“El mensaje de Identidad y esperanza”, por Seba Cabrera Koch.
HAFTARÁ SHLAJ LEJÁ – Comentario a Yeshaiahu / Isaias 54, 1–10
El profeta Yeshaiau, Isaias, es conocido como el mayor proveedor de Haftarot en el Tanaj. Cerca de un tercio de todas las Haftarot (las porciones de los profetas que leemos en Shabat, tras la lectura de la Parashá de la semana) fueron tomadas del libro de Yeshaiahu.
Enseñan nuestros Sabios que Yeshaiahu tuvo el mérito de establecerse como el profeta del consuelo: “Quien ve (el libro de) Yeshaiahu en un sueño, esperará consuelo” (Talmud Babli, tratado Berajot 57b). Los Sabios explicaron que él tuvo este mérito porque se ofreció voluntario para su misión profética diciendo “Aquí estoy yo, envíame a mí” (Isaías 6:8), mientras que los otros profetas retrocedieron ante la pesada carga y no estaban ansiosos por asumirla.
A lo largo del tiempo y el espacio, los judíos hemos ideado y encontrado rituales para marcar los periodos y momentos importantes de nuestras vidas, permitiéndonos encontrar lo sagrado en cada instante que nos habita. Al reflexionar en este mes de Elul, en camino hacia los iamim noraim, nos atraviesan rituales y prácticas, en una memoria colectiva sigue influyéndonos como Pueblo.
Según el historiador Yosef Yerushalmi (1932-2009), la fuerza de la memoria colectiva judía se debe a que reforzamos la memoria a través del ritual: el ritual es justamente la forma en que conservamos y revivimos la memoria colectiva de nuestra familia, la cercana y la extensa, adoptamos textos, momentos, sabores y melodías que nos quedan grabadas en la memoria.
“Amigos queridos. Amigos todos”, diría nuestro Rabino y Maestro Alejandro Avruj, “dicen los místicos que cada mañana D-s crea un ángel único y especial detrás de cada una de las pequeñas hierbas del campo, que se acerca y le susurra: “Y ahora… ¡crece!”.
Consolar, para Yeshuaiau, no es contemplar el pasado y aquello que no podemos recuperar; es un acto de construcción de futuro. Así como la pequeña hierba necesita el susurro diario del ángel para desplegar su potencial, nosotros necesitamos del ritual y de la memoria comunitaria para no olvidar quiénes somos ni hacia dónde caminamos.
En estos días de teshuvá, el gran desafío es poder atrevernos a responder “Aquí estoy yo”, como lo hizo Yeshaiahu, y transformarnos en los artifices de nuestra propia historia. Porque así como el profeta fortaleció a nuestros antepasados, seguirá haciéndolo en las generaciones venideras, llevando un mensaje de identidad y esperanza para todo Am Israel.
Shabat Shalom amigos!
Sebastián Cabrera Koch
