Haftarat Tazria-Metzora – Reyes 7:3-7:20

 En Haftará, Haftará Levítico-Vayikrá

Siendo esta la semana que conmemoramos Iom Hazicaron y Iom Hatzmahut, dedico estas palabras con todo mi corazón y admiración a todos los seres que trabajaron y trabajan de todas las formas posibles en la construcción de nuestro amado Eretz Israel – Isreal.

La Haftará que corresponde a las parashiot Tazria+Metzora es Reyes II 7:3-7:20 el tema que vincula estos tres textos es la lepra (tzaraat- ) y los leprosos.

En esta oportunidad, el Profeta Elishá es quien tiene a su cargo la responsabilidad de devolverle la Fe al pueblo de Israel, desmoralizado por una época de guerras, hambre y penurias que sufría la ciudad de Shomron (pueblo de Israel) sitiada por los soldados de Aram (enemigo tradicional de Israel, hoy Siria). En un momento escuchó el campamento de Aram estruendos de carros y de caballos como si un gran ejército los atacara. Los soldados de Aram creyendo que algún ejército -hititas y egipcios- para defender a los hebreos llegaba a enfrentarlos, huyeron precipitadamente, abandonando todas sus pertenencias, sus caballos y sus burros y su reserva de alimentos. (algo similar sucedió en la guerra de Iom Kipur con el ejercito Sirio).

Cuatro leprosos hebreos, apartados de su campamento debido a su condición y muy hambrientos por el sitio del ejército de Aram, se acercaron al centro de aprovisionamiento del ejercito enemigo como ultima oportunidad de sobrevivir encontrándolo abandonado. Para su sorpresa lo descubrieron sin personas y lleno de comida, de burros, de caballos y de objetos valiosos. Luego de saciar su apetito pensaron en quedarse con los objetos valiosos pero considerando la situación de sus hermanos hebreos decidieron avisarle al Rey de Israel de la huida de los sitiadores y de alguna manera anunciar el fin de la guerra.

Los “leprosos” dieron cuenta que su regalo (haber encontrado el campamento lleno de alimentos y sin personas) les dio la responsabilidad de compartirlo con otros. Ellos entendieron que permanecer callados y disfrutar para si mismos sus bendiciones estarían siendo desaprovechadas. Ellos tenían la responsabilidad de compartir la buena nueva.

Sabemos que Tzaraat era una erupción en la piel parecida a la lepra que hoy conocemos, y reacción cutánea esta directamente asociada y relacionada con el uso de la palabra.
La palabra como recurso genuino y particular del hombre.
La palabra que construye. y Sabemos que la palabra construye.
Sabemos que la palabra crea.

Construye palacios o sótanos, construye puentes o grietas.
Construye. Crea.

Los leprosos eran considerados impuros.
Impuros porque cortaron la conexión.
Impuros porque rompieron los lazos, porque rompieron los vínculos, porque rompieron los códigos.
Impuros porque rompieron los puntos de encuentro, de unión.
Porque con la palabra construyeron grietas, construyeron sótanos y cárceles, porque con la palabra construyeron lugares de los que no se puede salir, lugares que no se pueden desandar.

Y los cuatro protagonistas de nuestra historia, pudieron recomponer su rumbo. Le encontraron un sentido a su condición. Porque su aislamiento o separación del entorno debía servir para la reflexión, para evaluar su propio accionar, para comprender cuan responsables eran del daño provocado. Y eso hicieron.
Porque pensaron por un momento que tenían en sus manos un tesoro (la información). Y se sintieron RESPONSABLES.
Comprendieron el mensaje.
Y cambiaron el uso de la palabra.
Iluminaron su cárcel, reconstruyeron el puente.

Porque los mensajes nos llegan así, desde todas las direcciones.
Y Cuando nos tomamos el tiempo para enfocarnos, y hacer introspección estamos mas cerca, mucho mas cerca de poder comprenderlos.
Como no tenemos profetas, no podemos estar absolutamente seguros de cuál es el sentido de los mensajes. Tercerizar confunde, y aleja el mensaje. Pero hacernos responsables ayuda .
Hagámonos responsables de las pruebas que nos tocan atravesar. Porque los desafíos nos construyen.

Cuide su palabra.
Construya sólido.
Construya responsablemente el mundo en el que desea vivir.

¡Shabat Shalom y Jag Haatzmaut Sameaj!
Silvia Dvoskin

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