Parashat Tzav – La libertad siempre ha hablado con acento hebreo

 En Parashá, Parashá Levítico-Vayikrá

Estamos en vísperas de la fiesta de la libertad, y seguramente para todos será un Pesaj totalmente diferente a cualquier otro que hayamos vivido.

Para cada uno será distinto por otra razón, algunos no tendran a toda la familia completa sentada a su mesa, otros cocinarán menos, algunos no esconderán el afikoman por la falta de niños en casa, algunos deberán aprenderse los pasos del seder que el abuelo esta vez no podrá realizar.

En esta fiesta hay diferentes acciones para llevar adelante, desde eliminar todo el Jametz, aquel que representa nuestras bajas pasiones, nuestro Ietzer Hará, ese impulso por hacer el mal que todos llevamos dentro en mayor o menor medida, hasta preparar la mesa para vivir nuestro seder de Pesaj de la mejor forma que podamos.

Estos días, en la soledad de nuestras casas, nuestra tradición nos ayuda a pensarnos desde esta dimensión personal para poder trabajarlos dentro y controlar aquellos impulsos que queremos erradicar en este nuevo tiempo que comienza.

Este jag nos invita a ponernos en los zapatos del otro, nos llama a revalorizar nuestra libertad individual pero sobre todo la libertad colectiva.

Dice el rabino Gamliel en la sección del Maguid de la Hagadá: “Quien no discutió en el seder sobre el Sacrificio de Pesaj, la Matzá y el Maror no vivió un seder de pesaj”
El Korban Pesaj, representa aquel alimento de lujo, y por ende la libertad.
El Maror representa aquella esclavitud a través del sabor amargo.
La Matzá es una conjunción de las dos cosas, fue el pan de la esclavitud, y también el de la libertad.
La pregunta que surge de estas explicaciones es por qué aparece en la Hagadá un orden que no sería el correcto según la lógica.
Primero fuimos esclavos y luego conseguimos nuestra tan ansiada libertad.
En la Hagadá primero aparece el Sacrificio de Pesaj, luego la matzá y finalmente el Maror. ¿Por qué los símbolos de la libertad preceden a los de la esclavitud? Es obvio que la esclavitud fue antes que la libertad, por lo que podría ser más acertado hablar primero del Maror. Los jasídicos nos explican que este orden tiene toda una razon de ser, solo un pueblo humano libre, que saboreo la libertad de elegir lo que hacer de su tiempo, sus anhelos y deseos, mira a la esclavitud con un sabor amargo. Para ser verdaderamente libres tenemos que entender lo que es no serlo.

Uno de los pedidos más difíciles de nuestra tradición en pesaj es que nos podamos sentir como si nosotros hubiésemos sido esclavos del Faraón en Egipto. Eso solo se puede lograr con dos cualidades, fuerza de imaginación y empatía.

Deseo que podamos juntos en comunidad sentirnos más cerca que nunca, llenarnos de fuerza espiritual e imaginarnos en este tiempo donde estamos privados de nuestras libertades, en los zapatos de aquellos esclavos que lucharon por nuestra libertad, para que ellos y nosotros seamos dueños de nuestros propios tiempos. Anhelo que todos sepamos sabernos una vez más, mensajeros de esta historia milenaria de padres y abuelos, quienes construyeron nuestra forma de vivir y ver la vida.

Como dijo el poeta alemán del siglo XIX Heinrich Heine “La libertad siempre ha hablado con acento hebreo”.

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