Parashat Balak

 En Parashá, Parashá Números-Bamidbar

En la Parashá de esta semana nos encontramos con el rey de Moab -Balak- asustado porque aquel pueblo de Israel, que venía venciendo a cada pueblo que se le cruzaba, estaba llegando hacia el. Balak entiende a este pueblo como a un enemigo a quien no iba a poder ganar con espada, sino que solo mediante la palabra.

El rey llama a un profeta/hechicero para que vaya a maldecirlos y asi quedarse con su reino. Luego de un vaivén de distintos sucesos, Bilaam – el hechicero – maldice en tres oportunidades al pueblo de Israel pero en cada una de ellas, las palabras que salieron de su boca se transformaron en profundas y bellas bendiciones. Tres bendiciones que hablan de la grandeza que el pueblo lleva dentro suyo.

“Que hermosas son tus moradas, Iaacov, tus moradas, pueblo de Israel” es una de ellas, y esta es la primera oración que decimos cada vez que entramos al templo.

¿Qué es una maldición? ¿Hay consecuencias para quien la dice?

Una maldición es desearle el mal a alguien, una mala energía, una intención de destruir al otro, de bajarlo, de hacerle mal. A veces entendemos las maldiciones como decisiones divinas que bajan desde los cielos y sin embargo las maldiciones salen de nuestros labios, y tienen consecuencias principalmente en nosotros mismos. Cuando el enojo predomina y el cuerpo se calienta convirtiéndonos en personas completamente distintas a las que en verdad somos, nos transformamos en una lluvia de maldiciones para aquello que nos hizo enojar.

¿Quién nunca insulto al colectivo que se cruzo sin importarle si vos estabas ahí?

En estos momentos tenemos milésimas de segundos para decidir si bendecimos o si maldecimos. El problema está cuando decidimos maldecir y nuestros labios se separan para insultar al otro, que va en otro auto, con las ventanas cerradas y ni siquiera se entera de lo que estas diciendo.

Maldecir es abrirse a perder uno mismo, en cambio al bendecir nos abrimos a sumar, a conocer y a encontrar.

Podamos a partir de esta semana respirar hondo y tomarnos unos segundos para transformar las maldiciones en bendiciones y asi poder ver a cada una de las personas que nos rodea y desearle un shabat y una semana, llena de paz.

Shabat Shalom
Brian Bruh

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