Talmud Torá recibió a un sobreviviente de la Shoá – Comunidad Amijai

Talmud Torá recibió a un sobreviviente de la Shoá

 

El miércoles 11 de abril, en alusión a la conmemoración de Iom HaShoá, recibimos en nuestra comunidad por primera vez, junto a chicos y padres de Talmud Torá, a Mendel Zelcer, de 93 años, sobreviviente del Holocausto, junto a sus hijos, nietos y bisnietos. Fue un encuentro conmovedor, lleno de emociones.

Recibir a un sobreviviente es un privilegio, comprendiendo que somos la última generación que los podrán escuchar vivos. Los sobrevivientes son la columna vertebral de la memoria y de la conmemoración de la Shoá. Ellos son los únicos que pueden documentar aquellos años plagados de horror y son los que continúan contando las memorias dolorosas, cumpliendo con un precepto que nos caracteriza como judíos: Recordar.
En la Torá se nos pide que no olvidemos a Amalek, el pueblo que al salir de Egipto y antes de que tuviéramos la oportunidad de organizarnos, sin razón alguna, atacó a los esclavos recientemente liberados. Amalek es un pueblo que expresa, en su mera existencia, el odio al Pueblo de Israel y por lo tanto a su Torá y a la idea ético monoteísta de mejorar el mundo mediante la generosidad y la verdad.
Ésta es la razón por la que está escrito (Éxodo 17:16): “Dijo: Pues la Mano se alza en juramento sobre el trono de D’s: Guerra tendrá el Eterno contra Amalek, de generación en generación”.
Mendel recordó a su propio Amalek junto a nosotros, su paso por ocho campos de concentración en cuatro años: “Todo el mundo recuerda episodios, pero un sobreviviente de un hecho traumático los revive, los siente en el cuerpo”.
De toda su historia en la Shoá, Mendel recuerda un hecho que lo marcó por sobre otros en todo este camino tortuoso. “En uno de los traslados, estaba con otros prisioneros parado en el tren, hacía mucho frío y a medida que iban muriendo, iban apilando los cuerpos congelados. Entonces empiezan a discutir si podían sentarse sobre los muertos o no, y aparece un judío practicante de la religión, que dice que ´en condiciones extremas, Dios perdonaría´. Y se sientan. En un momento, sentí que en la pantorrilla algo me rascaba, me tocaba. Primero pensé que estaba alucinando, pero la segunda vez que lo sentí me paré y me di cuenta de que uno de los cuerpos de abajo se había descongelado por el calor. Estaba vivo y logramos reanimarlo.”
A raíz de esto, un papá le preguntó: “¿Y usted, cree en Dios?
Mendel: “No puedo creer en Dios. Vi matar chiquititos… Un millón y medio murieron. Soy judío y respeto las fiestas, pero ya no creo, no como antes”.
Cuando finalizó de exponer su historia, se les repartió una hoja a cada uno de los allí presentes, para poder expresar sentimientos y emociones vividas. Algunas frases destacadas fueron: “Sos un orgullo, tu familia nietos y bisnietos te amamos. Por muchos años más juntos”; “Orgullo”; “Admiración”; “Me comprometo a seguir contando su historia”; “Gracias por compartir tu vida con nosotros”.
Luego de leerlos, prendimos juntos una vela amarilla sumándonos a la campaña llevada adelante por el Seminario Rabínico, el Museo de la Shoá y la FJMC, #VelarPorLaMemoria.
En sus últimas palabras y en sus escritos, los asesinados solían expresar su deseo: “No se olviden”. El recuerdo judío no es un mero recuerdo, sino un acto que traza un largo camino entre las generaciones, un precepto que ve a la conmemoración y a la memoria como continuadoras de la existencia.
Elie Wiesel dijo que “cuando se escucha a un testigo, uno se convierte también en testigo”. Hoy somos nosotros los que tenemos la responsabilidad de seguir contando esta increíble historia de coraje y resistencia.

Mendel se comprometió a continuar visitándonos, y seguir transmitiendo su vida a otros chicos, para que sean ellos en un futuro transmisores de la verdad de nuestra historia más dolorosa.

Sem. Mati Bomse

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