Parashat Vaieshev. Menos pozos y más pan

 En Parashá, Parashá Génesis-Bereshit

Con nuestra Parashá dejamos atrás las historias de Iaacov para centrarnos en aquellas que tienen como protagonistas a sus hijos y en especial a Iosef, el hijo amado y predilecto.

Iaacov no tiene problema en mostrar su marcada preferencia por el hijo de su gran amor, Rajel, y mostrar su favoritismo a través de un trato especial y de regalos distintos (al igual que hizo su madre con él y no con su hermano). Como consecuencia de esta actitud desigual, Iosef se comporta con la soberbia característica de un hijo “mal criado”, despertando celos, envidia e incluso odio dentro del grupo de sus hermanos mayores.

Pero todo cambia cuando un día Iaacov decide enviar a Iosef a ver a sus hermanos que se habían alejado para ocuparse del ganado. Al llegar, los hermanos lo ven acercarse desde lejos y se ponen de acuerdo para quitarle la vida. Cuando se encuentran con él, le quitan la túnica que había recibido como regalo especial de su padre y gracias a la intervención de Reuben, hermano mayor, Iosef no es asesinado y termina en el fondo de un pozo de agua seco mientras los hermanos deciden qué hacer con él.

Para entonces la historia podía tener un final muy diferente, pero finalmente los hermanos, motivados por los celos y el odio, deciden venderlo a una caravana de mercaderes que pasaba por el lugar, convirtiendo así a Iosef en esclavo en Egipto, sirviendo en la casa de Potifar, empleado del Faraón.

De todo este conocido relato de nuestra Parashá, lleno de envidias y problemas  familiares, hay un detalle que me gustaría que pensemos juntos: La Torá dice que Iosef es arrojado al pozo y mientras los hermanos piensan qué hacer con él “se sentaron a comer pan” -Génesis 37:25-. Imaginemos la escena: Iosef en el fondo de un pozo “lleno de serpientes y escorpiones” -Midrash- humillado por sus hermanos, gritando y rezando por su vida y los hermanos sentados alrededor del pozo disfrutando su comida.

¿Cuán grande debe ser el odio para que sucedan estas cosas?

Creo que esta parashá nos deja un mensaje mucho más profundo que una pelea entre hermanos, o los sueños de Iosef. El texto nos está mostrando una situación tan cotidiana, cómo permanecer inmóviles frente a los gritos desesperados de aquellos que necesitan de nosotros para salir de alguna situación difícil, física, económica o espiritual.

¿Cuántas veces nos quedamos “comiendo nuestro pan” disfrutando de las comodidades que tenemos, mientras hacemos oídos sordos a lo que pasa a nuestro alrededor, al grito desesperado de alguien que se encuentra esperándonos para poder salir adelante?

Podamos en esta semana, y a partir de esta semana, tomarnos el tiempo necesario para observar y escuchar a quien está a nuestro alrededor. Podamos juntos construir un mundo con menos pozos y más pan.

 

Shabat Shalom

Brian Bruh

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