¿Cuándo fue la última vez que te pidieron festejar algo que todavía no existe?
Eso le pasa a Sión en la haftará de Noaj. Isaías le habla a una Ierushalaim devastada, con su pueblo en el exilio, y le dice: “Cantá, estéril, la que no dio a luz” (Roni akará). A una mujer sola y sin hijos le piden que se ponga contenta cuando no tiene un solo motivo a la vista.
La frase desconcertó tanto que el Talmud la discute. Un hereje se la planteó a Beruria, la esposa de Rabi Meir: ¿por qué iba a cantar alguien por no haber tenido hijos? Ella lo llamó necio y le dijo que leyera el versículo hasta el final, donde los hijos de la desolada son más que los de la casada. Después le dio su lectura: la estéril es la congregación de Israel, que no dio a luz hijos destinados a la Gehena como los de ustedes.
Hay más. Isaías le pide que ensanche el lugar de su tienda, que alargue las cuerdas y clave bien las estacas. Es decir: prepará lugar para una familia que todavía no llegó. Primero se arma la casa y recién después se llena.
Después viene una comparación que corta el aire: “Esto es para mí como las aguas de Noaj”. Igual que juré que esas aguas no volverían a cubrir la tierra, dice D-os, juro que no voy a enojarme con vos ni a reprenderte. Los montes pueden moverse y las colinas tambalear, pero mi bondad no se aparta de vos y mi pacto de paz no se mueve.
La promesa más grande que conocemos es que el mundo no va a ser destruido otra vez. Isaías la usa para decirle a un pueblo quebrado que su futuro tiene esa misma firmeza. Y reconoce el dolor: el enojo fue «un instante» y la bondad es eterna. El dolor existió, pero no decide.
El capítulo 55 abre con otra imagen de agua: “Todos los sedientos, vengan al agua”, incluso los que no tienen plata. En el versículo 9 las aguas de Noaj eran el recuerdo de una amenaza, y acá el agua es una invitación.
Todavía no sabemos quién va a llenar la tienda, pero la haftará dice que vale la pena ensancharla.
Shabat Shalom!
