Parashat Vayejí – Bereishit 47:28-50:26

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Este Shabat nos encontramos terminando el libro de Bereishit, quizás el libro más interesante para estudiar de toda la Torah. Seguramente, porque a lo largo de sus 50 capítulos está lleno de historias sobre los conflictos familiares, y es así como comienza la vida de cada uno de nosotros. Antes de poder aprender reglas y leyes para poder enfrentar todos los desafíos de nuestra vida, lo primero que vivenciamos es la vida familiar con todo lo que ella involucra… Entonces nos encontramos en este último fragmento en Egipto, con Yacob ya en el final de sus días, dándole a cada uno de sus hijos una bendición a su medida. Desde ya que podríamos hacer un comentario por cada uno, más todos los aspectos que el relato nos narra en el comienzo, en pocas palabras podríamos hacer un libro, solamente hablando de esta parashá. Pero elegí focalizar en la bendición a Yehuda ya que nosotros somos descendientes de él, por eso somos Yehudim (judíos).

Yehuda: Los sabios dicen que en este punto, luego de escuchar las “bendiciones” de sus hermanos, Yehuda empezó a caminar de puntitas hacia la puerta, porque anticipaba su “bendición” por su conducta con Tamar. Luego Yaakov lo llamó, “¡Yehuda! ¡Yehuda! Tú no eres como ellos. Tú eres el que tiene las cualidades de liderazgo. Tú admitiste ser el padre de los hijos de Tamar, a pesar de la considerable vergüenza que te causó. Eso demuestra un sentido interno de moralidad. Tus hermanos van a aceptar estar subordinados a ti como su rey. Tu mano va a estar en el cuello de tus enemigos, y los hijos de tu padre se inclinarán ante ti”. (Génesis 49:8)

Yehuda fue comparado a un león, que actúa con majestad, sin limosnear como los perros o los tigres. Sin embargo, ¡no te conviene meterte en problemas con él! Ahora Yaakov había establecido su líder:

No se apartará el cetro de Yehuda, ni legislador de entre sus descendientes, hasta que llegue Shilo (el Mesías)” (Génesis 49:10). Esta profecía se cumplió con el reinado del Rey David e incluyó a las “Cabezas Judías del Exilio” en Babilonia después de la destrucción del Primer Templo, así como a los príncipes en la Tierra de Israel que eran todos descendientes de la Dinastía Davídica.

En la confrontación entre Yosef y Yehuda en la parashá Vaigash, vemos un equivalente histórico cuando Yeravam Ben Navat de la tribu de Efraim se rebeló luego de la muerte del Rey Shlomó. Yeravam fundó el Reino de Israel, que peleó con el Reino de Yehuda, dirigido por Rajavom el hijo de Shlomó, hasta que las 10 tribus fueron conquistadas por Sanjeriv, el rey de Asiria, y se perdieron hasta el día de hoy. Historia sumamente interesante para profundizar en otro momento.

Vemos otra excepción del gobierno de Yehuda durante el período del Segundo Templo, cuando los Jashmonaim (los Macabeos que eran Cohanim de la tribu de Levi) se convirtieron en reyes después de su victoria sobre Grecia. De acuerdo a Najmanides, dado que ellos desobedecieron las instrucciones de Yaakov de que Yehuda debía reinar, tuvieron un final amargo y toda la familia fue asesinada por Herodes el Grande (¡originalmente su sirviente!). Es por eso amigos míos, que este shabat los invito a que cada uno se convierta en su propio Yehuda, lleno de fuerza leonina, para gobernar su propia vida, que está llena de conflictos familiares, de dificultades de toda índole y poder hallar el mejor modo para poder lograr una vida de trascendencia. Como dicen nuestros sabios, que D´os no nos pone ninguna prueba que no seamos capaces de atravesar con éxito.

Shabat shalom.
Ari A. Alster

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