Parashat Jaiei Sará

 En Parashá, Parashá Génesis-Bereshit

El primer encuentro entre Rivka e Itzjak  es una de las tantas  historias de amor de la narrativa bíblica. Ellos conforman la segunda dupla de patriarcas, que debieron continuar con el camino trazado por Abraham y Sará.

La historia que leemos en la Torá nos presenta la necesidad de combinar amabilidad y paz con  valentía y firmeza. Y son Itzjak  y Rivka los portadores de tales atributos.

Asimismo aparecen otros elementos en el relato del capítulo 24 del libro de Génesis, que nuestra tradición los incorporó como indispensables en la formación de una pareja.

La futura esposa debe casarse por propia voluntad y no responder únicamente al deseo de sus padres. Por eso en el texto le preguntan a Rivka: ¿Irás tú con este varón?

La mujer para Itzjak debía tener los valores que garanticen la identidad y continuidad del proyecto familiar. Es por eso que generosidad y amabilidad jugaron un rol fundamental en los sucesos y elección de la pareja. Rivka respondió a la práctica de los valores de hospitalidad que se convirtieron en esenciales en nuestra vida, ofreciendo agua a los viajeros y a sus camellos.

Si bien no es una práctica de nuestra época casarse y después enamorarse, sino al revés,  es claro que una relación sólida y duradera requiere creencia en los mismos valores, confianza y compromiso hacia las necesidades del otro y por sobre todo, expectativas realistas más allá del romanticismo de los cuentos de hadas y princesas.

De acuerdo a los místicos la pareja de Itzjak y Rivka traduce el propósito de toda la creación y la esencia de la Torá: la unión entre el cuerpo (representada por Rivka que poseía una personalidad práctica y concreta)  y el alma (representada por Itzjak primer varón del pueblo de Israel circuncidado a los ocho días de su nacimiento)

Además, Itzjak había nacido en Israel, tierra sagrada en la que habitó durante toda su vida. También fue consagrado a Dios por su padre Abraham en el monte Moriá cuando el patriarca estuvo dispuesto a atarlo al altar. Y Rivka residió en la diáspora, en la casa de especuladores y estafadores y sin embargo logró en ese entorno crecer “Como una rosa entre las espinas” (El cantar de los cantares 2:2)

El casamiento, la unión de Rivka e Itzjak es una muestra del ideal en el que se unen espiritualidad y materia, lo santo y lo profano para crear un mundo concreto y tan real como para contener lo sagrado y luminoso de la existencia.

Como la unión entre la sabiduría Divina y el intelecto humano, Rivka e Itzjak intentaron a partir del matrimonio encontrar amor, comprensión, practicidad, constancia, paciencia y tolerancia para recorrer juntos la vida.

Enseñan nuestros maestros que las acciones de los padres son señal para los hijos (“maasé avot siman labanim”), tal vez la fusión de las virtudes de esta pareja nos ilumine y señale para tomar decisiones correctas, y realizar buenas acciones durante nuestra existencia.

Shabat Shalom Umevoraj!
Rabina Judy Nowominski

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