Parashá Vaieshev

 En Parashá, Parashá Génesis-Bereshit

“Vaieshev Iaakov” “Y se asentó Iaakov en la tierra de sus padres”. Iaakov se fue de la tierra después de haberse peleado con su hermano, trabajó 14 años por la mujer que amaba, cuando regresó se reconcilió con su hermano y hasta peleó con un ángel y por fin, se asentó. Merecía un descanso, pero ese no era el plan divino. No venimos al mundo para asentarnos, venimos para hacer cosas, para proyectar y para cumplir sueños.

El texto sigue: “Y estas son las historias de Iaakov, Yosef tenía 17 años” como dice Pirke Avot, “no estamos obligados a terminar la tarea, pero no eres libre de abandonarla.” A veces no podemos ver nuestros sueños cumplidos de la manera en que los soñamos, pero nuestra historia, nuestros sueños y nuestros proyectos vienen desde nuestros padres y siguen a través de nuestros hijos. La historia de Iaakov es la historia de Yosef.

Y así, como soñó Iaakov, con la bendición de su padre y su abuelo de tener una familia numerosa, Yosef también tuvo sus sueños. Soñó con espigas y con el sol, la luna y las estrellas que se arrodillaban ante él. Esto le costó pelearse con sus hermanos y hasta Iaakov lo reprende: “¿acaso yo, tu madre y tus hermanos nos vamos a reclinar ante ti?” Pero su madre, Rajel ya no estaba, había muerto en la parashá anterior, y además, ¿qué hace el hijo de un pastor, en medio del desierto del Negev, soñando con espigas?

Claramente Yosef hablaba de otra cosa y no lo entendían. Yosef tenía un sueño pero no lo podía comunicar. Para empeorar las cosas en la familia nadie hablaba de eso. La falta de comunicación hace que la historia termina con Yosef vendido como esclavo en Egipto.

La historia sigue con Yosef bajando a ser esclavo y después preso en Egipto, recién cuando tocó fondo se dio cuenta que la manera de cumplir sus sueños es ayudando a los demás a cumplir los suyos. Interpretó los sueños de sus compañeros de celdas y llego hasta interpretar los sueños del faraón, y se convirtió en el ministro del faraón.

Estamos por empezar la fiesta de Jánuca. En Jánuca festejamos el milagro que una lata de aceite que tenía que durar un día duró los 8 días que eran necesarios para fabricar más aceite y de esa forma se pudo mantener encendida la llama eterna que debía arder en el templo.

Durante los 8 días decimos la Brajá “Bendito eres tu Di-s nuestro, rey del universo que hiciste milagros para nuestros padres en esos días en este tiempo”.

Pero si había aceite para un día, ¿qué milagro agradecemos en el primer día de Janucá?

Después de cumplir el sueño de derrotar al ejército griego y reconquistar Jerusalem, los Macabeos llegaron al templo, vieron todo destruido y solo encontraron una lata de aceite. Lo lógico hubiera sido esperar a fabricar mas aceite antes de encender la llama que debía mantenerse eternamente encendida.

2300 años después seguimos festejando Jánuca gracias a que tuvieron la fe necesaria para encender una vela con solo un poco de aceite, y soñar con poder mantenerla encendida para lograr la reconstrucción del templo y de la vida judía en Jerusalem.

Esta Parashá nos invita a no asentarnos y no conformarnos, a tener fe y luchar por nuestros sueños compartiendo el camino con otros que tengan los mismos sueños que nosotros.

Shabat Shalom
Fabian David Holcman

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