Parashat Vaikrá

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El libro de Levítico/ Vaikrá, llamado en la tradición rabínica “Torat Kohanim”, comienza con las leyes de los korbanot, las ofrendas o sacrificios.

Y ya al comienzo en los primeros versículos encontramos el propósito de los korbanot:
“Llamó Adonai a Moisés, y habló con él desde el tabernáculo de reunión, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno de entre vosotros ofrece ofrenda a Adonai, de ganado vacuno u ovejuno haréis vuestra ofrenda…..y el sacerdote lo ofrecerá todo, y lo hará arder sobre el altar; holocausto es, ofrenda encendida de olor grato para Adonai”.

El concepto “olor grato para Adonai”, aparece ya en génesis, después del diluvio, con el primer sacrificio de animal que Noaj ofrece a Dios.

“Y edificó Noé un altar a Adonai, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar. Y percibió Adonai olor grato; y dijo Adonai en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre…”.

¿Cuál es la importancia del olor grato? ¿Por qué Dios necesita oler ese aroma agradable?
¿Por qué la promesa de no maldecir ni castigar la tierra depende del aroma agradable?

Nuestros sabios le asignan un valor especial al olfato. Asocian el olfato a la neshamá, al alma de la persona.
Cuando cantamos “kol haneshamá tehalel”, “todo el alma te alabará”, estamos afirmando que con todos los sentidos alabamos a Dios incluyendo el olfato que está asociado al alma.

Jazal, nuestros sabios de bendita memoria, enseñan que el sentido del olfato es espiritual como lo indica su nombre: reaj ריח aroma, ruaj רוח espítitu.

Por eso el ritual de oler los besamim, especies aromáticas, al concluir shabat. Para reconfortar nuestra alma cuando el espíritu de shabat finaliza y se retira.

Parece ser que el olfato es considerado más espiritual que el resto de los sentidos porque por la nariz según el relato de la Creación es por donde ingresó la neshmá, el alma, al ser humano.

“Entonces Dios formó al ser humano del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”. Génesis 2: 7

Dicen que el ser humano transgredió con los cuatro sentidos del total de cinco y por eso fue expulsado del Jardín del Edén.

Adam y Java transgredieron escuchando la voz de la serpiente en lugar de escuchar y obedecer a Dios.
Transgredieron con el tacto al tocar el fruto del árbol del conocimiento. Con el gusto al comer del fruto y con la vista cuando Java miró con tentación el árbol prohibido.

El castigo para el ser humano fue la mortalidad, que es el corte y la separación entre el cuerpo y el alma.

Así se separan los cuatro sentidos con la muerte y el sentido del olfato que es el del ruaj haneshamá, el espíritu del alma, queda intacto.

¿Cuál es entonces el vínculo con los sacrificios?
Korban-ofrenda y karov-cerca comparten la raíz en ivrit.
La propuesta es acercarnos después que el error y la transgresión nos alejan de Dios.
El tipo de korban que acerca, es aquel que tiene un olor agradable, o espiritualidad.
Una ofrenda que nos permita transformar lo animal/material y concreto, en espiritual.
Hoy lo reemplazamos con la tefilá-plegaria. Con nuestras plegarias, con las que buscamos acercarnos a Dios y encontrar el calor de Su presencia.

En estos días, mucho se ha expresado y escrito seriamente, con ironía o humor. Inclusive se ha dicho que uno de los síntomas del COVID- 19 es perder el olfato. Y más de uno puede estar pensando en esa dirección y hasta sentir que lo que nos sucede es un castigo por falta de olor grato y espiritualidad.

Aunque creo que siempre en las palabras de la Torá podemos encontrar coincidencias con acontecimientos de la actualidad. (Así lo enseña Ben bag- Bag: “léela y reléela porque todo está en ella. …” Avot 5: 25) No por eso está predeterminado todo o la advertencia de todo lo que ocurrirá en la historia de la humanidad. Y prefiero entender que esto es lo que hoy nos toca transitar y deseo que podamos aprender de esta dolorosa experiencia y salir fortalecidos.

En relación al olfato tal vez hoy podemos captar con más fuerza la necesidad de cuidarlo, manteniéndonos sanos.

Nutriendo nuestra neshamá con todos los sentidos. Escuchando palabras de Torá y espiritualidad, tocando lo permitido para mantenernos a salvo, saboreando lo que si podemos y el mundo nos ofrece; y mirando aquello que aclara e ilumina nuestra mirada.

Tal vez así nuestras almas se llenen de espíritu y santidad para sentir Su presencia.

¡Shabat Shalom uMevoraj!
Rabina Judy Nowominski

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