Parashat Bamidbar. Escuchar a través del silencio – Comunidad Amijai

Parashat Bamidbar. Escuchar a través del silencio

 

Esta semana abrimos la lectura del cuarto Sefer (libro) de la Torá, Bamidbar. Generalmente su lectura cae en el Shabat previo a la festividad de Shavuot, la cual celebraremos juntos mañana por la noche. Entonces los sabios lo que hicieron fue conectar los dos. Shavuot es el momento de la entrega de la Torá. Bamidbar significa: “En el desierto”. ¿Cuál es la conexión entre el desierto y la Torá, el desierto y la palabra de Dios?
Los sabios dieron varias interpretaciones. Según alguna de ellas, la Torá fue dada públicamente, abiertamente y en un lugar que nadie poseía, porque si se hubiera dado en la tierra de Israel, los judíos habrían dicho a las naciones del mundo: “No tienen participación en ella”. Quien quiera venir y aceptarla, que venga y la acepte. Si la Torá se hubiera dado en Israel, las naciones del mundo habrían tenido una excusa para no aceptarla. Esto sigue la tradición rabínica de que antes de que Dios le diera la Torá a los israelitas, la ofrecía a todas las demás naciones y cada una encontraba una razón para declinar.
Pero hay otra razón más espiritual. El desierto es un lugar de silencio. No hay nada visual que distraiga, y no hay ruido “ambiente” para amortiguar el sonido. Sin dudas, cuando los israelitas recibieron la Torá, truenos, relámpagos y el sonido de un shofar sonaron de tal manera que la tierra se estremeció aquella vez.
Elie Wiesel preguntó: “¿Hay algo así como un silencio en el judaísmo?”; y respondió: “El judaísmo está lleno de silencios… pero no hablamos de ellos”.
El judaísmo es una cultura verbal, una religión de palabras santas. A través de las palabras, Dios creó el universo: “Y Dios dijo: Hágase… y así fue”. Es nuestra habilidad para hablar lo que nos hace humanos. Las palabras crean, pero también son capaces de destruir.
Los sabios valoraban el silencio. Lo llamaron “una cerca de la sabiduría”. R. Shimon ben Gamliel dijo: “Todos mis días he crecido entre los sabios, y no he encontrado nada mejor que silencio”. Es el filósofo Zenón de Citio quien dijo “Tenemos dos orejas y una sola boca, justamente para oír más y hablar menos”.
El silencio que cuenta, en el judaísmo, es un silencio auditivo, y escuchar es el arte más hermoso que tenemos. Cuando meditamos juntos, el verbo que se suspende en el aire es shema, que sería imposible traducirlo en una sola palabra del español: es tanto escuchar, como prestar atención, comprender, internalizar y responder en relación con todos estos aspectos.
Este fue uno de los elementos clave en la alianza del Sinaí, cuando los hijos de Israel dijeron, “todo lo que Dios dice, vamos a hacer y vamos a escuchar” Naasé- Venishmá (Ex 24: 7).
Aquel “nishmá”, escuchar, atender, responder, ése es el acto religioso clave. Por lo tanto, el judaísmo no es solo una religión de hacer y hablar; también es una religión de escuchar. La fe es la capacidad de escuchar la música debajo del ruido.
De vez en cuando necesitamos alejarnos del ruido y el bullicio del mundo social y crear en nuestros corazones la calma del desierto donde, dentro del silencio, podemos escuchar la voz que nos lleve a hacer, a construir, y caminar por un camino de acciones transformadoras de nuestra realidad. Lo único que tenemos que hacer es cerrar los ojos y tratar de oír el llamado de lo divino dentro nuestro.

Shabat shalom
Sem. Mati Bomse

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