyer
-Zejariá Capitulo 4. Explicación y comentario. Equipo del sitio haTanaj ©2024 haTanakh

Especial agradecimiento a Rabino Dr. Salomón Nussbaum por su inestimable colaboración.

Haftará Vaieshev

La Haftará de Vayeshev nos pega directo en el orgullo: ¿cuánto nos importa realmente la justicia social? Amós, el profeta que nunca tuvo pelos en la lengua, pone el dedo en la llaga: denuncia cómo los ricos de su tiempo no solo se olvidaron de los pobres, sino que los pisoteaban. “Han vendido por plata al justo y por un par de sandalias al necesitado. Pisotean en el polvo de la tierra la cabeza de los pobres” (Amós 2:6-7). Este tipo no tenía miedo de decir las cosas como son. ¿Y qué mejor conexión que con la parashá de esta semana, Vaieshev, donde los hermanos de Iosef lo venden por veinte piezas de plata? Parece que la indiferencia tiene raíces largas.

Amós también se burla de la hipocresía: ¿cómo puede alguien llamarse piadoso mientras usa ropa tomada a los pobres y brinda con vino comprado con multas injustas? “Se acuestan junto a cada altar sobre ropa tomada como prenda, y en la casa de su Dios beben vino comprado con multas” (Amós 2:8). Es como decir que en lugar de hacer un acto de justicia, te mandás un buen brindis para festejar tu supuesta espiritualidad. Divinamente irónico, ¿no?

El profeta no se queda solo con la denuncia. Usa preguntas retóricas para recordarnos algo básico: todo tiene consecuencias. “¿Ruge el león en la selva sin tener presa? ¿Da un cachorro de león su rugido desde su guarida sin haber cazado algo?” (Amós 3:4). Traducido a lo argento: si la embarraste, bancate lo que viene.

Y acá viene el gancho que nos hace mirar para adentro. Los hermanos de Iosef lo vendieron y crearon un lío que los persiguió por generaciones. ¿Cuántas veces, en nombre de nuestras prioridades o ambiciones, relegamos lo que es justo? Amós nos recuerda que la fe no es una excusa para esquivar responsabilidades sociales. Si tus valores no te llevan a respetar al otro, entonces, ¿de qué valores estamos hablando?

El desafío es doble: no solo cuestionar al sistema, sino también nuestras propias acciones. ¿Somos fieles a lo que predicamos o nos hacemos los distraídos? Y ojo, esto no es solo para culparnos y listo: es una invitación a ser mejores, a construir relaciones más justas y a dejar de vender “sandalias” cuando lo que está en juego es algo mucho más grande.

Así que, mientras reflexionamos sobre Iosef y sus hermanos, y sobre lo que Amós nos está diciendo, los invito a que hagamos el ejercicio de mirarnos un poco en el espejo. Porque si la Torá y sus profetas algo tienen claro es esto: no hay espiritualidad auténtica sin justicia social. ¿Probamos? ¡Espero que sí!

¡Shabat Shalom!
Wally Liebhaber

Parasha Vaieshev

Por la avenida de los sueños encontró la oportunidad del cambio

Los sueños de Josefformanparte de los hitos que van hilvanando el relato de los capítulos finales del Sefer Bereshit. Siguiendo los pasos de su padre, Yacob,ilustre soñador de la escalera que une el cielo y la tierra, ahora Yosef, su hijo” más’’ amado, será uno de los protagonistasdelos eventos queafectarán el futuro de esta familia, que los conducirá a la antesala de nuestro exilio en Mitzarim. Ya lo sabíamos; Di-s se lo había dicho a Abraham. El descenso era inevitable. La vida, es una escalera …

 

Yosef, el hijo de Rajel, la esposa más amada de Jacob …soñaba, les relataba a sus hermanosaquellas “profecías de grandeza” y, ellos se preguntaban,“¿Acaso te erigirás como nuestro rey y gobernante?”Esta potencial idea, ziman(señal) deLiderazgo, fue el desencadenante del plan para deshacerse de él que lo condujocon algunas escalas a Egipto como esclavo y,enterró a su familia en una telaraña de culpa, ansiedad y dolor.

 

¿Es posible que el trato cruel de los hermanos, enceguecidos por los celos   –quienes primero arrojan a Yosef a un pozo, abandonándolo a su suerte y luego lo venden a una caravana de esclavostuviera el propósito de poner a prueba la energía y veracidad de sus sueños? ¿Podrían acaso alterar el curso de la Historia o es que los sueños vaticinaban una situación inevitable? Como ya sabemos todo fue parte de un Master Plan de aprendizaje y resiliencia que conduciría a Jacob y su familia a Egipto, al exilio, como una condición indispensable para la construcción de un Puebloy la realización de una Nación. 

 

Pasaron varios años y enormes desafíos para todos.En el final de esta sección sus hermanos llegarán a Egipto para buscar comida, están con רעב, con “raav” (hambre). Sin reconocerlo, Yosef(ahora, Tzofnat Paneaj) sí lo haráy urdirá un plan muy complicado que los pondráprácticamente en la misma situación límite que el mismo padeció. Yosef se vio empujado a pozos literales y figurativos a lo largo de su vida.Podría simplemente haber servido a sus amos y adaptarse al cautiverio como si fuera su destino, sin ninguna posibilidad de redención. Pero la Torá repite la frase: “El Señor estaba con Josef, y él era un hombre próspero”. Josef atravesóuna profunda transformación. Ya no era un adolescente arrogante.Atravesó la calumnia, la oscuridad, la traición y la desconfianza. Hizo su parte y, se aferró a la esperanza.

Un interesante Midrash nos explica que en el nombre de Josef se puede observar el potencial de su crecimiento, de su cambio. Su nombre proviene de “Lehosif” (agregar), que significa que D’s agrega para Yakov un “ben ajer” (otro hijo) de Rajel, su amada mujer.  Los sabios nos explican que Yosef tenía la capacidad de hacer de ese “Ajer” (del otro), un hombre renovado. Salir del Ego y, Ser y Hacer Leshem Shamain.

 Salir del centro de sus tribulaciones y poner a D-os en su camino no fue tarea fácil, pero fue posible. La Transformación de Josef no fue solamente la consecuencia de las vicisitudes de su vida, él “agregó” con kavana (intención) mucho de sí para que el cambio se produzca. Se construyo con ese “Ajer” una nueva identidad y, de alguna manera rompió, también, el último eslabón de la cadena de irresponsabilidad y violencia que se venía repitiendo entre hermanos desde Caín y Abel.

El Sefer Bereshit es el paradigma del intento de construcción de La Familia. La condición sin ecuanón para que esto suceda es sin lugar a dudas, el respeto por el otro, anclados en el Ajer que habita dentro de cada uno de nosotros y nos posibilita la oportunidad de la transformación. Padres, Hijos, Hermanos, todos transitando por una avenida de doble vía. Dejar de lado el ego en pos de la construcción y desarrollo de un proyecto superador como La Familia, es el puntapié inicial para la construcción de una Comunidad, un Pueblo, una Nación del que no podemos ser presindentes, solo participes necesarios a lo largo de toda nuestra Vida.

Shabat Shalom Umevoraj
Am Israel Jai
Sandra Epstein