Parashat Ki Tisá. Becerro de oro – Conciencia Colectiva

 

Ajad Ha´am dijo: “Más que los judíos han cuidado el Shabat, el Shabat ha cuidado a los judíos”. Parashat Ki Tisá relata uno de los momentos más bajos en la historia del pueblo de Israel, el pecado del becerro de oro, en el que el pueblo baila ante un dios creado por ellos mismos. Bajando el Monte Sinaí con las tablas de piedra inscritas por el dedo de Dios (Éxodo 31:18), Moshé ve el frenesí de idolatría de Israel y rompe las primeras tablas. Pasa el resto de la parashá recogiendo las piezas y trabajando para restaurar la relación de Israel con Dios. La parashá termina con Dios dando un nuevo conjunto de tablas a Moshé. El sagrado pacto entre Dios e Israel se restaura.
El gran pecado del becerro de oro está emparentado dentro de los detalles minuciosos relacionados con la construcción del Mishkán, el templo portátil de Israel. En Éxodo 25-31, Dios describe los planes para el Mishkán, repleto de metales preciosos y recetas de incienso. Éxodo 35-40 narra la construcción del Mishkán. Notablemente, en el centro de estas dos partes están las leyes relacionadas con la observancia de Shabat, Éxodo 31: 12-17 y 35: 2-3. De esta manera literaria, el tiempo sagrado parece estar en el centro del espacio sagrado.
El pecado del becerro de oro y sus consecuencias reposa entre las leyes del descanso. ¿Por qué esta historia vergonzosa está relacionada con las leyes de Shabat? En esta lectura, Israel rompe el tiempo sagrado y demuestra que es un concepto demasiado abstracto para que lo abrace el joven pueblo naciente. Israel necesitaba objetos duros y brillantes como el becerro de oro para adorar.
Shabat nos recuerda la santidad de Dios y nuestra santidad. Es un signo de lo que podemos ser, como dice la Torá: “Es una señal entre ustedes y yo para todas las generaciones que saben que, yo, Dios, los santifiqué” (Éxodo 31:13). Shabat me sensibiliza a los ritmos del mundo natural. Vivimos en Buenos Aires, donde no podemos ver el cielo nocturno, y sin embargo sabemos exactamente cuándo se pone el sol, pudiendo sentir que las estaciones cambian a medida que el Shabat se hace más corto o más largo. Shabat conecta a mi familia y amigos. Pensando una fiesta una vez por semana, completa con pan, vino y rica comida.
Shabat me proporciona un tiempo precioso para la autorreflexión personal, gracias al hecho de poder resignificar mi tiempo por 24 horas. Shabat sostiene mi vida espiritual. Como escribe el rabino Abraham Yehoshua Heschel: “El sábado es la presencia de Dios en el mundo, abierto al alma del hombre” ( The Sabbath , 60).
Necesito Shabat, creo que los judíos necesitan Shabat. De hecho, el mundo puede necesitar Shabat. Sepamos nosotros resignificar nuestro día Sagrado, entendiendo los valores en los cuales se enmarca, para poder hacer de este mundo un lugar mejor, comprendiendo que “la vida es la memoria del pueblo, la conciencia colectiva de la continuidad histórica, el modo de pensar y de vivir” (Milan Kundera).

Shabat Shalom

Sem. Mati Bomse

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