Parashá Vaielej – Shabat Shuvá: El Shabat del retorno

 En Parashá, Parashá Deuteronomio-Devarim

¿Retornar a dónde? ¿Por qué? ¿Para qué? Y si fuera necesario, ¿por qué camino?

El profeta Oshea nos llama a retornar, a regresar, pareciera que nos hemos perdido.
A lo largo de un año, que relativamente será corto para unos y largo para otros.
Porque ya lo dijo uno de los nuestros, “el tiempo es relativo”. Resulta que “no es lo mismo estar cinco minutos con una chica linda que cinco minutos sentado arriba de un caldero hirviendo”.

Haya sido como haya sido, nos encontramos en un momento único, las puertas están abiertas: cielo y tierra se reúnen.
D’s nos regala este momento, este Iom HaKipurim, Moshé nos trae las segundas tablas y D’s nos perdona el pecado del becerro de oro.

El ser humano ha intentado alcanzar el cielo, primero en Babel, luego Iaacov se sorprendió de encontrarlo tan cerca, en la escalera de su sueño. “La puerta del cielo estaba en este lugar, y yo no me había dado cuenta”.
La Teshuvá, ese retorno está hecha de senderos, nuestra autenticidad e integridad serán necesarias para no equivocar el rumbo.

En una época que como ninguna otra se caracteriza por lo que ven los ojos, por las redes sociales, por si obtenemos un “like” o no, donde el ojo crítico de la multitud nos mira y nos sentencia a un sí o un no, el judaísmo, nuestra esencia, nos pide que miremos dentro nuestro porque los ojos de D’s están posados en nosotros.

Y no solo en el shil, no solo en cada ceremonia y en cada Vidui (confesión, que realizamos en estas fiestas comunitariamente), sino también fuera, también en cada momento de nuestras vidas cotidianas.

Estamos todos parados ante D’s, todas nuestras acciones serán medidas y pesadas (Dvarim 29:9-11)
Nadie sabe cómo continuará su vida, cómo se modificará nuestra biografía, esa biografía debería tener algo diferente al día siguiente de Kipur, de mirar dentro nuestro. ¿Ayunar por ayunar?, ¿por qué hay que hacerlo? ¿Porque los ojos de los demás nos miran? No, esto debe tener otra profundidad, otro sentido y no deberíamos salir de esta experiencia iguales que cuando entramos.

Si lográsemos ayunar y abrir el corazón a D’s, o sea al prójimo, a la Teshuvá todo sería muy distinto.
Isaías, nuestro profeta, nos propone: que el día siguiente no sea igual al anterior.
Que podamos sentir los ojos de D’s nuevamente posados sobre nosotros, a fin de aprender a comportarnos bien con nuestro prójimo y con nosotros mismos.

Rabí Iojanán bn Zakai nos dice: “Sea la voluntad de D’s que vuestro temor al cielo esté sobre vosotros de la misma manera que está sobre vosotros el temor de la gente. Que así como se cuidan de aquello que dirá la gente, se cuiden de aquello que dirá D’s”. (Brajot 28b)

Que el año que iniciamos sea dulce y bueno, que sepamos vivir mejor y tender nuestra mano al prójimo con alegría y que así nuestro corazón pueda latir sin ataduras para brindar lo mejor de nosotros mismos.

Shabat Shalom uMeboraj
Shaná Tová uMetuká ve Gmar Jatimá Tová
Norma Dembo

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