Haftará Tetsaveh – Iehezkel 43: 10-27

 En Haftará, Haftará Éxodo-Shemot

El profeta Iehezkel, hijo de Buzi el sacerdote, fue desterrado a Babilonia en los días del rey Iehoiajin, en el año 597 A.E.C. Iehezkel era sacerdote, seguramente, de los descendientes de Tsadok que eran aquellos en actividad en el Templo de Ierushalaim; vivía en Babel, en un lugar llamado Tel Aviv, a orillas del río Quebar.
Llamado generalmente Ben Adam -hijo de hombre mortal-, por el comienzo de algunos de sus escritos, le tocó vivir la difícil época del exilio y la destrucción de Ierushalaim.
Se le adjudican profecías como “Mahaseh Mercabah” -la profecía de la carroza celestial- que ha servido de base al Misticismo Talmúdico; también la que leemos el Shabat de Pésaj conocida como “Hahatsamot Haieveshot”  -los huesos secos-.
Esta vez nos ilustra los rituales y el altar de sacrificios en el Bet Hamikdash, en concordancia con el relato de los rituales relatados en la Parashá de esta misma semana.
Más allá del relato sumamente minucioso es sorprendente que nuestro profeta no prescribe cumplir con los rituales y las leyes, o solo cumplir con los rituales y las leyes, sino más profundamente “Hazles saber”, conócelos, sábelos.
Esta diferencia fundamental en nuestra aproximación a las costumbres llega a nuestros días e identifica a nuestro pueblo. En total contraposición con nuevas corrientes judaicas y algunas viejas usanzas es prioritario Saber y Hacer Saber.
La obligación de cada uno de leer las escrituras, desde el Bar Mitzvá en adelante, genera dos premisas, una la alfabetización obligatoria de todo el pueblo (a diferencia de otros que les leen a los demás participantes), y por otro lado el estudio, la internalización y la interpretación personal y comunitaria a través del intercambio de ideas, de los rituales y las leyes que nos rigen.
Definitivamente debemos trabajar para saber, para conocer y para transmitir nuestros rituales y leyes aún pudiendo decidir no cumplir con ellas.
Sea el estudio, el debate y, por fin, el Saber el camino de una sociedad más inclusiva, más justa y más feliz.

Que así sea, Amén.

Shabat Shalom

Gabriel Rosenzvit

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