Parashá Miketz – ¿Dónde están los milagros?

 En Parashá, Parashá Génesis-Bereshit

¿Dónde están los milagros?

Iosef es el ejemplo de un verdadero milagro, estaba destinado a ser  un ser humano transformador desde el comienzo, porque así le enseñaron, y por que así se lo creyó el mismo.

Fue de esta manera desde que su padre le tejió aquella túnica y le dijo que su vida iba a cambiar el mundo en el que vivía, desde el momento en que le inculcaron que él iba a llevar a su familia hacia una vida llena de bendiciones, Iosef fue puro milagro.

Pero el camino no siempre es perfecto, Iosef es rechazado por sus hermanos, arrojado a un pozo, y por esas casualidades, causalidades o milagros divinos lo encuentran y lo llevan a Egipto para ser vendido como un esclavo. Trabajo en el palacio del Faraón y gracias a su inteligencia fue ganándose un lugar, por estar parado donde tenía que estar parado. Fue ganando su espacio para así convertirse en un consejero fiel del líder de todo el pueblo egipcio. Pero como le sucede una y otra vez, alguien o algo interfiere en su camino y termina preso en la cárcel del palacio real.

Es allí, en el fondo de los calabozos del palacio, donde se da cuenta que el milagro de su vida reside en tratar de generar un cambio, con el poder divino que posee, el de descifrar los sueños, no para si mismo sino por el bien de los demás.

Para todos, desde los anhelos de un panadero, hasta las pesadillas del hombre más poderoso de Egipto; Iosef descifra los sueños, sin hacer diferencia alguna entre ellos, porque ese es el milagro, poder  ver al otro, al que tengo al lado así como me miro a mi mismo.

Toma tiempo entender cuál es el verdadero milagro de la vida, y eso nos viene a decir la fiesta que estamos atravesando estos días. Jánuca es Renovación de pensamientos, de ideas poderosas, que transforman y generan que lo “obvio” de todos los días se convierta  en un milagro. Que lo indescifrable se convierta en algo fácil de entender.

El Talmud en el tratado de Shabat nos dice “cada mitzvá por la cual los judíos estuvieron dispuestos a sacrificar sus vidas sigue viva entre ellos, tales como alejarse de la idolatría o realizar la circuncisión” … Esto se debe a que todos los logros espirituales sólo pueden lograrse con trabajo duro –incluso llegando al punto del auto-sacrificio, porque éste es el propósito fundamental de la existencia del hombre en este mundo. Es pelear por aquello que transforme la realidad, peleando, y sacrificándolo todo por un ideal transformador.

La victoria de los pocos sobre los muchos parece ser algo imposible. A pesar de eso, los Jashmonaim se reforzaron a sí mismos,  tomando su decisión, comprendiendo que no tenían otra opción más que pelear. Y por ello merecieron asistencia divina más allá del orden natural de los hechos.  El milagro de Jánuca nos enseña que no hay lugar para la desesperación aún en situaciones cuando todas las opciones naturales parecen selladas o limitadas. Ser hoy un Jashmonaí es entender que la cárcel mental en la que vivimos es solo una ilusión, y que salir de ella depende de poder mirar al que tenemos al lado.

Es precisamente en ese momento, en el que estamos tocando el fondo,  cuando debemos reunir todas nuestras fuerzas porque no tenemos otra opción, y entonces se abrirán nuevas puertas de asistencia Divina, aquellos milagros de entendimiento personal y colectivo.

Los ocho días de Jánuca nos enseñan que la bendición Divina que ilumina nuestros corazones a través del éxito en nuestros esfuerzos cotidianos es de hecho un milagro, que está por encima de nuestras capacidades naturales.

D’os gobierna el mundo mediante un sistema natural combinado con verdaderos milagros. Los milagros ocurren a diario a nuestro alrededor, solo que a veces no los podemos ver. Nuestro desafío y nuestra tarea es abrir los ojos y los oídos a todo lo que está pasando a nuestro alrededor.

Shabat Shalom
Matías Bomse

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