Haftará Jaié Sará – Melajim I (I Reyes) 1:1-31

 En Haftará, Haftará Génesis-Bereshit

La haftará que leeremos este shabat fue escogida del comienzo del libro de Melajim y así comienza:

“El rey David era anciano, entrado en años, y lo habían cubierto con las ropas, pero él no entraba en calor” (1:1).

Más adelante, el libro nos relata que hubo una lucha por el trono entre Adoniáhu bn Jaguit (uno de los hijos del rey David) y Bat Shevá – la madre de Shlomó – quién pedía el trono para su hijo, ya que el rey David, le había jurado a ella, que Shlomó reinaría después de él. Al enterarse de esto, el rey David decidió coronarlo a su hijo Shlomó como rey, aún en vida, y así acallar estas disputas.

Vemos que en correlación con la parashá, el gran tema está relacionado con la continuidad y no sólo como una herencia sino como un legado y un legado que quedará en manos del hijo de la mujer más amada, tal como sucedió con Itzjak y luego sucederá con Iosef también. Que además de ser hijos de la mujer amada eran también los que estaban en condiciones de asumir la responsabilidad que se les encomendaba.

No todos somos conscientes hoy de la extraordinaria y profunda riqueza que representa el legado milenario del judaísmo, por eso debemos asumir esa búsqueda de continuidad. Pero en estos tiempos de acelerados avances tecnológicos y científicos, corremos el gran riesgo que dicho contenido quede escondido y desaprovechado en la vorágine cotidiana al mismo pueblo judío y a toda la humanidad.

Lo mejor que cualquiera de nosotros puede darles a sus hijos son los valores para que rijan sus vidas, los ideales a los que aspirar, una identidad para que sepan quiénes son, y una herencia moral que los guíe en los momentos de desolación. Mostrarles que no siempre lo que la mayoría hace es lo correcto. Buscar ese equilibrio de continuar con el legado y convivir con el medio, seguro que no es fácil, pero es parte de nuestra misión en esta vida que nos tocó.

Pero el pueblo judío habría de ser la nación eterna, como le dijo D´s a Abraham: “Estableceré Mi pacto contigo y tus descendientes por todas las generaciones, un pacto eterno, para ser tu D’s y el D’s de tus descendientes después de ti” (Génesis 17:7).

Esto tiene que ver con el famoso pacto entre D´s y Abraham, pero en todo pacto hay al menos dos partes. D’s hace lo suyo y nosotros como hijos de Abraham debemos hacer nuestra parte. Y para eso tenemos nuestra hoja de ruta, herramienta fundamental para ayudarnos a llevar adelante nuestro trabajo. Esa herramienta es la Torá, todo está escrito ahí, hagámonos amigos de la Torá, no le tengamos miedo ni nos ocultemos de ella. Y si solos no podemos, siempre hay una mano amiga que nos puede ayudar a entender un poquito más sobre este maravilloso y apasionante Libro.

Por eso estimados amigos no bajemos los brazos y nos dejemos arrastrar por la ola. Si pudimos acompañar a nuestros hijos hasta su Bat/Bar Mitzvá no nos olvidemos que el próximo paso es la Jupá y como dice nuestro Rab un casamiento bajo una Jupá es lo que nos garantiza la continuidad establecida en aquel famoso pacto.

Shabat Shalom
Ari A. Alster

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