Haftarat Bamidbar – Oseas 2: 1-22

 En Haftará, Haftará Números-Bamidbar

Este Shabat estamos dando comienzo a nuestro cuarto libro. El nombre hebreo del Libro de los Números es Bamidbar, que significa “en el desierto”. Este es un título apropiado para el libro que narra el tiempo de los hijos de Israel en el desierto y todos los viajes a través de el : el episodio de las codornices después de que el pueblo se quejara del maná, la historia de los espías que exploraron la tierra de Israel, la rebelión de Koraj, el evento de Pinjas . Estas historias, y otras en el libro, describen repetidamente un ciclo de incredulidad en D´os, pecado y castigo, que caracterizó los 40 años que los israelitas pasaron en el desierto.

Pero, en el Libro de Oseas, nuestra Haftará para esta semana, parece que la memoria de D´os del desierto no es tan negativa. De hecho, D´os tiene la esperanza de que este lugar lo conduzca a la reconciliación con su esposa infiel, el pueblo de Israel: “Allí (en el desierto) ella responderá en los días de su juventud, cuando salió de la tierra de Egipto”(2:17). Dios piensa en el período que los israelitas pasaron en el desierto, después de salir de Egipto, como uno de los aspectos más destacados de su relación con Israel, tanto que considera el desierto un buen destino para una “segunda luna de miel”.

Sin embargo, antes en la misma haftará, las imágenes del desierto aparecen en un contexto no tan positivo. Al describir cómo el esposo traicionado castigará a su esposa, Oseas promete: “La desnudaré y la dejaré como el día en que nació. La convertiré en un desierto, la convertiré en tierra desierta, y la dejaré morir de sed ”(2: 5).

Entonces, ¿cuál es una mejor descripción de la experiencia de los israelitas en el desierto? ¿Desolado, estéril, aterrador, como se sugiere en la primera parte de la haftará? ¿O la cercanía romántica y amorosa con Dios, como se sugiere en la segunda parte de la haftará? Cuando comenzamos a leer el cuarto libro de la Torá, sumergiéndonos en las historias de los israelitas en el desierto, la haftará nos anima a hacer estas preguntas.

Nos sabemos hijos de D´os y como todo buen padre siempre hay un perdón para este Hijo imperfecto, desconfiado y pecador. Pero aun que sepamos que siempre vamos a tener una nueva oportunidad, deberíamos pensar que hermosa sensación la de un padre que se alegra por las acciones de un hijo, y en lugar de especular con el perdón continuo deberíamos pensar que fuimos puestos en este mundo con una misión “Letaken olam”( corregir el mundo).

Entonces mis queridos amigos la sugerencia para esta semana en que comienzan los viajes es pensemos en esa misión y en que bueno darle Najes a ese padre que siempre estará dispuesta a una nueva oportunidad, pero que nada se compara con las alegrías que un hijo le puede dar a un padre.

Shabat Shalom
Ari A. Alster

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