Haftarat Behar-Bejukotai

 En Haftará, Haftará Levítico-Vayikrá

El mensaje en la Haftara de Iermiahu como profeta de la destrucción en la época de los babilonios, genera paralelos increíbles con el mensaje de la parasha de esta semana.

Los dos relatos, el de la parasha y la haftará, hacen una conexión con la actitud que toma el pueblo frente al cumplimiento de los mandamientos de la Torá.

La idea que comparten es la siguiente, si el pueblo de Israel se aferra con dedicación a los escritos sagrados, entonces se harán merecedores del respeto de las naciones y gozarán de bendición y prosperidad. Por el contrario, si le dieran la espalda, sufrirían el desprecio de las mismas, pobreza y maldición.

El profeta se concentra en hablarles acerca de la actitud idólatra que estaban llevando adelante, les pide que dejen de tener una fe ciega en los humanos que carecen de santidad y vuelvan a confiar en el D’s de sus antepasados.

Por un lado trataba de salvarlos de la destrucción, del exilio, generando en cada uno de ellos conciencia.
Pocos lo escucharon y la tragedia de la expulsión sucedió.

Me cuesta creer que la vida funcione de esta manera, ¿Cuántas personas verdaderamente malas reciben mucho de esta vida y cuántas personas buenas de corazón, pasan la vida sufriendo? ¿De haber vuelto a cumplir los mandamientos los Babilonios no hubiesen llegado al Templo para destruirlo?.

Lo que si me hace poner mis ideas en orden, es la concepción de que la Torá tiene un mensaje profundo, aquel que habla de poder ponerse constantemente en los zapatos del que tengo enfrente, con palabras justas que llenan el alma. Es por eso que no nos podemos hacer a un lado de ella, porque en caso de que así obremos, nuestra vida sería una sin la esencia de nuestro pasado, y sin conocer la propia historia de uno, el fracaso es casi seguro.

Sepamos tomar la elección de vivir una vida en movimiento llena de buenas acciones, finalmente éstas son las únicas que van a mantenerse latiendo en este mundo, aunque nosotros no estemos acá físicamente.

Dice el Midrash, “Tres grandes amigos tiene el hombre: su familia, sus bienes y sus buenas obras.
Cuando el hombre se acerca a la muerte, llama a su familia y le suplica que lo salven del fatal desenlace. Pero éstos le dicen que no pueden ayudar.

Luego el hombre le suplica a sus bienes que intercedan por él. También éstos le indican al hombre que no pueden interceder.

Es entonces que el hombre se dirige a sus buenas obras y les suplica salvación. Sus buenas obras le dicen al hombre: podés partir en paz; nosotros somos tu única adquisición.

Es a nosotros a quienes hoy pertenece la elección de vivir una vida de significado y bendición atravesados por los valores de nuestra tradiciones milenarias.

Shabat Shalom
Mati Bonse

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