Vaiejí es una parashá única. Cierra el libro de Bereshit y, al mismo tiempo, abre el largo camino del exilio.
Por primera vez, un patriarca de Israel muere fuera de la Tierra Prometida.
Iaacov no fallece en el lugar del pacto, sino en Egipto: el lugar de la espera, de la incertidumbre y de la estrechez. Y, sin embargo, la promesa no se detiene. Incluso lejos de la tierra, la historia continúa.
Al sentir que se acerca su muerte, Iaacov reúne a sus hijos y les dice:
“Reúnanse, y les diré lo que les ocurrirá al final de los días” (Bereshit 49:1).
La Torá registra la intención, pero no muestra ningún contenido sobre ese final. Nuestros sabios, en el Midrash traído por Rashi, explican que en ese momento la Shejiná, la Presencia Divina, se retiró de él, y por eso el secreto no fue revelado.
Entonces Iaacov hace algo clave, en lugar de hablar del final de la historia, empieza a hablar de la vida. No les da seguridades sobre el mañana, sino bendiciones, identidad y misión. Bendice, ordena, asigna roles. Porque la verdadera rectitud no depende de saber qué va a pasar, sino de actuar con claridad interior aun cuando no hay certezas. La emuná, la fe, no es información es dirección.
Por eso las bendiciones de Iaacov no son predicciones. No les dice a sus hijos qué les va a pasar, sino quiénes están llamados a ser. Cada tribu recibe una misión distinta, porque la unidad no nace de la igualdad, sino del sentido compartido. El Zohar enseña que cuando el final se oculta, la Shejiná no se va, sino que se vuelve más íntima, la luz más alta no se revela en grandes anuncios, sino en la fidelidad silenciosa de quienes siguen caminando aun sin ver el destino.
Iosef repite este gesto al final de la parashá. Muere en Egipto sin ver la salida, pero deja una frase que se convierte en el motor de la historia judía “Dios seguramente los recordará” (Bereshit 50:24). No promete cuándo ni explica cómo, solo afirma que la historia tiene sentido, incluso cuando este todavía no se ve.
Vaiejí nos enseña que no siempre se nos concede conocer el final del camino. No se nos pide ver la redención, sino vivir de un modo que la haga posible.
Shabat Shalom
Sem. Mati Bomse
Vaiejí es la última parshá del libro de Bereshit. Iaakov, Israel, el tercero de los patriarcas, está a punto de morir en su vejez, y así como un libro se termina para nosotros, en esta historia él también está escribiendo las últimas páginas de su vida, no sin antes dejar marcada en nuestro pueblo una historia en el vínculo con sus hijos y la trascendencia del pueblo de Israel.
En el comienzo de la historia, en Bereshit 47:28-29, nos dice la Torá:
“28 Y vivió Iaakov en la tierra de Egipto diecisiete años; y fueron los días de Iaakov, los años de su vida, ciento cuarenta y siete años. 29 Y llegaron los días de Israel para morir, y llamó a Iosef su hijo…”
El Midrash en Bereshit Rabá nos dice que Vaiejí es una parshá stumá (cerrada). Nuestros sabios reflexionan sobre el tiempo complejo que aquella generación estaba a punto de vivir:
“Iaakov vivió en la tierra de Egipto”. ¿Por qué esta porción es más cerrada que cualquiera de las otras de la Torá?
Por lo general, entre las parshiot de la Torá hay un espacio en blanco, una cierta cantidad de letras o renglones que las separan unas de otras. En este caso, como nos señala el Midrash, hay solo un espacio de una letra entre la parshá anterior, Vaigash, y Vaiejí.

El sentido de la falta de separación, del poco espacio que se deja entre una y otra parte, es porque una vez que Israel murió, comenzó la esclavitud en Egipto. Pero también hay quienes interpretan que está Stumá porque el Kadosh Baruj Hu lo protegió de todos los problemas del mundo, a el y a su descendencia.
Es muy difícil encontrarse en el texto con esta tensión entre la opresión y la esperanza, y no pensar en aquellos hermanos y hermanas que, desde hace 462 días, viven atrapados en un espacio estrecho, bajo túneles, encerrados en la oscuridad. Como esclavos, son usados para hacer propaganda o como moneda de intercambio; presos del terror y sostenidos por la esperanza de que llegará el tiempo de volver a ver la luz y ser libres.
Somos el pueblo que tiene esperanza. No vamos a abandonarlos. Pedimos cada día que pronto puedan regresar a sus hogares, a sus familias y a su pueblo.
Te invito, antes de comenzar este Shabat, a recitar esta brajá junto a los tuyos. Pidamos, desde lo profundo del corazón, por aquellos que necesitan salir del sufrimiento, de la estrechez que están atravesando, hacia un tiempo de libertad.
“אַחֵינוּ כָּל בֵּית יִשְׂרָאֵל, הַנְּתוּנִים בַּצָּרָה וּבַשִּׁבְיָה, הָעוֹמְדִים בֵּין בַּיָּם וּבֵין בַּיַּבָּשָׁה, הַמָּקוֹם יְרַחֵם עֲלֵיהֶם וְיוֹצִיאֵם מִצָּרָה לִרְוָחָה, וּמֵאֲפֵלָה לְאוֹרָה, וּמִשִּׁעְבּוּד לִגְאֻלָּה, הָשְׁתָּא בַּעֲגָלָא וּבִזְמַן קָרִיב, וְנֹאמַר אָמֵן.”
Ajeinu kol beit Israel, ha netunim ba tzara uva shevia, ha omdim bein ba iam ubein ba iabasha, ha Makom ierajem aleihem veiotziem mi tzara lirvaja, ume afera le ora, umi shiabud li geula, hashta baagala uvizman kariv, ve nomar Amen.
Hermanos nuestros, todo el pueblo de Israel, que están atravesando angustia y estan en cautiverio, que se encuentran entre el mar y la tierra firme, que El Hakadosh Baruj Hu tenga compasión de ellos y los saque de la angustia al alivio, de la oscuridad a la luz, y de la esclavitud a la redención, pronto, rápidamente y en nuestros días Amén.
Shabat Shalom
Sem. Mati Bomse
