Parashat Tetzavé – Un ropaje para el pueblo de Israel

 En Parashá, Parashá Éxodo-Shemot

Esta es la única Parashá donde no se menciona a Moshé.
Se nos dice que él mismo pidió no ser nombrado. Luego del episodio del becerro de oro (no hay antes ni después en la Torá), D’s en su enojo le dijo a Moshé, que no había perdón posible, Él iba a destruir a todo el pueblo y que haría a partir de Moshé un nuevo pueblo.
Pero Moshé le dijo: “ Si no perdonas a este pueblo: bórrame del libro que has escrito” (Shemot 32:32).
Pero D’s no deseaba borrarlo de su libro nos dice el midrash, lo borra sólo de esta parashá.

También podríamos pensar otro motivo.

Esta parashá trata de las vestimentas de los sacerdotes, de los cohanim. De la vestimenta de Aharón, de las piedras preciosas que realzaban los ropajes. De cómo cada piedra representaba a cada tribu. Y nos relata esto con mucho detenimiento, cada detalle.

Parashá Tetzavé está dedicada a los sacerdotes, a Aharón y su descendencia.

Tal vez por eso Moshé se hizo a un lado, por cuidado, por humildad, le dejó enteramente el lugar al hermano. Me gusta pensarlo así…

La ropa es para honrar al santuario y se nos dice que debían entrar descalzos.
Lo que nos lleva a recordar el encuentro de Moshé con la zarza ardiente y las palabras de D’s:
“Descálzate, estás pisando suelo consagrado”, tal como ahora al entrar al Santuario.
Consagramos la tierra cuando hacemos directo contacto con ella.

Todo esto tenía un impacto especial en el pueblo, y al pueblo estaba destinado este ropaje.
Ni D’s necesitaba estas vestimentas ni seguramente Aharón tampoco.
Pero así como cuando nos vestimos especialmente para una festividad, para un encuentro especial como es el Shabat, es también una forma de honrar a la persona que nos abre sus puertas y de honrar el sentido de lo que se festeja.

Todo entra por los ojos! Y más en estos tiempos, pero quizás siempre.

Al llegar Iom HaKipurim el Sumo Sacerdote debía sacarse estos ropajes y cubrirse solamente con uno de lino blanco. La forma de presentarse ante D’s y el pueblo debía ser de extrema humildad, su ego quedaba cubierto por el lino blanco.
Nos recuerda esto que el oro de los ropajes y el oro del becerro tienen algo de soberbio.
La soberbia lastima, embarra, mata.

Los cohanim compartían la intimidad con D’s, tenían un especial vínculo personal.

Y esto se extiende en las palabras de D’s a la sociedad judía en su conjunto.

Que el pueblo de Israel sea “ un reino de sacerdotes y una nación santa” (Shemot 19:6)

A veces parece imposible que lo logremos, pero la esperanza es lo último que se pierde.

Que en este Shabat Tetzavé podamos engalanarnos con lo más hermoso que cada uno tenga dentro suyo, la humildad, la alegría de compartir, el respeto por el lugar de cada uno, y la búsqueda incansable de justicia”.

¡Shabat Shalom uMeboraj!
Norma Dembo

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