Parashat Bereshit – “El asesinato fragmenta el alma” (J. K. Rowling, Harry Potter)

 En Parashá, Parashá Génesis-Bereshit

Bereshit, el comienzo, y en el comienzo mismo de todo…el primer asesinato.
Nuestra historia, la de cada ser humano.
La que pone la marca de Caín sobre nosotros y nos envía al este del paraíso.
Todos descendemos de Caín, en todos nosotros habita un pequeño gen que está conformado por celos, un gran ego, envidia…matamos así muchas veces lo más preciado, lo más querido, lo que podría hacer que nuestra vida transitara mucho más pacíficamente.
A quién asesina Caín sino a una parte de sí mismo?, un trozo de su misma alma parte con él y seguramente en su interior la hará existir de alguna manera, no la perderá del todo.
Ocurre así con aquello que asesinamos, nunca lo perdemos.
Caín seguramente en su alma fragmentada llevará a su hermano, no sólo en el recuerdo sino en el resonar de las palabras de D’s “ Maldito seas tú” ( Bereshit 4:10-13).
Su vida ya no es suya, la muerte del hermano contiene una parte eternamente.
Y nunca más Caín será libre sino presa de una sentencia que siempre lo está esperando.

Si todos somos Caín, cómo hacemos para aliviar esta situación? Tenemos alguna salida?

Nos cuenta el Midrash que al admitir la gravedad de la culpa y hacer profundamente Teshuvá después del juicio de D’s, Caín se sintió transformado y se lo relató a su padre, Adam.
Y éste le dijo: “Tan grande es el poder de la Teshuvá y yo no lo sabía”. ( Rambám)

Hace tan poquito que hemos pasado por nuestros Iamim Noraim que, claro, esto pareciera venir a continuación.
Existe un poder transformador en el verdadero arrepentimiento.

Pero queda claro que es fundamental pensar antes de actuar, darle siete vueltas a la lengua antes de hablar, y si se quiere, egoístamente, pensar qué daño quizás irreparable estoy haciéndome a mí mismo cuando llevo a cabo una acción que no tiene vuelta atrás.
Porque en la vida, por más Teshuvá y sincero arrepentimiento que tengamos, tenemos que saber que hay acciones que son irreparables, que se llevan parte de nuestra alma y de aquellos a quienes afectamos.
Por eso, en este Bereshit, intentemos tener un nuevo y refrescado comienzo, el mundo es nuestro para cuidarlo y disfrutarlo, para amarlo y embellecerlo…
Y lo mismo para todos los que lo habitamos con nuestras bajezas y grandezas.
Intentemos que nuestra alma no se separe en partes. No nos asesinemos a nosotros mismos.
El primer hombre culpó a su mujer, y su mujer culpó a la serpiente.
Pensemos esto llevado al conjunto entero de las comunidades que habitan nuestro bendito país, a las luchas que vergonzosamente nos desgarran.
La política, al ser protagonizada por seres humanos, también está hecha de esta naturaleza.
Cómo judíos debiéramos dar una vez más el ejemplo.

Es hora de que nos hagamos responsables de nosotros mismos y nuestros actos.

¡Shabat Shalom uMeboraj!
Norma Dembo

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