Parasha Ki Tetze

Hay momentos en la vida para los que uno se prepara durante mucho tiempo. Los imagina, los espera, hace cuentas, piensa cuánto falta.

Y es raro, porque cuando finalmente llegan, uno descubre que aquello que parecía una llegada era, en realidad, una salida.

Terminás algo y empieza otra cosa. Te recibís y ahora tenés que ejercer. Dejás un lugar conocido y aparece otro que todavía no sabés bien cómo va a ser. Crecés y, junto con algunas alegrías, empiezan a aparecer también nuevas responsabilidades.

Ki Tetzé , “cuando salgas”. No cuando llegues.

Como si la Torá nos dijera, está muy bien todo lo que aprendiste, todo lo que estudiaste, todo lo que construiste hasta acá. Pero ahora viene la pregunta más difícil:

¿Qué vas a hacer con todo eso cuando salgas?

Porque afuera aparece la vida real.

Y todos tenemos momentos de Ki Tetzé. Momentos en los que algo que esperamos durante mucho tiempo finalmente llega y, de golpe, entendemos que no era el final.

Era el comienzo de otra cosa.

Quizás por eso la pregunta no sea solamente a dónde queremos llegar, sino:

¿Quiénes vamos a ser cuando nos toque salir?

Shabat Shalom
Sem. Mati Bomse

Haftara Ki Tetze

“El mensaje de Identidad y esperanza”, por Seba Cabrera Koch.

HAFTARÁ SHLAJ LEJÁ – Comentario a Yeshaiahu / Isaias 54, 1–10

El profeta Yeshaiau, Isaias, es conocido como el mayor proveedor de Haftarot en el Tanaj. Cerca de un tercio de todas las Haftarot (las porciones de los profetas que leemos en Shabat, tras la lectura de la Parashá de la semana) fueron tomadas del libro de Yeshaiahu.

Enseñan nuestros Sabios que Yeshaiahu tuvo el mérito de establecerse como el profeta del consuelo: “Quien ve (el libro de) Yeshaiahu en un sueño, esperará consuelo” (Talmud Babli, tratado Berajot 57b). Los Sabios explicaron que él tuvo este mérito porque se ofreció voluntario para su misión profética diciendo “Aquí estoy yo, envíame a mí” (Isaías 6:8), mientras que los otros profetas retrocedieron ante la pesada carga y no estaban ansiosos por asumirla.

A lo largo del tiempo y el espacio, los judíos hemos ideado y encontrado rituales para marcar los periodos y momentos importantes de nuestras vidas, permitiéndonos encontrar lo sagrado en cada instante que nos habita. Al reflexionar en este mes de Elul, en camino hacia los iamim noraim, nos atraviesan rituales y prácticas, en una memoria colectiva sigue influyéndonos como Pueblo.

Según el historiador Yosef Yerushalmi (1932-2009), la fuerza de la memoria colectiva judía se debe a que reforzamos la memoria a través del ritual: el ritual es justamente la forma en que conservamos y revivimos la memoria colectiva de nuestra familia, la cercana y la extensa, adoptamos textos, momentos, sabores y melodías que nos quedan grabadas en la memoria.

“Amigos queridos. Amigos todos”, diría nuestro Rabino y Maestro Alejandro Avruj, “dicen los místicos que cada mañana D-s crea un ángel único y especial detrás de cada una de las pequeñas hierbas del campo, que se acerca y le susurra: “Y ahora… ¡crece!”.

Consolar, para Yeshuaiau, no es contemplar el pasado y aquello que no podemos recuperar; es un acto de construcción de futuro. Así como la pequeña hierba necesita el susurro diario del ángel para desplegar su potencial, nosotros necesitamos del ritual y de la memoria comunitaria para no olvidar quiénes somos ni hacia dónde caminamos.

En estos días de teshuvá, el gran desafío es poder atrevernos a responder “Aquí estoy yo”, como lo hizo Yeshaiahu, y transformarnos en los artifices de nuestra propia historia. Porque así como el profeta fortaleció a nuestros antepasados, seguirá haciéndolo en las generaciones venideras, llevando un mensaje de identidad y esperanza para todo Am Israel.

Shabat Shalom amigos!
Sebastián Cabrera Koch

Parasha Shoftim

¿Qué hacemos cuando tenemos poder? ¿Estamos dispuestos a juzgar con equidad? ¿Qué nos pasa cuando, en ese momento, tenemos la posibilidad de decidir sobre los demás? ¿Qué ocurre cuando nuestra palabra pesa; cuando la decisión que tomamos puede beneficiar o perjudicar a otra persona; o cuando tenemos autoridad para decir por sí o no?

Muchas veces creemos en el poder como algo lejano, reservado para presidentes, gobernantes, jueces o personas que ocupan lugares importantes. Sin embargo, si miramos un poco más cerca, descubrimos que todos, en algún momento, tenemos alguna forma de poder.

Lo tenemos cuando dirigimos nuestras familias, cuando educamos, cuando decidimos, cuando opinamos sobre alguien y especialmente, cuando juzgamos quizas sin saber.

Entonces el verdadero desafío no sea alcanzar el poder, sino descubrir qué hacemos con él cuando lo tenemos.
Esta semana nos encontramos nuevamente en el libro de Devarim Deuteronomio, en la Parashá Shoftim, cuyo nombre significa “Jueces” Devarim 16 18 – 21:9.
Moshé le habla al pueblo que está a punto de entrar en la Tierra Prometida.
Después de cuarenta años en el desierto, deberán comenzar a organizar una sociedad. Ya no alcanza con haber aprendido a vivir en libertad. Ahora tendrán que aprender algo quizás mucho más difícil, vivir juntos y construir una sociedad donde la justicia no dependa de quién sos, de cuánto tenés o del lugar que ocupás.

Entonces aparece uno de esos versículos que, aunque fue escrito hace miles de años, parece no haber envejecido “…Justicia, justicia perseguirás…” (Devarim 16 20)

¿Por qué repetir dos veces la palabra justicia?

Tal vez porque no alcanza con decir que buscamos lo justo. También importa el camino que elegimos para llegar hasta allí.
No podemos reclamar honestidad mientras justificamos nuestras propias pequeñas deshonestidades.
No podemos pedir respeto mientras descalificamos al que piensa diferente.
No podemos exigir que los demás sean imparciales mientras nosotros decidimos quién tiene razón antes siquiera de haber escuchado la otra parte.
Por eso Shoftim comienza hablando de jueces, pero inmediatamente les pone límites.
Les exige imparcialidad, les prohíbe favorecer a una persona por sobre otra y les advierte especialmente sobre el soborno, porque puede distorsionar incluso la mirada de quien cree estar actuando correctamente.
Porque es muy fácil leer estas palabras pensando en los demás.
En los jueces. En los políticos. En los gobernantes. En quienes tienen poder.
Pero ¿y nosotros?
Nosotros también juzgamos.

A veces lo hacemos sin conocer toda una historia. Escuchamos una versión, vemos una actitud, recibimos un comentario y rápidamente construimos nuestra propia sentencia.

Shoftim parece recordarnos que antes de juzgar hace falta algo mucho más difícil: escuchar.
La parashá continúa hablando del rey que algún día tendrá Israel. Y resulta llamativo que, justamente cuando habla de la persona que tendrá más poder, la Torá se preocupe por decirle todo aquello que no podrá hacer.
No deberá acumular excesivas riquezas ni utilizar su posición simplemente para engrandecerse.
Incluso deberá tener consigo una copia de la Torá y leerla durante toda su vida.
¿Por qué?
Quizás porque cuanto más poder tenemos, más necesitamos recordar que no todo nos está permitido.
El límite no disminuye la autoridad.
Muchas veces es aquello que evita que la autoridad se convierta en abuso.
Y esto tampoco pertenece solamente a los reyes.
Poder, justicia, límites y paz parecen palabras reservadas para grandes decisiones. Sin embargo, están mucho más cerca de nosotros de lo que imaginamos.
Hay poder dentro de una familia, en un trabajo, en una comunidad, entre amigos. Lo tenemos cuando alguien depende de una decisión nuestra, cuando nuestra palabra tiene más peso o simplemente cuando podemos imponer nuestra voluntad y elegimos no hacerlo.
También allí aparece el límite.
Y también allí aparece nuestra responsabilidad.
Más adelante Shoftim introduce una idea profundamente humana, las ciudades de refugio. Eran lugares destinados a proteger a quien hubiera causado una muerte accidental.

La Torá establece así una diferencia fundamental entre quien quiso hacer daño y quien provocó una tragedia sin intención.
No todo puede juzgarse de la misma manera.
A veces conocemos el resultado de una acción, pero desconocemos el camino que llevó hasta ella. Vemos lo ocurrido, pero no siempre sabemos qué había detrás.
Eso no significa que no exista responsabilidad. Significa que justicia y venganza no son lo mismo. Y quizás también nosotros necesitemos recordarlo cuando alguien se equivoca.
Porque hay momentos en los que buscamos rápidamente un culpable cuando quizás primero deberíamos intentar comprender qué ocurrió.
Finalmente, la parashá nos lleva a una situación extrema: la guerra.

Y justamente allí, cuando parecería que ya no queda lugar para hablar de límites, la Torá vuelve a colocarlos.
Antes de combatir contra una ciudad, se debe ofrecer la posibilidad de la paz.Es difícil leer estas palabras hoy sin pensar en el mundo que nos rodea.

Vivimos tiempos atravesados por guerras, violencia, intolerancia, racismo, antisemitismo y enfrentamientos en los que muchas veces pareciera que escuchar al otro se ha convertido en una señal de debilidad.

Pero Shoftim fue escrita para una sociedad real, con conflictos reales.
No propone un mundo donde todos piensen igual ni donde desaparezcan mágicamente las diferencias.
Propone algo mucho más difícil, que aun en medio del conflicto no perdamos nuestros límites.

Y si incluso frente a una guerra la Torá nos obliga a considerar primero la posibilidad de la paz, quizás nosotros también podamos preguntarnos qué hacemos frente a nuestras propias pequeñas guerras.

Esas que ocurren dentro de una familia, entre amigos, en una comunidad o simplemente con alguien que piensa diferente.
¿Cuántas veces queremos tener razón antes que encontrar una solución?
¿Cuántas veces una palabra dicha en un momento de enojo termina levantando una pared que después resulta muy difícil derribar?
Quizás ahí descubrimos que Shoftim no habla solamente de jueces, reyes, ciudades de refugio o guerras.
Habla de algo mucho más cercano.
Habla de nosotros cuando tenemos que elegir.
Porque todos tenemos, alguna vez, una pequeña cuota de poder. Todos podemos juzgar.

Todos podemos cruzar un límite. Y todos podemos decidir si frente al conflicto intentamos primero construir un camino hacia la paz.

Tal vez la verdadera medida de una persona no aparezca cuando no tiene opciones, sino precisamente cuando puede elegir qué hacer con el poder que tiene.

Por eso, después de leer Shoftim, queda una pregunta que ya no está dirigida a los jueces ni a los gobernantes.

Está dirigida a nosotros.

Y vos, cuando tenés el poder de decidir, ¿hasta dónde estás dispuesto a llegar sin perder de vista la justicia, la responsabilidad y la paz?

Que en este Shabat podamos aprender que ser justos no significa solamente exigir justicia a los demás. También significa revisar nuestras propias decisiones, saber poner límites a nuestros actos, escuchar antes de juzgar y comprender que buscar la paz nunca debería ser entendido como una debilidad.

Quizás sea, justamente, una de nuestras mayores fortalezas.
Shabat Shalom.
Susy Lapilover
Am Israe Jai

Haftara Shoftim

Ha kadosh Baruj Hu rescata a Israel 51:23

Haftará Shoftim es la cuarta de siete profecías de consuelo; ellas se leen a partir de Tisha b´Av hasta Rosh a Shana y son guías para reparar el alma después de grandes quiebres, tal como lo fue históricamente la perdida de Ierushalaim y la destrucción del Beit a Mikdash.
Es en aquellos tiempos, Israel se sintió abandonada y con miedo, una vez más, se lamentó y desconsolada clamó al Santo Bendito Sea.
El profeta Ieshaiá, señaló en su mensaje eterno, que nuestro exilio comienza cuando olvidamos quienes somos y nos alejamos de Ha Kadosh Baruj Hu.
En la haftará leemos “Soy Yo, Yo quien te consuela”51:12 “¿Por qué le temes a hombres mortales, criaturas humanas (efímeras)como la hierba?” Ieshaiá 51:13 “Te olvidaste de tu Hacedor y vives aterrado por la furia de tu opresor…51:13. “El cautivo rápidamente será liberado y no morirá en el sepulcro y no le faltará pan.” 51:14 “Yo puse mis palabras en tu boca, y a la sombra de Mi mano te protegí…51:15 “Tu eres mi pueblo!” 51:16. “Despiértate, despiértate. Levántate Ierushalaim…” 51:17 “Doble calamidad recayó sobre ti, saqueo y destrucción. Hambre y espada. ¿Quién podrá consolarte?” 51 19. “Tus hijos están debilitados” 51:20 “Tú te rendiste en el suelo a modo de piso y de calle para los que te pasaron por encima” 51:23
La Redención Final 52:12

Ieshaiá anuncia la futura redención completa, como individuos y como pueblo.

Hasta hoy, luchamos por esa liberación; al mismo tiempo el profeta ordena vivir como si la liberación ya hubiera acontecido. “Despiértate Tzion”52 1 … “Sacúdete el polvo, siéntate en el trono, Ierushalaim, libérate de las cuerdas de tu cuello” 52 2…” Mi pueblo sabrá que Yo he prometido, y aquí estoy” 52:7. “Hashem ha mostrado su brazo poderoso, a todas las naciones. Todos los confines de la tierra verán la salvación por Ha Kadosh Baruj Hú” 52:10.

El texto, nos inspira también hoy, a vivir la redención como un camino de renovación y rectificación del alma, hasta soltar de nuestros corazones los pesados sufrimientos del pasado y vivenciar un estado de verdadera libertad aquí y ahora “Despiértate Tzión” 52.1

Quiera El Santo Bendito que las palabras del profeta nos motiven hoy, mañana y siempre a trabajar con certeza en la llegada de ese tiempo de liberación y Junto al Ha Kadosh Baruj Hu ser socios en la creación de un mundo mejor.

Shabat Shalom
Daliah Ruth Bat Shlomó

Nueva Comisión Directiva Amijai 2026-2027

Celebramos la Asamblea General de Amijai, en la que se renovaron las autoridades que tendrán la responsabilidad de acompañar un nuevo capítulo en la vida de nuestra comunidad. Gracias a todos los que participaron y fueron parte de este importante momento institucional.

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Haftara Ree

La Haftará de esta semana continúa el ciclo de las “Siete Semanas de Consolación” que se leen entre Tishá BeAv y Rosh Hashaná, ofreciendo palabras de esperanza al pueblo de Israel tras la destrucción del Templo. Isaías se dirige a Jerusalén como una mujer afligida por la tormenta, prometiéndole una reconstrucción magnífica: sus cimientos serán de zafiro, sus almenas de rubíes y todas sus puertas de piedras preciosas. Esta imagen de restauración material simboliza algo más profundo: la renovación del pacto entre Dios e Israel, comparado con las aguas de Noaj que nunca más volverán a inundar la tierra. El pasaje culmina con una de las invitaciones más conmovedoras del texto profético: todos los sedientos son llamados a acercarse a las aguas, a comer y beber sin dinero y sin precio, una imagen de alimento espiritual y de la búsqueda de Dios mientras Él se deja hallar.

El vínculo con la parashá Reé es claro: así como esta presenta a Israel una elección entre bendición y maldición, la Haftará ofrece una elección paralela entre la desolación pasada y la promesa de un futuro reconstruido. Ambos textos hablan de abundancia condicionada a la fidelidad, pero la Haftará enfatiza el aspecto de la gracia: Dios extiende una invitación abierta, sin condiciones onerosas, a quienes deseen acercarse.

Lo que resulta particularmente potente es la yuxtaposición entre sufrimiento y consuelo. Isaías no minimiza el dolor del exilio ni la destrucción, pero insiste en que la angustia no es la última palabra. Para una comunidad que carga sus propias historias de dispersión y reconstrucción, este mensaje conserva una vigencia notable: la invitación a “beber sin precio” nos recuerda que el acceso a lo espiritual, a la renovación y a la esperanza, permanece siempre disponible, no como mercancía, sino como don.

Yael Krochmal

Parasha Ree

Parashat Reé: ¿Quién toma las riendas?

“Abrirás tu mano a él, y le prestarás lo suficiente para su carencia: lo que le falte”. (Devarim 15:8)

La Torá describe una situación posible, donde un “hermano”, alguien cercano, se encuentra en una situación de necesidad. En ese contexto, aparece este mandamiento.

Sobre la frase “lo suficiente para su carencia”, el Talmud nos enseña un principio profundo: tienes la obligación de darle sustento, pero no estás obligado a enriquecerlo. Sin embargo, “lo que le falte” abarca muchas realidades e, incluso, puede llegar a incluir un caballo para montar y un peón que lo conduzca, si ese era su nivel de vida anterior.

Para ilustrar esto, el Talmud (Ketuvot 67b) cuenta un relato fascinante sobre Hillel HaZaken. Cierta vez, llegó a él un necesitado que en el pasado había gozado de una excelente posición social. Fiel a la ley, Hillel le consiguió un caballo para montar y un peón que lo condujera. Pero un día, a pesar de tener el presupuesto disponible, no encontraron a nadie que hiciera el trabajo del peón. Al ver esto, Hillel asumió él mismo la responsabilidad: tomó las riendas y condujo el caballo durante cinco kilómetros.

El final de esta historia llama profundamente la atención. Hillel, uno de los sabios más grandes y reconocidos de toda nuestra historia, se ocupó personalmente de llevar a alguien con carencias. Traducido a nuestros días, actuó como el chófer de un buen auto. Teniendo los recursos, pero sin nadie que ejecutara la tarea, no se quedó de brazos cruzados: lo hizo él mismo.

Faltan pocas semanas para los Iamim Noraim. Nos vamos a encontrar con nuestra comunidad, y también con nosotros mismos. A veces, corremos el riesgo de actuar como el pasajero del relato: nos subimos al “caballo” de la comunidad y esperamos pacientemente que alguien más lo guíe. Pero, ¿qué pasa si todos esperamos y nadie toma la posta?

Hillel nos regala una máxima fundamental para estos momentos: “En el lugar donde no haya personas, esfuérzate por ser tú la persona”. (Pirkei Avot 2:5)

Si nadie toma las riendas, quizás sea tu turno. Y acá tenes una doble oportunidad: Es tu oportunidad de guiar, de destrabar esa situación personal que este año no sale adelante, y de tomar la responsabilidad de tu futuro. Y desde lo comunitario, de sumar nuevos compromisos para que tu crecimiento también signifique un crecimiento de la comunidad. Tu comunidad, nuestra comunidad.

Con estas ideas, te dejo un abrazo y el deseo de un mes de Elul significativo, que te deje preparado para los desafíos de los Iamim Noraim y del nuevo año que comienza.

Shabat Shalom uMevoraj,
Rab Meir Szames
La Ieshive