Parashat Ki Tisa – Shemot 30:11 34:35

 En Parashá, Parashá Éxodo-Shemot

Este shabat nos encontramos en el primero de los cuatro Shabatot especiales que hay entre Purim y Pesaj. Este se denomina Shabat Parah. La costumbre es que el maftir, que normalmente es una repetición extra del último párrafo de la 7° aliá, se lee un fragmento especial que nos habla de la famosa vaca roja.

Sin lugar a dudas, este es un Shabat con muchos aspectos muy difíciles de explicar e incluso de entender aún para aquellos que han tenido la oportunidad de estudiar un poco más.

Por un lado, tenemos la vaca roja, cuyas cenizas purifican al impuro pero impurifican al puro, la verdad muy complejo, tan complejo que ni el sabio de Shlomo Hamelej logró descifrar este concepto.

También tenemos el pecado del becerro de oro inexplicable que un pueblo que cuarenta días antes había presenciado la revelación de la Divinidad como ningún otro hito de la historia universal pudo registrar nunca. Solo cuarenta días después se terminan doblegando ante la imagen de un Becerro, la verdad inentendible.

Y, en tercer lugar, que en realidad es el primero por orden de aparición, tenemos la expiación del pecado del Becerro con la donación del “Majatzit Hashekel” la moneda de medio Shekel. Además de que nos muestran el remedio antes de la enfermedad. Y es aquí donde decidí explayarme un poco más en esta oportunidad.

La lectura bíblica de esta semana, Ki Tisá, abre con el mandato Divino de realizar el censo a los judíos por medio de que cada hombre de guerra dé una moneda de Medio Shékel. Esto serviría de expiación por el pecado del Becerro de Oro.

Dicen nuestros sabios que Moshé no pudo entender el precepto del Medio Shékel hasta que D-os le sacó un Medio Shékel de fuego de debajo de Su Trono Celestial y le dijo “Esto es lo que hay que dar”.

¿Qué es lo que Moshé no entendió y qué es lo que D-os le resolvió con mostrarle la moneda de fuego?

Hay muchas explicaciones. He aquí una explicación que ofrece el Rab Menajem Mendel Shniersohn:
Lo que Moshé no pudo entender fue cómo era posible a través de Medio Shékel expiarse por semejante transgresión de adorar un Becerro de Oro. Lo que D-os le mostró fue que no se trata de un simple medio shékel, sino de un medio shékel de “fuego”.

Lo que puede ayudarnos a liberarnos del efecto de la adoración por el oro es dar Tzedaká como si fuera fuego.
¿Cuánto mide el fuego? Depende del espacio que se le dé. El fuego se expande sin límites. Busca expandirse al máximo. Esta es la idea de Medio Shékel de “fuego”.

No alcanza con dar el diezmo de las ganancias. No alcanza con dar mucha Tzedaká. Hace falta dar de una manera infinita. ¿Cómo es posible dar una cantidad infinita de dinero? Es una cuestión de actitud. Dar “como el fuego” significa buscar cada oportunidad para dar y no conformarse con el mínimo. No es una cuestión de cantidad como una de actitud y calidad. Cuando uno adquiere esa actitud para con el dinero, es ahí que se expía por la adoración que podía haber ejercido por el oro como un fin en sí mismo.

Y yo les propongo redoblar la apuesta, proponiéndoles que además del dinero tal como nos propone el Rab, hay muchas formas de dar, podemos brindar nuestro tiempo, podemos también dar una caricia, podemos prestar nuestro oído a quien necesite ser escuchado y muchas formas más de entregar algo nuestro para morigerar la falta del otro. Que además tiene un efecto de alivio para el que tiene esa falta, pero también tiene un efecto sanador para el donante.

Es por eso mis queridos amigos que les propongo en este Shabat con tantas cosas difíciles de entender, que empecemos por la más sencilla de ejecutar entreguemos ese Medio Shekel de fuego que se expanda hasta lo infinito, que calma esa falta que tiene el otro, pero que también nos expía a nosotros mismos.

Shabat shalom humeboraj.
Ari A. Alster

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