Haftará Shabat Jánuca – Zajarias 2:13 4:17

 En Haftará, Haftará Génesis-Bereshit

A pesar de que para cada parashá de la Torá fue escogida una haftará que mantiene una relación temática o una analogía con alguno de los temas de la parashá, en días especiales, como ser los días de fiesta, esas haftarot se reemplazan por otras que mantienen una relación con la temática de la fiesta. Es por eso que este Shabat, leeremos la haftará para el Shabat de Jánuka.

Para esta ocasión, fue escogida una sección del libro del profeta Zejariá.

“Canta y alégrate hija de Tzión pues he aquí que Yo vengo y moraré en medio de ti dice D’s”. (2:14).

Zerubabel era el nieto de Iehoiajín, el rey de Iehudá que fue llevado al exilio desde Jerusalem a Babilonia. Cuando los hijos de Israel se encontraban aún en el exilio babilónico, el rey Ciro de Persia les dio permiso a los judíos para ascender hacia Jerusalem y comenzaran a construir un segundo Templo. Mucho judíos hicieron esto junto con Zerubabel, Iehoshúa el Sumo Sacerdote y otros líderes espirituales, y reconstruyeron las bases del Templo y del altar.Pero transcurridos algunos meses, los pueblos que habitaban en Yerushalaim le escribieron al rey pidiéndole que detenga la construcción del Templo y él aceptó su pedido.

Esta profecía, que habla sobre Yerushalaim en los días de la redención final, ha sido elegida para leerse en el shabat de Jánuca, pues ella habla de una menorá (candelabro) de oro, y en ella también se habla – a partir del capítulo 3 hasta el final de la haftará – sobre los días del segundo Templo de Jerusalem, y en él, como sabemos, ocurrió el milagro de Jánuca.

Observando más profundamente, podemos descubrir que nuestra haftará, no sólo fue elegida para ser leída en Jánuca simplemente porque habla de una menorá de oro y del segundo Templo de Jerusalem, sino porque en ella encontramos otro tema muy relacionado con la fiesta de Jánuca, como nos enseña el versículo:

“No por medio del poder y no por medio de la fuerza, sino por medio de Mi Espíritu”.

Los griegos intentaron introducir su cultura y su religión en el pueblo de Israel. Para conseguirlo instituyeron todo tipo de decretos en contra del pueblo, para que dejaran de observar la Torá y sus mitzvot.

Matitiahu, el hijo de Iojanán el Sumo Sacerdote, llegó a una situación donde no podía soportar más la opresión de los griegos sobre el pueblo judío, y se rebeló junto con sus hijos y algunos otros judíos. Él sabía que esa sería una guerra de débiles contra poderosos y de pocos contra muchos, sin embargo, no lo dudó ni un instante pues sabía también que ese enfrentamiento sería una guerra de justos contra malvados, de hombres puros contra impuros y de estudiosos de la Torá contra pecadores.

Y más allá de la belleza del ritual del encendido de las velas de nuestra Janukiá cada noche durante ocho días y todos los simbolismos que podamos encontrar en la luz y el fuego de las luminarias, para esta ocasión me atrapó esto de la lucha del espíritu y la batalla de pocos contra muchos. Que es uno de los dos milagros de Jánuca.

Los Yehudim vivimos siendo minoría a lo largo de toda la historia, y siempre nos quisieron hacer creer (por las buenas o por las malas) que no era bueno ser distinto, que es mejor ser como la mayoría. Y esto me obliga a mi seguro, y a ustedes espero!!! a seguir comprometidos en luchar por nuestras convicciones, nuestros preceptos y nuestras costumbres, que son distintas a las de la mayoría pero auténticamente nuestras.

Por eso mi amigos les deseo en este Shabat Jánuca que podamos mantener nuestra lucecita encendida y que podamos convivir en paz con el mundo que nos rodea, a pesar de ser minoría y de ser distintos.

Shabat shalom
Ari A. Alster

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