Parashat Shemini – El día más importante

 En Parashá, Parashá Levítico-Vayikrá

Durante meses estuvieron abocados a la tarea de diagramar, proyectar y construir el Mishkan.

Tanto Moshé, como Aaron y los arquitectos interpretaron las órdenes divinas, cada uno desde su perspectiva, todas importantes y necesarias para que ese sea El lugar donde la Presencia de D-s se manifieste frente a todo el pueblo.

Siete días, duró el proceso de iniciación sacerdotal. Como en muchas ocasiones en la Tora, el siete nos indica un proceso cumplido.

Shabat Shalom nos decimos cada Shabat… shalom, además de paz también es shalem completo.
La parashá de esta semana, nos invita a ir un poco más allá de lo completo, a romper ese equilibrio de lo manifestado en siete ciclos para introducir lo nuevo, Shemini, el ocho.

Ese sería el día indicado para inaugurar el Mishkan, no el séptimo sino el octavo. Durante un largo proceso habían sido entregadas todas las instrucciones y repartidas las tareas, el octavo sería el día de la realización, la puesta en practica que marcaría un antes y un después en el vínculo de Hashem con su pueblo.

Inaugurar, es dar inicio a algo nuevo, es trascender lo conocido, es animarse a ser aquello por lo que venimos trabajando en nuestras vidas. Esta porción de la Tora nos da algunas pistas sobre cómo vivir este día tan especial.

Por un lado, siguiendo el camino del medio…

Esta parashá, dicen los antiguos sabios, alberga en su interior el “medio” de la Tora, dos palabras que son iguales en su esencia y que reflejan el espíritu de nuestro pueblo. Darosh-Darash, traducida significa preguntar, exigir, inquirir. Si buscamos en su raíz surgen las palabras Midrash, Derasha (prédica). Las preguntas, el estudio, la interpretación podría decirse que son un pilar para nuestro pueblo. Con ellas viene la posibilidad de que surja lo nuevo, aquello que propicia el cambio, la pregunta constante que nos coloca en la interminable tarea de elegir(como también aparece en esta porción de la Tora) entre lo puro y lo impuro, entre lo sagrado y lo profano, para encontrar el camino del medio, ese que no pretende “fuegos extraños”, ni acciones individuales heroicas para lograr que la Shejina habite en nosotros.

El día mas importante, donde se revela el verdadero poder de la Tora, es el cotidiano. El tabernáculo, a partir de ese día, funcionaría a diario, implicaría una rutina que mantendría viva la llama divina en cada uno.

Y, por otro lado, integrando todas las voces. La presencia divina solo se manifestó luego de que Aaron y Moshé juntos bendijeran al pueblo.

Tal vez, Shemini, nos enseñe que después de cada ciclo de siete, donde durante seis fuimos atravesados por la experiencia de vivir y nos hemos tomado el último para esa pausa que nos permite la integración y el crecimiento, nos toque volver a empezar, pero esta vez no del uno, sino del ocho, transformados, más maduros encaminándonos al próximo Shabat, promesa de un nuevo Shemini.

¡Shabat Shalom!
Grace Cobe

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