Si hoy alguien dijera “este río es mío, yo lo hice”, no abriríamos un debate filosófico.
Le alcanzaríamos un vaso de agua…y cambiaríamos de tema.
Eso mismo decía el faraón. Sin metáforas. Convencido.
En Egipto, el Nilo no era solo un río. Era la fuente de vida en medio del desierto. Por eso el Midrash dice que el faraón bajaba todas las mañanas al Nilo en secreto: no para rezar, sino para sostener su ilusión de divinidad. Un dios no va al baño delante de nadie. Ni muestra dependencia.
La Torá lo expone sin escándalo, pero con precisión.
Todo empieza y vuelve al Nilo: ahí se decretan muertes, ahí nace Moshé, ahí cae la primera plaga.
No es castigo al agua. Es una discusión con la idolatría.
La Haftará de Vaerá afila todavía más la imagen. Iejezkel describe al faraón como un monstruo del río, un dragón aferrado a su canal, diciendo: “El Nilo es mío, yo lo hice”.
Rab Shimshon Raphael Hirsch Z¨L explica que la idolatría egipcia no estaba en estatuas, sino en el orden natural: confundir estabilidad con eternidad, y abundancia con autoría.
Por eso Dios no discute ideas. Dios actúa sobre la realidad. Saca al faraón del río. Lo deja fuera de su ecosistema de poder.
El Zohar dice que el faraón representa al ietzer hará cuando se disfraza de certeza: esa voz interna que nos convence de que controlamos más de lo que realmente controlamos.
Y ahí entra la profundidad humana. La Torá no combate el poder, combate la arrogancia del poder. No niega la grandeza humana, pero la enmarca: el ser humano es creador, pero no Creador.
Egipto cae. No solo por esclavizar cuerpos, sino por endurecer la conciencia.
Y cuando el monstruo pierde el río, deja de ser monstruo. Queda la fragilidad. El límite. La verdad.
En ese silencio aparece Israel. No para dominar, sino para recordar. La caída de Egipto devuelve al mundo una idea revolucionaria:
la vida es recibida, no producida.
Cuando eso se olvida, el río se vuelve dios. Cuando se recuerda, el río vuelve a ser río, el ser humano vuelve a ser humano, y Dios vuelve a estar donde siempre estuvo.
Shabat Shalom
Wally Liebhaber
