Haftarat Vaielej – Shabat Shuvá

 En Haftará, Haftará Deuteronomio-Devarim

Hosheah 14:2-10
Mijah 7:18-20
Ioel: 2:15-27

Esta es la Haftará que leemos cuando Parashá Vaielej se lee en Shabat Shuvá.

Nos encontramos habiendo ya entrado en un nuevo año, el 5780, y vamos camino a Iom Kipur.
Estamos transitando los Iamim Noraim, los días terribles, en los que esperamos que D’s nos regale el año que acaba de comenzar. Y que, como si fuera poco, sea bueno y dulce.
Un regalo con condiciones, donde quizás el regalo mismo significa poder tener la valentía de mirar dentro nuestro y sincerarnos.
Mirar con los ojos del alma, de la verdad, del compromiso con el prójimo, sin maquillaje, dejando el Yo, ese terrible faraón de lado lo más que podamos.
No ser condescendientes con nuestras acciones, reconocer nuestros errores, nuestro ego-ísmo.

Por eso éste es el Shabat del retorno como nos dice su nombre, de regresar a nuestro interior sin espejos, a reparar con el prójimo, con la comunidad, con nosotros mismos todo aquello en lo que nos equivocamos, donde pudimos ser mejores, más pródigos, más benevolentes.

Tres profetas nos dicen de distintas maneras en esta Haftará que Israel debe volver a mirar hacia D’s, hacia las enseñanzas transmitidas, retornar a nuestra historia, reconocer que somos todo lo que Israel ha vivido, todo dentro nuestro generación tras generación.

Hacer Teshuvá es tener la valentía y la honradez de reconocer frente a un otro nuestros errores, pedir perdón genuinamente.

Esto nos ofrece la maravillosa posibilidad de volver a empezar, de recuperar las esperanzas, de no tropezarnos dos veces con la misma piedra…

“ Retorna Israel hasta A’d tu D’s, ya que has tropezado con tu iniquidad…”

No más sacrificios nos dice el profeta, sustituyamos eso por nuestras palabras, por lo que nuestros labios pronuncien, por la obra de nuestras manos, no seamos idólatras, ni seamos infieles.
Honremos ese especial matrimonio que el pueblo de Israel tiene con D’s.

Nuestro pueblo ha sido revolucionario, valiente y ha sabido retornar, hacer Teshuvá una y otra vez, y nunca ha bajado los brazos.
Quizás el reconocer nuestros tropezones y decir “ me equivoqué, soy capaz de enderezarme y volver a caminar” sea el acto que más coraje y fe demuestra de parte de cada uno.

Shaná Tová Umetuká 🍎🍯
Gmar Jatimá Tová

Norma Dembo

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