Entre músicas, movimientos y cintas que nos fueron acariciando y enlazando, tejimos una trama común de encuentro, risas y presencia.
Al final, cada uno anudó su cinta a la de los demás, creando un único tejido que nos recordó nuestra singularidad al tiempo de sentirnos parte de una trama compartida.
En el cierre resonaron palabras como alegría, comunidad, encuentro, pertenencia, respeto, igualdad, amor, agradecimiento.
Compartimos la idea de que la amistad no es solo un vínculo entre dos personas, sino también una manera de habitar la vida: una actitud abierta, amorosa y disponible hacia los demás.












Agradecimos ser parte de la Comunidad Amijai, sintiéndonos acompañados y contenidos por el trabajo de ADAR, un espacio que hace posible que esos lazos sigan creciendo.
Porque una comunidad se sostiene, entre otras cosas, gracias a los pequeños -y muchas veces enormes- gestos de amistad que compartimos día a día.
