Haftara Bejukotai – Jeremias 16:9-17:14

 En Haftará, Haftará Levítico-Vayikrá

Nuestro Profeta vivió en la época de destrucción del primer Templo. Nació en Judea en el siglo VI AEC y murió en el exilio de Egipto. Jeremías profetizó por todo el reino de Judea sobre los castigos que recibirán los judíos si no cambiaban su conducta y no retornaban a la senda de Di-s.

La profecía nos dice que el que se mantiene en la senda de Di-s será como “un árbol a la vera de un río, que extiende sus raíces junto a la corriente, será fructífero y sus hojas estarán verdes aun en tiempos de sequía. Pero quien se aparte de la senda de Di-s será como un arbusto en tierra desértica, que no verá el bien ni siquiera cuando venga”

La Haftará de esta semana se eligió por la semejanza con el mensaje de la Parashá.  La Parashá comienza diciendo “Im Bejukotai teleju”, “si caminas cumpliendo mis preceptos” tu tierra producirá y los arboles darán frutos y comerás hasta saciarte.

El mensaje parece simple, si cumplimos mitzvot nos va a ir bien, vamos a tener riquezas y nos vamos a saciar y si no las cumplimos nos va a ir mal.

Una vez me dijeron: “si hacés todo bien no hay nada que te pueda salir mal”, con el tiempo me di cuenta que la vida no funciona así. La Vida no es tan simple que si hacemos las cosas bien, nos va bien y si las hacemos mal nos va mal.

¿Pero entonces por qué cumplimos Mitzvot?

La riqueza y la saciedad de la que nos habla la Torá es una riqueza más espiritual. El Talmud en Pirkei Avot nos dice: “Quien es rico?: el que es feliz con lo que tiene”.

La verdadera riqueza es estar consciente de las cosas que tenemos y disfrutarlas. Podemos tener una vida que nos dé muchos frutos, pero si no los apreciamos y no los disfrutamos no vamos a lograr saciarnos y vamos a vivir como pobres.

El mensaje que nos dejan estas profecías es que a pesar de que el futuro, bueno o malo, no depende solo de lo que hacemos nosotros, seguramente lo que hacemos determina cómo afrontaremos lo que nos depara el futuro.

Como dice nuestro Profeta, podemos elegir vivir como un arbusto solo en el medio del desierto, exiliado de nuestra historia, o afrontar lo que nos pasa como un árbol que extiende sus raíces y comparte la vida con un río. El agua del río no siempre alcanza para que todas las hojas de nuestro árbol sean verdes como quisiéramos, pero sí para ayudarnos a que veamos las hojas un poco más verdes.

Nuestro río y nuestras raíces son nuestro judaísmo; nuestras tradiciones, nuestras costumbres, y nuestra particular manera de ver el mundo que nos hace vivir la vida junto a otros que quieren compartir el mismo río y nos permiten crecer junto a ellos.

Shabat Shalom
Fabián David Holcman

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