Haftarat Mishpatim

 En Haftará, Haftará Éxodo-Shemot

La haftará y la parashá de esta semana se unen, a través de la esclavitud.
Las leyes que podemos encontrar en nuestras fuentes acerca de los esclavos, indican un claro entendimiento y respeto por ellos como seres humanos, merecedores de dignidad.

El objetivo de las legislaciones que se encuentran en la Torá, para aquellos que poseían esclavos hebreos, tenían su raíz en la realidad histórica de aquella generación qué había conocido la esclavitud de Egipto.

Según el texto de Shemot, los esclavos hebreos debían trabajar solo seis años y ser liberados en el séptimo. Es esta misma ordenanza la que aparece en la Haftará.

Cuando Nabucodonosor comienza el asedio de Ierushalaim con el objetivo de su conquista, el Rey Tsidkiyahu (último rey de Judá antes de la destrucción de este reino en manos de los babilonios), declara que todos los esclavos hebreos deben ser liberados a fin de ganarse el respeto y buen ojo de D´s. Sorprendentemente los residentes de la ciudad de Jerusalem cumplen. Sin embargo, tan pronto como se alivió el asedio, y los babilonios retrocedieron, los que habían sido esclavos volvieron a la servidumbre algunos por la fuerza y otros por decisión propia.

Harriet Tubman fue una luchadora por la libertad de los afroamericanos esclavizados en Estados Unidos. De acuerdo con algunas fuentes, Harriet liberó a miles de esclavos durante 10 años. Falleció a los 91 años, luego de convertirse en una líder abolicionista antes de la Guerra Civil, y luego, en defensora del derecho de las mujeres para poder votar.

Durante su vida legó muchas enseñanzas, entre ellas, esta frase:
“Yo he liberado a miles de esclavos y habría liberado miles más, tan solo si ellos hubieran sabido que lo eran”.

Dejar de ser esclavo depende a veces de otros, pero casi siempre de uno.
Es por eso que D´s no abolió la esclavitud al salir de Egipto, sino qué la legisló, esperando que quienes decidieran qué hacer con su libertad, fueran cada uno de los que formaban parte de aquel pueblo que había sido esclavo en Egipto durante 430 años.

De alguna forma esta frase de Harriet, así como nuestros textos sagrados, nos invitan a repensar nuestras libertades.
Todos somos esclavos de algo o de alguien, de algún deseo, o frustración. Del pasado o del futuro. El arte de la libertad, de querer ser libre, poder elegir lo que uno quiere, implica entender que nadie más que uno puede liberar su mente de la esclavitud.

Shabat Shalom
Sem. Mati Bomse

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