Enrique Dardik (z’l). Un mensch, un jajam.

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Nuestro Enrique era un mensch, siempre de buen humor, atento con todos, era un hombre justo, y a la justicia se había dedicado.

Estudioso y ocurrente, siempre de buen humor y con convicciones firmes que defendía apasionadamente pero con la medida justa.

Un hombre profundamente arraigado en su judaísmo, era en verdad lo que lo constituía. Era un Jajam, un estudioso y uno podía sentirse muy contento de compartir una mesa de estudio con él.

Les guardaba lugar al lado mío a Clarita, siempre muy elegante y a Enrique y me lo agradecían. En verdad me sentía orgullosa de sentarme al lado de ellos. Sé los veía enamorados luego de tantos años de matrimonio.

Hoy, Enrique ha partido y, a la vez, que siento un dolor inmenso, me siento afortunada de haber podido compartir con él ideas, historias de vida. Fue un Kavod para mí que tanto él como Clarita me abrieran la puerta de su casa para tomar té con masitas, hablar del templo, de nuestra comunidad.

Fuimos compañeros de Haftarot, escribimos algunos comentarios y compartimos puntos de vista.
El Shabat pasado, Sehminí, recordé que tenía guardado un comentario de Enrique y así, “como por casualidad”, publicamos ese comentario.

Pensé: después le aviso…

Y se me acabaron las palabras cuando me enteré de la partida de Enrique.

En verdad, seguirá con nosotros, no podríamos imaginarnos la mesa sin él y su dulce compañera.
Su luz iluminará nuestras preguntas con sabiduría.

Norma Dembo

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