Haftará Behar Irmiahu. Jeremías 32:6-27

 En Haftará

Ya hemos hablado de Jeremías, nació en 650 a.e.c, hijo de Cohanim, presenció la caída de Jerusalem y fue desterrado a Egipto, luego, según algunos historiadores, fue llevado a Babilonia, donde falleció.

La profecía que leemos esta semana es muy llamativa. Jeremías escucha a D´s diciendo que compre un campo en Hanamel, y pague por éste un valor justo, haga los documentos como dueño de ese campo e inclusive los ponga a resguardo, pero, hete aquí que los Caldeos estaban a las puertas de la ciudad, prontos a dominar el reino.

De esta paradoja podemos sacar varias buenas conclusiones: por un lado vemos la síntesis del sionismo, donde a pesar del destierro y de la diáspora, mantenemos el anhelo por regresar a nuestra tierra; por otro lado vemos la obediencia como parte de la humildad del hombre, desistiendo de entender el plan divino, simplemente formado parte de éste desde donde nos toque; por último nos hace recordar a nuestros hermanos en el holocausto, quienes aún sabiendo su suerte, llevaron sus símbolos y su judaísmo consigo donde fueran, empacando candelabros y Torot aún camino a los campos de exterminio, entendiendo que lo trascendente supera los límites de la guerra y el destierro, y que así nos ha sido legado.
Nuestra forma de ser y actuar no está librada al azar, y no depende de la batalla que estemos librando, si así fuera, siempre encontraríamos una buena excusa para nuestras acciones desafortunadas.

Será mejor intentar mantener el rumbo, justos, humildes, respetuosos y agradecidos.

Shabat Shalom
Gabriel Rosenzvit

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