Parashat Behalotjá – Bamidbar 8:1-12:16

 En Parashá, Parashá Números-Bamidbar

Un Canto De Refuá

Nuestra parashá contiene el desarrollo de muchos importantes temas.

Desde el encendido de la Menorá como una forma de elevación, de iluminarnos cada día.
El sacerdote debía limpiar cada día el aceite que quedaba, encender el nuevo y “ascender” a colocarlo en el lugar que le estaba destinado.
De ahí el título de la parashá que maravillosamente nos invita a iluminar cada día y la forma de hacerlo es con el trabajo diario de elevarnos con cada acción que realicemos.
Nos cuenta también la enorme tarea de Moshé y de ahí la creación de lo que iba a ser el Sanhedrín: “Reúneme setenta varones…”

La paciencia de Moshé estaba llegando a su fin…somos un pueblo “duro de cerviz”. Todos queremos tener razón, todos pedimos, todos queremos gobernar.
Aprendimos a reírnos de nuestras propias anécdotas…
Así que Moshé estaba agotado, se sentía consumido y muchas veces enojado por este pueblo sin paciencia y que siempre tenía algo de qué quejarse.
Habremos cambiado? O nos reconocemos en la descripción que la Torá hace de nosotros?…
Difícil pregunta… difícil respuesta.

Quiero detenerme en los últimos versículos de la parashá.
Aquellos que nos cuentan que Aarón y Miriam llevaban a cabo habladurías sobre la mujer cushita que Moshé había tomado…

“Y hablaron Miriam y Aharón contra Moshé por causa de la mujer cushita ( negra) que tomó, porque mujer cushita tomó…Y la nube se apartó de sobre la tienda, y he aquí que Miriam estaba leprosa como la nieve” (BeMidvar 12, 1-10).

Es obvio que la Torá critica la conducta de Miriam. Ya hemos estudiado lo que nuestros sabios nos enseñan entre la palabra Metzorá ( leproso) y el concepto “MoTzí shem Ra”, que podríamos traducir como calumniador.
Vemos claramente que Miriam fue atacada por la lepra a raíz de sus palabras.
No debería preguntármelo pero…qué es lo que habrá dicho?
Y lo primero que pienso es en la increíble paradoja que nos presenta la Torá:

La mujer cushita era negra…y Miriam quedó blanca de lepra…
Siempre asociamos lo blanco con lo puro, con Shabat, con las novias…pero también las mortajas son blancas….
Y todos tenemos un poco de blancura y un poco de negrura…

Nada es absoluto, y las palabras en hibrit nos enseñan esto quizás más que en cualquier otro idioma.

Lo cierto que nuestro humilde Moshé le pide a D’s que la cure brindándonos así la tfilá más corta y más elevada que conocemos y que pronunciamos, a veces para dentro nuestro cuando estamos acompañando a alguien que está enfermo en cualquier de las formas posibles, del cuerpo y el alma, que como vemos van siempre unidas.

Extiendo hoy esta plagaria para todos, porque de alguna manera todos somos Miriam y todos somos un poco Moshé.

¡Shabat Shalom uMeboraj!
¡Refuá Shlemá!
Norma Dembo

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