Carta abierta de nuestros Bnei Mitzvá de Adultos 2020

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El 15 de octubre de 2019, nos asomamos por una puerta, sin darnos cuenta de todas las que se abrían en ese mismo momento y en ese pequeño instante.

Nos sentamos, algo avergonzados, en la mesa redonda, en el primer piso de Amijai. Eramos cinco o seis. Después, finalmente, seríamos seis con seguridad.

En la cabecera estaba Sarina, nuestra Rab que, con su extrovertida forma, nos acomodó y nos presentamos entre todos.

Cada uno enseñó a los demás sus primeros “porque no”.  No lo tomé porque no podía, porque la familia no estaba, porque la asimilación, por la educación, por un montón de situaciones que, ahora, varios meses después, vemos que no tenían importancia alguna.

No importaba el “porque no”,  sino el “porque si”.

Porque habíamos decidido encarar con unos 35, 40 ó 45 años de atraso nuestro Bat y Bar Mitzvá. Durante las reuniones aprendimos que los judíos santificamos el tiempo, por lo que, hablar de atraso carece de sentido. Por el contrario, fue ese momento especial donde decidimos dar el paso que, por cualquier otra razón, no lo habíamos dado antes. El momento donde los seis desnudamos nuestros desconocimientos y nos abrigamos con el conocimiento que nos transmitieron, Sarina, Mati, Brian y Ale.

No creemos en las casualidades, sino en las causalidades. No creemos en las coincidencias, sino en el destino. Y fuimos aprendiendo el uno del otro y todos del grupo. Nos fuimos nutriendo de conocimientos, de historias, de tradiciones. Fuimos por estos meses nuestra propia comunidad de estudio, dentro de la gran familia de Amijai.

Cuando comenzamos, habíamos puesto nuestras esperanzas en que este 24 de mayo de 2020 nos reuniríamos en una hermosa ceremonia para recibir La Torá. Habíamos esperado mas de 30 años, alcanzando casi a Moisés, para poder llegar a recibirla y nos cambió el COVID 19.

Estudiamos, sufrimos con las pronunciaciones, con el uso de la memoria, con la divertida forma poco natural que tenemos cuando aprendemos hebreo después de los 40 años de edad y la pandemia nos cambió los planes. Sin embargo, ninguno dijo nada, ninguno se preocupó demasiado. Nos miramos, dijimos “será lo que debe ser”, esperamos tanto, aprendimos tanto, que esperar un poco más sólo nos hará un poco más sabios. Así que, cuando se habló de suspender o proseguir , no hizo falta ninguna discusión, normal en cualquier grupo judío. Sólo afrontamos la situación y dijimos que el tiempo nos permitirá conocer, saber y estudiar un poco más. Eso sólo ya era un mayor premio.

Hoy, estamos participando de la ceremonia de forma online, a través de nuestros dispositivos, como nunca imaginamos, y tenemos los mismos nervios, la misma emoción, la misma rara sensación que cualquier chico o chica de 13 abrazando su tefilin y su talit, soñando con que, quizás, en octubre, podríamos tomarla físicamente y sino será en el próximo año. ¿Qué importa? Si, total, ya somos iehudim desde que nacimos y nada ni nadie nos puede quitar eso.

Meolam Kivinu laj (Por ello confiamos en TI por siempre).

Marta Langier, Betty Soria, Melissa Kaplun, Oscar Guetmonovitch, Tomás Dana y Damián Baccetti
Grupo de Bnei Mitzvá de Adultos 2020

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